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Periodismo con libertad legítima
ERNESTO VERA
La batalla de la prensa
de los dos primeros años después del triunfo de la Revolución y
su repercusión internacional representó experiencia valiosa para
el proceso de creación y desarrollo de la prensa cubana. En ella se
definió y concretó una historia comenzada y desarrollada
fundamentalmente en la manigua, exilio y clandestinidad, de la que
el periódico Patria, fundado por José Martí el 14 de marzo de
1892, fue la expresión más elevada y consecuente.
Si los grandes
empresarios de los medios se negaron a compartir la libertad de
prensa con los periodistas, quedaba claro como nunca la falsedad de
tal pronunciamiento, ya que así siempre se había proclamado, sin
contar con la opinión de los profesionales de la prensa, sin
preguntarles siquiera. ¿Dónde encontraron apoyo aquellos que
habían secuestrado con dinero ese derecho de la sociedad,
reconocido constitucionalmente? No en otra parte que en la Sociedad
Interamericana de Prensa (SIP), agrupación de dueños de las
grandes publicaciones del continente, sin contar tampoco para ello
el criterio de los periodistas asalariados integrantes de sus
redacciones. Es decir, el contenido esencial de la "coletilla" era
nada menos que el debate y la acción por la verdadera concepción
de la libertad de prensa y la manera de ejercerla en la práctica.
Ejemplo más esclarecedor no podía ser otro que la actitud asumida
por la inmensa mayoría de los profesionales de la prensa de
incorporarse a los medios representativos del nuevo sistema,
revolucionario, que fueron creados en esos años.
Con la fundación total
de la prensa revolucionaria se iniciaría en Cuba el proceso
orientado a tener como cuestión principal del ejercicio del
periodismo y su razón de ser el derecho del pueblo a la
información veraz, derecho social, colectivo, generador del hacer
de los medios de prensa y valor supremo al que se deben someter
estos.
Se alcanzaba así la
posibilidad de inaugurar en América el verdadero concepto de la
libertad de prensa, fiel a los intereses populares y a la nación,
así como a toda causa justa en el resto del mundo.
Tanto en lo interno como
en lo externo, la presencia del nuevo periodismo, heredero
consecuente de la prensa patriótica y revolucionaria, ha
contribuido a fortalecer la conciencia crítica sobre la función
desinformativa y perversa de los medios transnacionales y sus
dependencias locales en los países de la región latinoamericana.
Un ejemplo elocuente fue el papel de la UPEC en la fundación de la
Federación Latinoamericana de Periodistas (FELAP) en 1976, donde la
unidad alcanzada por los profesionales de los medios se hizo sobre
la base de principios claramente antimperialistas de su convocatoria
y acuerdos, que se resumen al proclamar la lucha común Por un
periodismo libre en patrias libres.
Del periodismo
revolucionario cubano, de su legítima libertad de prensa al
servicio del pueblo, no solo se derivan aportes nacionales y
regionales, sino también se inscribe en el más fiel ejemplo y
defensor de los principios éticos internacionales del periodismo
aprobados en 1983 por todas las organizaciones internacionales y
regionales del periodista, en el marco de la UNESCO, mientras son
violados cada día por la prensa que encabeza el terror mediático
internacional en unión estrecha con la dictadura militar que el
Gobierno de Estados Unidos trata de implantar en todo el mundo. Esos
diez principios, considerados el Código de la UNESCO, están
engavetados en esa institución desde que Amadou Mattar M'bou dejó
de dirigirla al final de la década del ochenta del siglo pasado.
Toda la prensa cubana de
todos los medios es en la práctica el gran medio alternativo de
alcance regional e internacional. Es una prensa para Cuba y para el
mundo, como quiere Fidel.
Lo proclamamos y la
realizamos concretamente, sobre todo por la vía de Internet, donde
los medios cubanos están presentes y son visitados de manera
creciente, sea por identificación con su mensaje o por la búsqueda
de lo diferente.
Un periodismo digno,
ético, independiente del poder imperial y dependiente de la más
justa y hermosa Revolución de un pueblo valiente, de historia
mayor, es un valor superior e incomprensible para quienes disfrutan
ser una mercancía más en el mercado y también algo muy distante
de los que sin desearlo se ven obligados a no escribir lo que
sienten y piensan.
El capital de vergüenza
profesional alcanzado por los profesionales de la prensa cubana,
tiene su manifestación mejor en el pensamiento martiano de que No
hay monarca como un periodista honrado. |