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La huella en la
espesura
BASILIA PAPASTAMATIÚ
Recién
publicado por Ediciones Unión, Lejos de la corriente reúne casi
totalmente la poesía de Edel Morales, por lo que su lectura permite
apreciar el rigor de su escritura. Porque no se desperdicia ni
escribe con ligereza. Y aunque en buena parte de sus versos alude a
temas cotidianos o de la intimidad, a vivencias efímeras o a una
simple percepción del paisaje circundante, y con un lenguaje
cercano, comunicativo, su poesía no se limita a impresiones de
superficie. Quiere calar hondo, desentrañar e interpretar lo que
está más allá de lo visible. Siempre una intención conceptual
acompaña al efecto estético, nada es gratuito ni frívolo, todo
aspira a significar.
A partir, entonces, de
su propia historia, de su ámbito geográfico y familiar, desde su
natal Cabaiguán hasta La Habana, en una aparente crónica poética,
más que trazar un itinerario de su todavía joven existencia —ni
siquiera de su experiencia sentimental— invita al lector a
seguirlo en sus percepciones, en su indagación y búsqueda del
sentido de todo lo que de alguna manera lo ha atraído, intrigado o
estremecido. Su poesía va en pos del conocimiento, de la
comprensión de la realidad que se le presenta o impone, de la
verdadera naturaleza y lógica de los sucesos y las cosas, de
pulsiones, móviles y esencias. Porque cree en el poder de
intuición y de revelación de la poesía.
Por eso Morales no
prefiere los interiores, las penumbras, los marcos cerrados, sino
las claridades, las luminosidades, los espacios abiertos, libres,
que le ayudarán a descubrir, como los esplendentes mares, la densa
claridad de los trópicos, los cielos, los ríos, los puentes y los
parques y calles de la ciudad, y muy en especial, las ventanas: ...¿quién
hizo más por el país? / Escucho esa pregunta desde mi ventana de
pasajero / y siento lo efímero de las verdades eternas... También:
...Una ventana / es siempre una pregunta / —abierta hacia la luz
sin sombras / que engendra el mediodía.
El poeta busca todo
signo o señal en su entorno que lo pueda conducir a la verdad, a la
posible luz al fondo del túnel de la existencia. No por casualidad
uno de sus libros se titula Escrituras visibles: ...Todo lo
que puedes hacer es un lenguaje / iluminado por esencias / y por la
belleza que ves en el conocimiento de las cosas. El autor intenta
hacer visible todo lo que significa: ... Voy por los museos / tras
la huella de un pasado / que da sentido a esta hora, / busco en mi
vida / el destello inconfundible / que anuncie el momento del
cambio,/ la cegadora luz de entonces...
En sus textos hasta los
cuerpos aparecen, se exponen preferentemente en su desnudez, o sea
en su transparente verdad, sin velos que los oculten o disimulen.
Pero en su caso no se
trata sólo de ver y de saber sino también de juzgar, de abordar el
ya clásico tema de lo bueno y lo malo, hurgando en el
comportamiento humano, en su razón moral, las posibles
contradicciones o incoherencias entre el ser y el deber ser, para
evitar que no nos agobie con su fatalismo eso que se ha denominado
tan certeramente el sentimiento trágico de la vida. Y podamos
entonces encontrarle a ésta una justificación detrás de su
dramática apariencia.
Y en ese buscar la luz
de la conciencia, o ese sol del mundo moral —como diría Vitier—,
su poesía también se debate entre dar claridad, transparente
legibilidad a las palabras, o caer en la tentación de las
atmósferas alusivas, del lenguaje simbólico tan propio de la
poesía y del lenguaje hermenéutico. Pero Morales sale airoso en su
difícil intento de conjugar las dos tendencias, atemperándolas y
reconciliándolas en sus versos, y logrando dotar a éstos, a la
vez, de elocuencia y misterio.
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