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Juan Pablo II, hombre excepcional y luchador tesonero, incansable
Reitera Fidel
coincidencias entre las ideas humanistas del Papa y las defendidas
por la Revolución cubana. Recuerda sus consideraciones sobre el
Santo Pontífice expresadas hace siete años
Queremos
con fervor que el ejemplo del Papa perdure, ratificó ayer el
Comandante en Jefe Fidel Castro durante su intervención especial en
el Palacio de las Convenciones, ante dirigentes del Partido, del
Estado, del Gobierno y la UJC, representantes de las organizaciones
de masas y oficiales y combatientes de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias y el Ministerio del Interior.
Nos
honra, dijo, que él nos haya visitado; tuve razón, agregó, cuando
entonces afirmé que al Papa no le animaba ninguna intención de
hacer daño a nuestro pueblo. Sus sentimientos hacia los cubanos
fueron nobles, y quedaron resumidos por él al marcharse de Cuba en
las palabras claras y paradigmáticas que expresó contra el
bloqueo, al cual calificó de injusto y éticamente inaceptable.
Estos juicios del Santo Padre, opinó Fidel, no deberían ser
olvidados ahora por el Presidente de Estados Unidos, cuando
participe en las honras fúnebres en Roma.
Apreció que el
fallecimiento del líder religioso constituye un acontecimiento de
gran trascendencia que ha conmovido a la opinión pública
internacional y dado lugar a una semana de luto en todo el planeta.
A Juan Pablo II le tocó
vivir uno de los momentos más complejos y cruciales de la
humanidad, cuando el mundo vive en una verdadera encrucijada como en
ningún otro momento de la historia. Por primera vez es real el
peligro de desaparición de nuestra especie y no solo debido a la
guerra y a la proliferación de armas nucleares; el hombre también
corre riesgos inéditos porque está destrozando la naturaleza,
contaminándolo todo, expresó Fidel.
El líder de la
Revolución caracterizó los rasgos fundamentales de los conflictos
en la era contemporánea, como base para comprender la trascendencia
del pontificado de Juan Pablo II, a quien catalogó como un hombre
excepcional, luchador tesonero, incansable, cuyas virtudes no deben
ser desconocidas. Estas son nuestras opiniones desde el enfoque
humano y social, a la luz de cuestiones fundamentales para la
humanidad, aunque respetamos las opiniones diferentes, consideró.
El Comandante en Jefe
también leyó fragmentos de cartas oficiales enviadas a él por el
Sumo Pontífice católico, las cuales fueron siempre respetuosas y
contentivas de un profundo amor y admiración hacia nuestro pueblo.
Con igual respeto el Comandante en Jefe respondió las misivas del
Papa y en ellas siempre dejó claros los puntos de convergencia con
el pensamiento social y humano de Juan Pablo II en defensa de los
desposeídos del mundo.
EL PAPA NO DESTRUYÓ
AL CAMPO SOCIALISTA
Es cierto, comentó, que
el Sumo Pontífice tuvo una actitud crítica frente a cuestiones que
desde su punto de vista religioso entendía estaban mal hechas en
las sociedades socialistas. No debemos olvidar que en Polonia, su
país natal, la nación y la religión católica habían nacido
juntas, indisolublemente unidas, lo cual fue desestimado por aquel
Estado socialista, donde se cometieron muchos errores, entre ellos
los relacionados con el respeto a las distintas creencias.
Fidel ahondó en el
ámbito histórico en que nació y creció el que llegó a ser
durante 26 años el Jefe de la Iglesia Católica. Analizó
igualmente la evolución política de Europa en vísperas de la
Segunda Guerra Mundial, y advirtió que el comunismo siempre asustó
a todo el mundo, incluidos los cubanos en aquella época. Fue la
cultura alcanzada con la Revolución la que permitió a nuestro
pueblo superar esos prejuicios.
El Papa no había nacido
ni se había formado para destruir al socialismo. Responsabilizarlo
de la caída de este sistema en Europa es hacer un análisis
simplista de la historia, opinó.
