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Excluidos y marginados más allá
de las acciones afirmativas
PEDRO DE LA HOZ
Desde
hace veinte años, el uruguayo Romero Rodríguez trabaja en el
desarrollo de una red continental, Alianza, que aboga no sólo por
el reconocimiento del legado cultural de la herencia africana en la
conformación de las identidades de los pueblos del hemisferio —abarca
a 400 organizaciones de América Latina y Estados Unidos— sino
también por la conquista de espacios de representatividad de los
afrodescendientes como sectores socialmente activos.
Zuleica Romay ofreció un lúcido testimonio del enfoque de la racialidad en Cuba.
"Es
para mí muy importante que este tema se haya abordado en La Habana
con profundidad —comenta Romero—, pero sobre todo por la
perspectiva de un enfoque que concibe la legitimación como parte de
una impostergable transformación de la hegemonía imperante y de
las estructuras sociales vigentes. En otras palabras, es una lucha
que se enmarca en el combate contra el imperialismo y el
neocolonialismo".
En su opinión lo que ha
hecho Cuba, y más aún, lo que debe lograr en lo adelante, con la
puesta en práctica de los programas socioculturales de la
Revolución que se inscriben en lo que llamamos Batalla de Ideas,
puede ser una valiosa experiencia referencial.
Enrique Gómez Cabezas,
miembro del Buró Nacional de la Unión de Jóvenes Comunistas,
explicó a los participantes en uno de los foros del IV Congreso
Internacional Cultura y Desarrollo, cómo el propio Comandante en
Jefe Fidel Castro sentó las pautas para tratar a fondo el problema,
al reconocer que si bien la Revolución había barrido con las bases
institucionales y legales de la discriminación y consagrado la
igualdad de oportunidades de realización de todos los ciudadanos,
no había podido erradicar desigualdades sociales ni determinados
estereotipos y prejuicios raciales. "Nos hemos propuesto —enunció
Gómez Cabezas— cortar definitivamente el ciclo de reproducción
de la marginalidad"
Entre los programas de
la Revolución que más llamaron la atención a los delegados
extranjeros están la formación y la labor de los trabajadores
sociales, la concepción del estudio como forma de empleo juvenil
con la implementación de los Cursos de Superación Integral y la
universalización de la Educación Superior a nivel de municipios.
A todos conmovió el
testimonio de Zuleica Romay, actual vicepresidenta del Instituto
Cubano del Libro. Evocó cómo su bisabuela, que había sido
esclava, en la tinieblas de la senectud revivía los fantasmas de
los latigazos y el hambre del barracón. La primera graduación que
celebró su familia, luego del triunfo de la Revolución, fue la de
su padre cuando obtuvo el certificado de sexto grado. El mayor
orgullo de ese mecánico, que no se pierde una Mesa Redonda y
discute de política internacional y doméstica con la sabiduría de
un máster, fue que sus cuatro hijos accedieran a la universidad.
Pero Zuleica sabe que no
todos han podido seguir ese camino y que la herencia histórica de
400 años de esclavitud y discriminación gravitan objetivamente
sobre los muy serios esfuerzos y los grandes avances de poco más de
40 años de transformaciones revolucionarias. Y tuvo que explicarlo
cuando en una convención de turismo en Londres, empresarios de ese
país le preguntaron por qué en un país mestizo como el nuestro,
de los 37 representantes de las entidades turísticas cubanas ella
era la única negra. De ahí que hiciera énfasis en la necesidad de
profundizar los cambios, de llegar a cada comunidad, cada familia,
cada hombre, a cada mujer, pero sobre todo a cada niño. Porque la
apuesta está en el futuro.
En Estados Unidos y
varios países de la región se trata de resolver el problema de la
representatividad racial mediante cuotas de acceso a la educación y
el empleo. Es lo que se ha dado en llamar acciones afirmativas. (Por
cierto, el actual inquilino de la Casa Blanca, entre sus tantas
infamias, no solo se ha pronunciado contra tal acción sino que
propugna la reducción de asignaciones que faciliten esos
programas).
El planteamiento cubano
va mucho más allá. Con los programas de la Revolución, la acción
afirmativa abarca a la sociedad en su conjunto. Porque lo que se
está afirmando es la concepción de una sociedad mucho más justa,
mucho más humana.
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