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Un reprochable lucro
a costa de la salud del pueblo
La venta ilícita de
medicamentos exige control de los recursos y el enfrentamiento a
estos actos ilegales
Alexis
Schlachter
En lo que va de año,
fuerzas del orden interior operaron 309 casos de venta ilícita de
medicamentos en todo el país, en los que se han visto implicadas
468 personas, 294 de las cuales han sido instruidas de cargo por ese
delito. También fueron aplicadas 102 medidas administrativas
severas, multas y advertencias oficiales, previstas por los decretos
leyes 149 y 102, indistintamente en todos esos casos, por el
trasiego de casi un millón de tabletas y 3 636 frascos, entre otros
productos, de 325 renglones diferentes de medicamentos.
En una casa de la capital fueron ocupados 44 504 tabletas y 92 frascos de medicamentos.
Detrás de esas cifras
están las brechas que facilitan la acción de los delincuentes
(descontrol, vigilancia insuficiente, entre otras), la que a su vez
tiene el negativo impacto que todos conocemos en algo tan sensible
para la población como el acceso a los medicamentos.
El Estado está
empeñado en eliminar paulatinamente la escasez eventual de
fármacos y para tal fin adquiere materias primas, medicamentos y
equipos destinados a garantizar el adecuado abastecimiento al
Sistema Nacional de Salud.
De enero a la fecha se
redujeron los renglones deficitarios y la tendencia es a continuar
este camino para, en un tiempo prudencial, estabilizar la relación
entre demanda y oferta de medicamentos.
Queda camino por
recorrer en medio del recrudecimiento del bloqueo norteamericano,
pero la decisión de la dirección del país es hacer realidad
finalmente lo que ahora es meta de trabajo: garantizar el suministro
estable de medicamentos a nuestro pueblo.
Una de las causas que
propicia la venta ilegal de medicamentos es la automedicación.
Algunas personas, sin indicación médica, adquieren medicamentos de
manera ilegal, y sin darse cuenta de que, en vez de beneficiar su
salud, la ponen en riesgo. No solo por lo peligrosas que pueden
llegar a ser las dosis desmedidas de cualquier medicina sin control
facultativo sino, además, porque incautamente pueden estar
ingiriendo medicamentos que ya están vencidos o han sido retirados
del mercado, con los riesgos que ello entraña.
Eliminar el "trapicheo"
de medicamentos y el lucro por esa vía requiere la vigilancia
sostenida y eficaz en laboratorios, centros productores y
distribuidores. Asimismo, en las aduanas, con el fin de evitar su
extensión más allá de nuestras fronteras (no olvidar el prestigio
que tiene la salud cubana en el extranjero y, por extensión,
medicamentos como el PPG, la Melagenina y otros).
La más importante
respuesta a este comercio ilegal, que pone en riesgo la salud
humana, afecta la economía familiar y colectiva y compromete
valores éticos y morales de nuestro pueblo, es garantizar entre
todos la eliminación de los factores que lo estimulan y favorecen:
el descontrol, la falta de vigilancia y la ausencia, en algunos
trabajadores, del sentimiento de pertenencia a un sector con fines
tan humanos como el de la Salud Pública.
Junto con ello,
continuarán las acciones de orden interior para llevar a los
tribunales a los delincuentes y golpear con fuerza las fuentes de
abastecimiento del mercado subterráneo. Una respuesta múltiple,
colectiva y constante hará que finalmente la venta ilegal de
medicamentos desaparezca de nuestra sociedad, donde constituye,
además de delito, una forma inadmisible de obtener dinero u otro
beneficio a costa de la salud del pueblo. |