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El rescate
NIDIA DÍAZ
Todos
lo intuíamos, el desenlace no podía estar lejos. Emboscada,
esperaba el menor descuido y la orden impostergable. En complicidad
con el silencio y tan negra como la noche, avanzó por aquella calle
de Miami y por la Historia la camioneta del Servicio de Inmigración
y Naturalización de los Estados Unidos en la que Betty Mills, joven
como la madre definitivamente ausente, prestó sus brazos para
proteger al niño secuestrado y susurrarle una y otra vez, "No te
asustes, no tengas miedo, vas a encontrarte con tu papá..."
El tiempo se detuvo
entonces. Alguaciles federales, fuertemente armados en
correspondencia con acciones de este tipo, llevaron a cabo la
Operación Rescate, ante el fracaso de las negociaciones y el
desafío abierto y desfachatado de los secuestradores a la ley.
Fue el 22 de abril del
año 2000. Hoy se cumplen cinco años.
Dos minutos y 34
segundos bastaron para poner fin a la infamia, fruto del sórdido
maridaje entre la mafia cubano-americana y la ultraderecha
norteamericana.
Habían transcurrido 149
días desde que, flotando sobre el mar, asido a un neumático con la
mirada ausente y triste, Elián González había llegado a las
costas de la Florida y había pedido que le llamaran a su papá,
seguramente para confiarle bajito sus miedos y preguntarle por
Elisa, a la que dejó de ver no sabría decir cuándo.
Fueron 149 días que
para nosotros, los cubanos, parecieron siglos. ¿Quién de nosotros
no había oído hablar de la Ley de Ajuste Cubano, cuántas veces no
discutiríamos con algún ingenuo que la consideraba una panacea que
le flanquearía las puertas al "paraíso" si lograba llegar con
vida?
Nunca como cuando vimos
las primeras imágenes de Elián en aquella camilla camino del
hospital, la asesina Ley se nos hizo más cruel y tramposa.
Todo comenzó el 22 de
noviembre, cuando, en una operación de tráfico ilegal de personas,
el niño fue separado inconsultamente del lado de su padre y sus
cuatro abuelos. Apenas iniciada la travesía, nuestros
guardafronteras avistaron la embarcación y lo comunicaron a sus
pares del Norte. Del otro lado, nada hicieron hasta que, tres días
después, de 15 personas a bordo de la frágil embarcación, solo
tres llegaron con vida, Elián, entre ellos.
La historia es conocida.
Desesperados, el padre y
la abuela materna, Juan Miguel y Raquel, pusieron el caso en manos
de nuestra Cancillería para que iniciaran de inmediato los
trámites de reclamación, abriendo paso con su actitud de confianza
sin límites hacia la Revolución la más colosal batalla política
e ideológica, en la que la unidad y la dignidad de los cubanos
salieron fortalecidas, mostrándose invencibles.
"Vamos
a ver si resisten la batalla", nos había dicho Fidel el 4 de
diciembre de 1999 cuando fue a recibir en el aeropuerto a la
delegación y a los periodistas que participamos en la Conferencia
Ministerial de la Organización Mundial de Comercio, celebrada en
Seattle, EE.UU.
Allí, tarde en la
noche, conversó con todos y tras comentar los acontecimientos
ocurridos en aquella ciudad norteamericana, devenida campo de lucha
y de represión contra el movimiento antiglobalización, nos
preguntó si habíamos leído acerca del niño secuestrado a manos
de la mafia de Miami en complicidad con familiares lejanos y el
propio Gobierno de los Estados Unidos.
Fidel nos contó cómo
conoció el caso y cómo quiso conocer al padre. Cuando lo vio y le
miró a los ojos supo —confesó—, que aquel era un hombre
honesto y que la Revolución daría la pelea por recuperar a su
pequeño hijo.
"Once
millones de cubanos lucharemos por su libertad", adelantó. Así, un
día tras otro, la Revolución cubana mostró al mundo su decisión
inquebrantable de que se hiciera justicia y logró concitar tras el
logro de tan noble y justo objetivo un gigantesco movimiento de
masas y de opinión pública, especialmente dentro de los propios
Estados Unidos.
Fue la actitud del
pueblo norteamericano un elemento clave que el Gobierno de ese país
no pudo ignorar y que presionó sin cesar para lograr la solución
más justa y humana, por encima de las maniobras, suciedades,
chantajes y amenazas de los mafiosos.
La acción del 22 de
abril representó un capítulo de importancia decisiva en el
conjunto de acontecimientos que rodearon al cruel secuestro, un
momento indispensable en medio de la Batalla de Ideas desatada y que
se libraba sin tregua, tanto en Cuba como en Estados Unidos.
Hoy, cuando esta Batalla
continúa y alcanza planos más elevados, no podemos olvidar el
episodio que acercó el desenlace final, que permitió el retorno de
Elián al seno de sus seres queridos unas semanas más tarde,
semanas que utilizaron fallidamente los anexionistas de Miami para
entorpecer el encuentro del niño con su padre.
También para hacernos
recordar que la criminal Ley de Ajuste Cubano sigue en vigor y que
no pueden cesar la lucha y la denuncia contra ese engendro, al que
ahora se suman las más recientes y brutales medidas del actual
Gobierno yanki contra la familia cubana.
Vencimos hace un lustro,
como hemos ganado todas las batallas estratégicas que el imperio
nos ha impuesto y como seguiremos triunfando siempre gracias a la
unidad, la firmeza de principios y la profundidad de convicciones
que nos ha inculcado Fidel.
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