La cultura política en
nuestro país nació con la Revolución, aseguró, porque el
imperio, la oligarquía, los explotadores se habían encargado de
repetir por todo el mundo que lo más horrible que había era el
comunismo. En los primeros años después del triunfo revolucionario
de 1959, indicó, se llegaron a decir barbaridades tales como que
íbamos a privar a la familia cubana de la patria potestad, enviar
los niños a Rusia, donde los procesarían para convertirlos en
carne en conserva.
Sentenció que si un
día el socialismo cubano se derrumbara, la culpa no sería de nadie
más que de nosotros mismos. Enfatizó, además, que una vez
terminada la guerra fría el Papa fue muy crítico en relación con
el sistema capitalista.
RESPETO A TODAS LAS
CREENCIAS
Fidel narró su
experiencia personal desde niño en relación con la religión y
expresó su convicción de que los sentimientos y las creencias
religiosas de cada cual son estrictamente personales y merecen el
mayor respeto.
Esa actitud es la que
debe acompañar a un revolucionario, a un político, dijo, y afirmó
que nosotros hemos luchado siempre por la dignidad, la libertad y
todos los derechos de los seres humanos.
También agradeció la
oportunidad que le dio la vida de estudiar y la utilidad de adquirir
enseñanzas de Marx, Engels y Lenin para llevar adelante la
conducción revolucionaria y entender los complejos acontecimientos
del mundo en que vivimos.
Aseveró que la
Revolución cubana nunca será sectaria; ella brinda igualdad de
derechos, oportunidades y apoyo a todas las religiones, con el
máximo respeto, pero debe estar siempre en guardia ante las
manifestaciones extremistas. Como ejemplo destacó el gesto del
Gobierno cubano, a propósito de la visita del Papa, de declarar
feriado el 25 de diciembre, día de Navidad para los cristianos.
UN ENCUENTRO ESPERADO
Y FRUCTÍFERO
El Papa fue recibido en
Cuba en 1998, dijo Fidel, y nuestro pueblo reconocía en su prédica
por todo el mundo la batalla que entonces libraba el Sumo Pontífice
contra el subdesarrollo, la pobreza, la deuda externa y el saqueo de
los países, y por la globalización de la solidaridad, pues se
trataba de ideas con las cuales la Revolución tiene plena
coincidencia.
Recordó que juicios
como ese los expuso públicamente desde diciembre de 1997 dentro de
un período de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular y
más tarde en ocasión de una entrevista transmitida por la
televisión el 16 de enero de 1998, días antes de que se produjera
la visita del Papa; ello demuestra que la dirección de la
Revolución no ha cambiado sus opiniones; han sido puntos de vista
sostenidos durante años. No se trata por tanto de modificaciones de
criterios de manera oportunista tras el reciente fallecimiento de
Juan Pablo II.
En la mencionada
conversación con periodistas de la televisión cubana en enero de
1998, al referirse a la impresión
que le había causado el
Papa durante el encuentro de ambos en Roma, Fidel dijo que había
sido muy buena; Juan Pablo II fue muy amable y respetuoso, y hasta
podríamos decir, afectuoso. Es un hombre de rostro noble, inspira
realmente respeto; y esa impresión la recogimos todos los
compañeros que estuvimos en ese diálogo.
En su intervención de
ayer, el líder de la Revolución también rememoró que en aquella
comparencia por televisión evaluó que la conversación con el Papa
había sido muy fácil por su dominio del idioma español, por ser
una persona precisa al manifestar sus ideas, quien sabía escuchar
con mucha atención. Esas impresiones, indicó Fidel, las ha
manifestado en otras muchas ocasiones durante estos años.
No obstante, ratificó
que la visita del Papa a nuestro país tuvo lugar en una coyuntura
difícil para la Revolución por la situación económica creada por
el derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista en Europa
del Este. El imperio mantenía una desaforada presión que
consistía, por un lado, en bloquear y tratar de hacer rendir por
hambre a una nación y, por otra, abrir las puertas a todos los que
aun cometiendo crímenes se trasladan a Estados Unidos por cualquier
vía. Y estas condiciones las hemos soportado hasta hoy en que las
cosas han empezado a cambiar de una forma radical, subrayó.
