Días de la Danza

Para entendernos mejor

ANDRÉS D. ABREU

Fue Brecht de los primeros en introducir en un escenario teatral una pantalla, pero en los años veinte fue cine lo que proyectó sobre ella mientras transcurría una puesta en escena. Luego por los cincuenta vino el Living Theater a propiciar una apertura a todos los medios y recursos de expresión posible, y más tarde, en los sesenta, con la vanguardia, el performance se convirtió en una forma frecuente y mancomunada de crear entre dramaturgos, músicos, artistas de la plástica y coreógrafos. Entonces apareció el video y se sumó al espectáculo con algo que en aquellos tiempos era por naturaleza un formato espectacular.

Foto: RICARDO RODRÍGUEZCompañía Wee, de Noruega.

El grupo italiano Magazzini Criminali, los norteamericanos Shirley Clarke y Merce Cunningham, y el coreano Nam June Paik se incluyen entre los que propiciaron la mezcla de lenguajes en la escena e hicieron del teatro y la danza un suceso sin fronteras con el video incluido. Esta fusión o rompimiento de los límites entre géneros vuelve a ser por estos tiempos muy utilizada y reactualizada con las posibilidades que las tecnologías digitales le han aportado al arte y los conceptos y preocupaciones contemporáneos que el hombre necesita comunicar. Quienes hayan acudido a nuestras salas teatrales y hayan confrontado los últimos estrenos de Danza Contemporánea de Cuba o a las propuestas que desde Noruega y Francia nos han traído los grupos Wee y Art Mouve para los Días de la Danza, habrán comprobado cómo esa tendencia de hacer en común se ha renovado y reafirmado en esta era multimediática.

Cohabitar en armonía en nuestro espacio de existencia, como llamado social de urgencia, ha favorecido tal vez este nuevo equilibrio entre las artes como forma de crear, y obras como Nayara (DCC), A sudden, unexpected faint (Wee) o El efecto mariposa (Art Mouve) lo han sabido expresar desde diferentes miradas.

En sentido general estas piezas son coreografías de acciones impactantes, no siempre realizadas por el cuerpo. Lo importante es desarrollar un sentido sugestivo desde cualquier movimiento posible que incluye todo objeto escénico, ya sea más musical, teatral, bailado, meramente visual o todos a la vez en un sistema orgánico y coherente, casi siempre regido por una base conceptual a decir.

Incomprensión, aislamiento, violencia y pánico con dosis amortizantes de ingenuidad y amor son manejados como discursos en piezas donde los actores-bailarines a veces solo caminan, o generan sonidos (el ruido vuelve a ser un recurso muy empleado), o dicen un texto, o reiteran un acto desde la pantalla. El escenario puede estar ocupado indistintamente por la danza, o la música (creada en vivo) o una videoinstalación, o por todos. El espectador debe estar preparado para asumir lo diverso o la pureza —si es posible lograrla. Lo importante es alcanzar un interart capaz de emitir esa necesidad del creador de hablarle a la espiritualidad del otro y que este reciba lo emocionante a través de la sensibilidad máxima y reflexione en amplitud, sin prejuicio de género, estilo, cultura de procedencia, dar y aceptar lo mejor de todo para entendernos mejor.

 

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