Poesía entre los trebejos

José Antonio Fulgueiras

SANTA CLARA.— Lázaro Bruzón, el rey coronado, gusta de enfundarse de negro cuando va a un combate decisivo. La gente rumora aquí que lo hace para presagiarle un funeral a sus contrarios. Mas él lo niega a rajatabla: "¡No soy supersticioso!", refuta, aunque no aclara porqué se viste así de ropa oscura.

Bruzón y Leinier en el match decisivo.

Se amolda el pelo negro con una moña sobre la frente, al estilo del roquero de los años sesenta, Elvis Presley. Cuando la partida se le enmaraña empieza a desgreñarse progresivamente. Si calcula una buena jugada se echa para atrás en la banqueta, medita y mueve la cabeza al compás de la idea y el pensamiento.

Otras veces se pone a mirar insistentemente a un punto indeterminado y aguza los oídos como si alguien invisible le estuviera secreteando la mejor jugada. Habla solo, mascullando las palabras, como hacen los poetas repentistas hilvanando una cuarteta.

Lo último tal vez lo pruebe esta confesión de Leinier Domínguez, su más feroz contrincante: "En la primera partida me ripostó con una jugada muy artística, que tenía mucho de improvisación y poesía".

La cruzada para retener la corona no le fue fácil. Tuvo que sortear los escollos de dos de los más distinguidos Grandes Maestros que ha tenido el ajedrez cubano: Jesús Nogueiras y Walter Arencibia. Con Walter (tercer lugar del evento) perdió una partida en solo 19 movimientos y muchos pensaron que esto lo llevaría al desequilibrio. Pero llegó a las rápidas con el holguinero y luego de entablar la primera, logró la victoria.

La tarde en que perdió con Walter un niño se le acercó y le dijo: "¡Oiga, compadre, qué nos hiciste! " Y Bruzón rió con la candidez del guajirito tunero, que, por fortuna, aún lo lleva de la mano.

Confiesa que Santa Clara le da suerte: "Este público me anima mucho. Aquí obtuve la segunda norma de Gran Maestro y el año pasado conquisté mi primera corona nacional. Me alegró mucho la noticia de que el próximo campeonato va a ser también aquí".

Dice que Leinier es solo su adversario tablero por medio. "Somos buenos amigos y reconozco su gran calidad. Por algo las dos partidas normales terminaron en tablas y tuvimos que recurrir a las rápidas de 25 minutos".

En la segunda: "La apertura fue más o menos pareja, pero creo que cometió una imprecisión y logré una posición más cómoda, con iniciativas y posibilidades de ataque y pude materializar la victoria".

En junio le espera un arduo reto: "Pienso realizar un match en Curazao contra el Gran Maestro holandés Jan Timman. También aspiro a realizar un buen papel en el próximo Capablanca In Memorian, en mayo".

Su esposa Janet es Maestra FIDE de Ajedrez: "Nunca jugamos, ni entrenamos juntos. Él se concentra solo en sus estudios y le molesta hasta que mueva una cuchara en la cocina".

Lázaro Bruzón no es como el charro mexicano. Él sí tiene trono y tiene reina y gente que lo comprenda; y, sin pero que valga, sigue siendo el Rey.

 

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