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Un clima de violencia y represión sin precedentes vive hoy Nepal,
donde en las últimas horas murieron 97 antigubernamentales en
combates con el ejército, mientras que cientos de dirigentes
políticos fueron detenidos.
La situación en el reino del Himalaya se tornó
caótica a partir del 1 de febrero, cuando el rey Gyanendra
disolvió el gobierno, decretó el estado de emergencia, suspendió
las garantías constitucionales y se apropió de todos los poderes.
La televisión mostró hoy imágenes de decenas de
cadáveres alineados en el suelo, luego de un enfrentamiento entre
el ejército y los grupos armados que desde 1996 luchan para
derrocar a la Monarquía e instaurar una República.
Los combates tuvieron lugar en el distrito de Rukun,
al oeste de esta capital, y están considerados como los más
cruentos de las últimas semanas.
Los grupos antigubernamentales mantienen desde hace
una semana un bloqueo a esta capital y convocaron a una huelga
general, con mayor acatamiento en las ciudades del interior.
Mientras, los principales partidos opositores
organizaron la víspera marchas y actos en las principales ciudades
del país, que fueron violentamente reprimidos por la policía, con
el resultado de unos 50 heridos y más de 300 arrestados.
Entre los detenidos se encuentran cuatro ex
titulares del gobierno del primer ministro Sher Bahadur Deuba,
disuelto hace dos meses por el rey.
Las manifestaciones fueron convocadas para
conmemorar el aniversario 15 del movimiento popular que en 1990
obligó al rey Birenda, hermano mayor del actual Monarca, a
desmantelar el sistema autocrático, legalizar los partidos
políticos y formar un Parlamento.
Estas conquistas fueron eliminadas por el actual
rey, cuando hace dos meses decidió asumir todos los poderes por
tres años, en una maniobra que muchos coinciden en calificar como
"golpe de estado Real".