Relató que después de
la caída del campo socialista y sobre todo de la Unión Soviética,
el imperio arreció su política agresiva contra la Revolución
cubana. Cualquier cálculo indicaba que el país no podía resistir,
dijo. Pero nuestro pueblo resistió, a pesar de perder de repente
todos los suministros de combustibles, fertilizantes, alimentos...
Nuestra producción petrolera era de apenas 700 000 toneladas
anuales. Nos habíamos quedado sin los 14 millones de toneladas del
crudo proveniente de la Unión Soviética.
En ese contexto, dentro
del imperio y en otros lugares, vieron la visita del Papa como algo
que daría lugar al desmoronamiento del socialismo en Cuba. Creían
que la Revolución se derrumbaría como se derrumbó Jericó ante el
sonido de las trompetas. Y el Papa no traía trompetas, ni traía la
intención de destruir a la Revolución, apuntó.
Reiteró que entonces la
propaganda anticomunista había creado el mito de que el Papa tenía
gran parte del mérito en la caída del campo socialista y de la
URSS. Pretendíamos brindarle el recibimiento que se merecía, por
lo cual era preciso explicar a muchos de nuestros compatriotas —como
hizo por la televisión— el significado de aquella visita y
esclarecer a muchos sobre las posturas de Juan Pablo II, y las
condiciones históricas y personales que habían conformado su
visión contra el socialismo y el comunismo.
Ahora, comentó,
nuestros enemigos vuelven a desconcertarse al ver las muestras de
consideración y afecto expresadas en Cuba luego de la muerte de
Juan Pablo II. Se han quedado otra vez despistados al observar cómo
nuevamente el cardenal Jaime Ortega tuvo la oportunidad de hablar al
pueblo por la televisión para referirse al deceso del Jefe de la
Iglesia Católica en el mundo.
El único momento
difícil durante la visita pastoral, añadió, fue causado por las
palabras del Arzobispo de Santiago de Cuba durante la misa papal en
esa ciudad. El contenido de esa intervención, dijo, creó una
situación difícil con el pueblo y los militantes santiagueros
invitados a la misa; no nos preocupaba lo que se había dicho, sino
la reacción y el malestar del pueblo. Me consta, indicó Fidel, que
ni el Papa ni el cardenal Jaime Ortega sabían qué discurso iba a
pronunciar el Arzobispo.
Fidel denunció también
las maquinaciones del imperio y sus cipayos, con Roger Noriega,
entonces asesor del senador Jesse Helms, a la cabeza para deslucir
la visita del Papa a Cuba en 1998 las cuales se demuestran con la
entrevista de este con el Arzobispo, de la cual el religioso
informó a las autoridades del Partido.
No fuimos nosotros los
que politizamos la visita; la Revolución en ningún momento trató
de buscar mezquinas ventajas y beneficios para Cuba y su proceso
socialista, señaló Fidel, al continuar una rápida lectura de lo
dicho por él en enero de 1998.
El Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros refirió los hechos que durante
años no propiciaron la presencia del Papa en Cuba, entre los cuales
incluyó las tensiones y diferencias que hubo con la dirección de
la Iglesia Católica en nuestro país durante los primeros años de
la Revolución, aunque se contó con la colaboración de quien era
entonces el representante aquí de la Santa Sede: un hombre que
trabajó intensamente por aliviar y eliminar dificultades.
Ponderó, además, la
valentía histórica del recién fallecido Papa al criticar
públicamente pasados errores de la Iglesia Católica tales como la
Inquisición o la negativa a aceptar la teoría de la evolución de
Charles Darwin.
Detalló las facilidades
ofrecidas en todo momento por el Gobierno cubano a las diferentes
órdenes católicas tales como la de Santa Brígida; pero puso en
claro que no hay ni habrá diferencias en el trato respetuoso
respecto a las religiones presentes en Cuba; en este punto puso como
ejemplos la inauguración de una Iglesia ortodoxa griega y otra rusa
en el futuro.
