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Como un símbolo de bien y de esperanza
Iraida
Calzadilla Rodríguez
Bueno es que estemos
aquí protestantes, judíos, católicos, hombres de fe o sin ella,
todos reunidos para demostrar cuán bella y cuán preciosa es la
perla más radiante del sentimiento nacional, que es su unidad, esa
unidad que hoy se manifiesta en el tributo. Quede, entonces, para
siempre, como un símbolo de bien y de esperanza.
La Exposición Inolvidable Amigo. Juan Pablo II y Cuba rinde tributo a quien fuera ejemplo de amor hacia los pobres y luchador incansable por la amistad entre los pueblos y contra la guerra.
Así dijo, en pródiga
oratoria, el director de la Oficina del Historiador de la Ciudad,
Eusebio Leal, al dejar inaugurada el viernes en la mañana, en el Memorial
José Martí, la exposición fotográfica Inolvidable Amigo. Juan
Pablo II y Cuba, que rinde tributo a quien fuera ejemplo de amor
hacia los pobres y luchador incansable por la amistad entre los
pueblos y contra la guerra.
Del amigo sincero de
Cuba cuyos mensajes y signos de afecto hacia ella fueron continuos,
y de su relación con el Comandante en Jefe, la presentación da
cuenta de tres momentos trascendentales, vistos por prestigiosos
profesionales del lente: la visita de Fidel a la Santa Sede
Apostólica, durante su viaje a Roma en 1996; la del Papa a nuestro
país en 1998; y el tributo que el Gobierno y el pueblo cubanos le
han rendido por estos días a Juan Pablo II en ocasión de su
fallecimiento.
También se muestran
medallas conmemorativas del Pontificado, que llegaron puntualmente
de manos de los nuncios de su Santidad, y un video con fragmentos
del documental Crónica Romana, que incluye momentos de la
visita de Fidel al Vaticano y su primer encuentro con su Santidad, y
de la estancia de éste en Cuba, ambos de los realizadores Roberto
Chile y Pedro Álvarez Tabío.
Como expresara Leal, en
esta exposición de 56 fotos aparecen el sacerdote y el
revolucionario, relación creada a lo largo de los años a partir
del reconocimiento de los valores trascendentales del hombre cuya
memoria hoy evocamos, y a la cual la nación ha rendido el más
hermoso y sincero tributo. El Papa, dijo, trascendió a todos sus
predecesores ampliamente, y lo hizo por su gran carisma, dominio del
carácter y de la condición humana en profundidad, y con el
esfuerzo admirable de una vida consagrada a sus ideas.
Destacó, además, que
su Santidad supo enfrentar los grandes retos del siglo XX: el de la
guerra, que aborreció, y como consecuencia y principio de ese
aborrecimiento amó la paz como el don supremo, la paz cierta, la
que nace de las convicciones, la paz firme y duradera.
"Su
vida es un símbolo de esperanza, su encuentro con Cuba y con el
jefe de la Revolución es para nosotros un signo de los tiempos",
afirmó el Historiador.
A la muestra, que
estará abierta de lunes a sábado hasta el 22 de este mes en el
horario de nueve de la mañana a cinco de la tarde, y cuya cinta
cortó Armando Hart Dávalos, director de la Oficina Nacional del
Programa Martiano, asistieron Abel Prieto, miembro del Buró
Político y ministro de Cultura; integrantes del Consejo de Estado y
su secretario José Miyar Barruecos; Roberto Fernández Retamar,
presidente de Casa de las Américas; Luigi Bonazzi, nuncio
apostólico; Alfredo Petit, obispo auxiliar de La Habana; otros
representantes de la Iglesia Católica, de iglesias cristianas e
instituciones religiosas, y dirigentes del Partido, del Estado y
personalidades de la cultura cubana. |