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La quiero así...
SILVIA BARTHELEMY
La vida nos proporciona
momentos de amor y añoranzas, felicidad y tristezas, triunfos y
derrotas. En cada uno de ellos hemos sentido la compañía, ya sea
desde el recuerdo o a nuestro lado, de un ser para quien no existe
ningún obstáculo que por amor no se pueda vencer: la madre.
El calendario, quizás
caprichoso, tal vez sabio, ha reservado a los cubanos una jornada
especial (segundo domingo de mayo) para ofrecerle el más tierno y
dulce de los besos, el más sentido de los recuerdos, el más fiel
de los sentimientos: la gratitud.
Pasión, entrega y
amistad, son algunos de los tesoros que ellas regalan a sus hijos.
Las de nuestra Patria nos ofrecen, además, legados de resistencia,
coraje y entrega, pues no hay adversidad por dura que parezca que
una madre cubana no sepa superar.
Y así la quiero (la
queremos todos) guiando con sabiduría los pasos de sus hijos,
defendiendo el porvenir de su familia, denunciando en cualquier
tribuna a todo aquel que intente arrebatarle la libertad, adornando
con su presencia la vida.
Como palomas mensajeras
han volado las madres cubanas hacia otras fronteras para salvar las
vidas y enseñar a crecer a nuevos hijos que le han nacido, frutos
de la solidaridad. Su ternura y bondad han recorrido lo más
intrincado de la geografía africana, los cerros venezolanos, la
América Latina de confín a confín para escribir con letra
indeleble el nombre de la madre mayor: Cuba.
Sea este domingo
entonces el más placentero de los días para mediante postales,
regalos, llamadas telefónicas, reuniones familiares, una flor junto
a su imagen, agradecer las noches que pasó en vela para
protegernos; para revivir los días en que nos cobijábamos en su
regazo.
También para darle las
gracias por aquel regaño que nos brindó una lección importante,
por ser la inspiración de cada día; y para decirle bien bajito, o
bien alto: te quiero así tal cual eres: mi madre ideal. |