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El Consejo de Seguridad de la ONU enfocó hoy con prudencia la
definición del futuro de Kosovo, la provincia de Serbia y
Montenegro, bajo administración internacional, cuando las
comunidades minoritarias carecen de plenas garantías.
Aunque el representante de la ONU allí, Soren
Jessen-Petersen, sostuvo que dejar pendiente ese asunto retrasará
la integración del territorio a la Unión Europea, durante el
debate que siguió se puso más énfasis en cumplir con las normas
de convivencia.
Un informe presentado por el secretario general,
Kofi Annan, afirma que eso último constituye una condición previa
esencial para avanzar en el proceso encaminado a determinar el
porvenir de Kosovo.
Señaló que los dirigentes de origen albanés
tienen que reconocer que las normas son esenciales para crear los
cimientos de una sociedad multiétnica, democrática y sostenible en
que todos puedan vivir con dignidad y sin temor.
Aun sigue siendo bajo el número total de
serbiokosovares que han retornado a zonas urbanas, a falta de un
clima apropiado de seguridad.
Con más precisión, el representante de Serbia y
Montenegro recordó que 230 mil personas de ese origen permanecen
desplazados, lo que omitió el enviado de la ONU en su
intervención.
Apuntó que tampoco se refirió a 150 sitios
religiosos incendiados y destruidos por extremistas albaneses y a la
intención de privatizar propiedades serbias, y negó que la
comunidad minoritaria goce de libertad de movimiento.
De igual forma criticó a la Misión administradora
de Naciones Unidas (UNMIK) por lo que consideró actuaciones
parcializadas.
Reiteró que las autoridades de Belgrado favorecen
una solución permanente y sostenible del conflicto, pero recordó
que las fronteras estatales no pueden cambiarse.
Jessen-Petersen anunció que en el verano se
realizará una revisión completa del cumplimiento de las normas y
destacó la disposición del gobierno provisional albanés de Kosovo
y el de Serbia y Montenegro de proseguir un diálogo sobre algunos
asuntos.