CIUDAD DEL VATICANO (SE).— En la Plaza de San Pedro del
Vaticano se celebró la ceremonia fúnebre en honor al Papa Juan
Pablo II, ante la presencia de unos 200 dignatarios y cientos de
miles de fieles que se acercaron desde todos los rincones del mundo.
Los prelados colocaron una copia de los Evangelios en el ataúd de
Juan Pablo, cuyas páginas fueron agitadas por el viento, mientras
un coro entonaba el himno gregoriano "Concédele, Señor, el
descanso eterno".
Los cardenales, con mitras blancas, salvo los tocados con las
doradas y coronas del rito oriental, ocuparon sus sitiales en la
plaza. El funeral fue celebrado por el cardenal Joseph Ratzinger,
decano del Colegio Cardenalicio y muy allegado de Juan Pablo.
Al comienzo de la misa, Ratzinger —con casulla roja y solideo del
mismo color—, entonó "Oh Dios, Padre y Pastor de la
humanidad, mira a tu familia reunida aquí en plegaria y concede a
su servidor y nuestro Papa Juan Pablo II, que en el amor de Cristo
guió tu Iglesia, que comparta con el rebaño que le fue confiado la
recompensa prometida a los fieles ministros del Evangelio".
El Papa "nos ve y nos bendice", declaró el cardenal
alemán Joseph Ratzinger al concluir este viernes la homilía en la
misa de funeral de Juan Pablo II en la plaza de San Pedro. "No
olvidaremos nunca, el último domingo de Pascua de su vida, que el
Papa marcado por el sufrimiento apareció a la ventana del palacio
apostólico y dio por última vez la bendición "urbi et
orbi"", agregó.
Cerca de un millón de personas siguieron el funeral del Santo
Padre, desde una decena de puntos en la ciudad de Roma, en los que
se colocaron pantallas gigantes.
Muchos de los peregrinos que no lograron, o ni siquiera
intentaron, entrar a la zona del Vaticano se congregaron en el
histórico Circo Massimo, donde la misa funeral también se pudo ver
a través de las pantallas colocadas en los laterales.
Otro de los puntos en los que se congregaron miles de personas
fue el campus universitario de Tor Vergata, a las afueras de la
capital y que en los últimos días se ha adecuado para convertirse
en un campo de acogida para los peregrinos.
Muchos de los presentes, en su mayoría jóvenes, llevaron
banderas de diferentes nacionalidades y pancartas en las que se
podían leer mensajes como "nosotros somos la juventud del
Papa".