COINCIDENCIAS EN
PRINCIPIOS HUMANISTAS
Fidel ratificó que el
Estado y el Gobierno cubanos desde un principio reconocieron y
elogiaron a Juan Pablo II por su postura de rechazo a la
proliferación de armas nucleares; por ser un gran abanderado en la
lucha contra las guerras de agresión, las conquistas territoriales,
las purificaciones étnicas y la deuda externa. Fue asimismo un
ferviente crítico de la globalización neoliberal y del carácter
consumista de las sociedades capitalistas y de las políticas que
aceleran la degradación del medio ambiente. En Naciones Unidas,
recordó, el Papa hizo estas y otras importantes denuncias.
Para Fidel el tributo
que debería rendírsele al fallecido líder religioso sería llevar
a la práctica sus ideas humanistas. Fustigó a los hipócritas que
desconocen este legado y están entre los principales responsables
de los males que sufre la humanidad, entre esos figura el Presidente
del país que produce el mayor número de armas nucleares y de
medios portadores para lanzarlas cualquier día, en cualquier
momento, contra cualquier rincón del planeta.
Resaltó la hipocresía
del "señor jefe del imperio", quien asiste a esos funerales a
llorar ante el cadáver de un hombre que tanto se opuso a la guerra,
a la invasión a Iraq. La visita de Bush a Roma, opinó, es un
ultraje a la memoria de Juan Pablo II.
Al referirse a las
constantes presiones del Gobierno de Estados Unidos contra la
Revolución, recalcó que el imperio en reiteradas ocasiones nos
exigió como condición para levantar el bloqueo: retirar nuestra
ayuda internacionalista a Angola, a Etiopía, romper nuestras
relaciones con la Unión Soviética y cesar el apoyo a los
movimientos revolucionarios de América Latina. Explicó que eso
nunca lo aceptamos y tal apoyo solo dejó de existir cuando esas
fuerzas fueron extinguiéndose por sí solas.
Afirmó que el curso de
la historia, en tanto lucha de los pueblos contra los opresores, se
reanuda de nuevo con tremenda e indetenible fuerza, sobre todo en
esta América Nuestra soñada por Martí. Ejemplo de ese renacer es
Venezuela, con su proceso bolivariano revolucionario y Hugo Chávez.
En otro momento de sus
palabras, el Comandante en Jefe apreció a Hugo Chávez como un
revolucionario de ideas bolivarianas y martianas, con correctas
interpretaciones del cristianismo, pues su pensamiento tiene en
cuenta al Cristo que supo ponerse al lado de los pobres. Chávez,
opinó Fidel, ha sabido evaluar la historia y las tradiciones de su
pueblo.
EL HUMANISMO DE LA
REVOLUCIÓN
No habrá nada con qué
comparar las páginas de humanismo que nuestro glorioso pueblo está
escribiendo, dijo el Comandante en Jefe, y ejemplificó con la
atención que han recibido en Cuba miles de niños y adolescentes
ucranianos afectados por el accidente de la central nuclear de
Chernobil, y con la realidad incontestable de que en Cuba, a
diferencia de lo ocurrido en países de nuestra propia región a
partir de tiranías instauradas por el imperialismo, no ha habido un
torturado, un asesinado, un desaparecido.
Ese mismo imperio nos
quiere condenar en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones
Unidas, denunció. Que hagan lo que les dé la gana; a mí me
importa un bledo y al pueblo de Cuba le importa un bledo la
Comisión de Ginebra, añadió antes de preguntarse qué dirán y
qué harán los europeos en los próximos días cuando se lleve a
votación el proyecto de resolución anticubana que presentará el
Gobierno de Estados Unidos.
Todos sin excepción,
advirtió, se toparán con un acero cada vez más duro, cada vez
más invulnerable, es decir, con una Revolución más fuerte cuya
obra humanista y de justicia social va en ascenso.
Comparó que mientras
Estados Unidos trata de condenar a Cuba por supuestas violaciones de
los derechos humanos y reclama la liberación de mercenarios
sancionados en nuestro país por sus acciones
contrarrevolucionarias, mantiene injustamente encarcelados a Cinco
Jóvenes cubanos luchadores antiterroristas.
(María Julia
Mayoral, Anett Ríos, José A. de la Osa, Alexis Schlachter y
Alberto Núñez) |