Venezuela

Donald y los fusiles

NICANOR LEÓN COTAYO

El secretario de Defensa de los Estados Unidos, Donald Rumsfeld, manifestó la reiterada "preocupación" de su Gobierno por la compra de armamento anunciada por Venezuela.

Foto: APRumsfeld: más amenazas 
contra Venezuela.

Lo hizo en una rueda de prensa efectuada el miércoles pasado en Brasilia, al comentar la prevista adquisición de 100 000 fusiles AK-47 y 40 helicópteros militares en Rusia.

"No puedo imaginar —dijo— qué pasará con esos fusiles. ¿Para qué Venezuela precisa de ellos? No veo cómo eso pueda contribuir a la seguridad del hemisferio. Personalmente espero que la compra no se lleve a cabo".

Así habló el representante de una Administración que acaba de solicitar casi 500 000 millones de dólares para los gastos militares del año fiscal que inician en octubre.

Rumsfeld es un auténtico exponente de los más cercanos colaboradores de Bush, caracterizados por haber vendido su pudor en una feria y hacer cenizas su ética en una hoguera.

Algunas de las medidas adoptadas por Washington desde el 2001 sirven para demostrar hasta dónde llega la insolencia de la Casa Blanca respecto al asunto abordado el miércoles en Brasilia.

Por ejemplo, en mayo de aquel año Rumsfeld habló sobre la necesidad de poseer armas con destino al espacio y describió a los satélites como sus "ojos y oídos" en el mundo por la información que acopian.

El 27 de junio, un cable de EFE notificó que, en el año antes referido, las autoridades norteamericanas dedicarían unos 48 600 millones de dólares a investigar y desarrollar nuevos armamentos.

Agregó que funcionarios del Pentágono explicaron al Congreso que se trataba de láseres de alta energía, sistemas de microondas e ingenios cibernéticos, muchos de los cuales actuarían sin tripulantes desde el aire, el espacio y el fondo del mar.

A inicios de julio, el subsecretario del Departamento de Defensa, Paul Wolfowitz, advirtió en Washington sobre la posibilidad de reanudar sus pruebas nucleares luego de nueve años sin hacerlo.

El día 30 de aquel mes, Bush le propinó un duro golpe al Protocolo de Verificación de las Armas Biológicas, cuando sus enviados a Ginebra dijeron que no lo suscribirían.

Tal acuerdo fue negociado durante más de seis años por funcionarios de 56 de los 143 gobiernos que formaban parte de la Convención, pero sin el apoyo de la Casa Blanca era imposible seguir adelante.

Por aquel entonces, y como parte de otros 20 experimentos, Donald Rumsfeld informó el lanzamiento de un misil balístico intercontinental Minuteman 2, desde una base situada en California, y más tarde destruido sobre el mar.

El secretario de Estado, Colin Powell, a través de la emisora televisiva Fox News anunció la posibilidad de que renunciaran —como hicieron— al Tratado sobre Misiles Antibalísticos (ABM), suscrito en 1972 con la Unión Soviética para frenar la carrera armamentista.

Un coronel de la Fuerza Aérea norteamericana, William McCasland, dio a conocer en Huntsville, estado de Alabama, que estaba en marcha un programa de lanzamiento al espacio de un láser antimisil valorado en 4 000 millones de dólares a lo largo de una década.

O sea, una política oficialmente militarista, tal y como la adelantaron sin pelos en la lengua Bush y sus hombres durante las campañas electorales del 2000 y del 2004.

Sin embargo, el Jefe del Pentágono dijo ahora en Brasilia que les "preocupa" que Venezuela compre 100 000 fusiles y 40 helicópteros para defenderse.

La han amenazado abiertamente altos funcionarios de la Administración Bush, entre otros, Condoleezza Rice y Roger Noriega, mientras que en Miami grupos de origen venezolano y cubano se entrenan para agredirla.

De ahí que Venezuela refuerce su capacidad defensiva. Como nación verdaderamente independiente y soberana no tiene que esperar un guiño aprobatorio del Norte para hacerlo.

El Gobierno de Washington, con armas de destrucción masiva, bases militares y soldados diseminados por todo el planeta, más una ejecutoria escandalosa, carece de autoridad para objetarlo con sus "preocupaciones".

 

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