Nostalgia intacta

Melba Hernández, Heroína de la República de Cuba, comparte con Granma los recuerdos de sus visitas, lucha y amor por Viet Nam

ANETT RÍOS JÁUREGUI

La infinita pobreza, la estridencia de las bombas, una música lejana, el aire húmedo, caminos escabrosos, aroma de té e incienso, las tierras bajas, rostros, lluvias, muertos y héroes. Después de un largo silencio, de entre tantas imágenes abrumadoras y entrañables, Melba Hernández Rodríguez del Rey elige con delicadeza, como si fuese un acto definitivo, sus recuerdos más intensos de Viet Nam: "Su pueblo, que lo merece todo, y ese viejecito que siento como nuestro, el presidente Ho Chi Minh".

Foto: JUVENAL BALÁNCuando Melba, heroína del Moncada, viajó inicialmente a la Península de Indochina, en la década del sesenta del siglo pasado, había estudiado la geografía, costumbres e historia de Viet Nam. "Imaginaba, vagamente, a un país asiático, muy lejano, haciendo su guerra contra el imperialismo yanki. Eso nos unía. Yo venía de la lucha por mi Patria, con un jefe como Fidel Castro y un jefe inmediato como Juan Almeida en el III Frente Oriental del Ejército Rebelde, y pensaba que, como la lucha del pueblo cubano, no había muchas iguales.

"En la primera visita fue tan grande mi emoción que, de vuelta al hotel, me tuvieron que acostar y atenderÁno podía sobreponerme. Nunca pensé que en una guerra hubiese tanto sacrificio, hubiese que dar tanto. Vi algo que nunca he podido olvidar: la humildad, firmeza y amor de un pueblo convencido de que vencería su causa. Muy parecido al cubano. Supe entonces que lo estudiado antes del viaje era muy poco, era nada."

Y comenzó una larga historia de amor, apasionada y dolorosa. "Regresé y le dije a Jesús Montané —mi compañero en la lucha cubana y al que estaba unida matrimonialmente— y al resto de los compañeros aquí, que ya no podría vivir de otra manera: tenía que compartir mi vida con Viet Nam, poner todos mis esfuerzos en su victoria. Solo deseaba trabajar para que nuestros países se conocieran muy bien, se amaran y fueran verdaderos hermanos. Y así ha sido".

LA SOLIDARIDAD

Para Melba esta experiencia provocó una transformación política y humana en su vida. "La influencia vietnamita profundizó mis sentimientos de amor hacia todos los pueblos del mundo", declara. En los años siguientes presidió el Comité Cubano de Solidaridad con Viet Nam del Sur, primero, y después de Viet Nam, Cambodia y Laos. Fue vicepresidenta del Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos; embajadora de Cuba en la República Socialista de Viet Nam y en Kampuchea; y además Secretaria General de la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina.

"Estoy muy agradecida de mi pueblo por su comprensión infinita de la realidad en Viet Nam. Organizamos un movimiento de solidaridad —me emociono diciéndolo— y creo que no quedó un cubano sin apoyar con lealtad esta causa heroica. Nuestro pueblo se entregó íntegramente como si aquella hubiera sido lucha de Cuba. Lo hizo con fervor y valentía única. Aprendimos de su guerra y los amamos con una fuerza grande. Así surgieron genuinos militantes de solidaridad, como Marta Rojas, consagrada a ellos, como yo.

"Por su parte, los vietnamitas nunca dejaron de reconocer a Fidel, a la Revolución cubana y nuestra solidaridad. Tan pronto se produjo el acercamiento, percibí en ellos cariño y gratitud hacia nosotros. Entonces y hoy: gran amor hacia Cuba. Y eso también hay que agradecerlo."

LA VICTORIA

La liberación definitiva de Saigón por las tropas revolucionarias el 30 de abril de 1975 determinó la victoria final del pueblo de Viet Nam en una guerra terrible en la que murieron, o fueron heridos y mutilados, millones de vietnamitas. "Ese fue un triunfo del que nunca dudé", recuerda Melba. "Cuando se produjo la victoria del 30 de abril yo estaba en Europa. Celia Sánchez, desde Cuba, me transmitió el siguiente mensaje: Fidel me pedía viajar inmediatamente a Viet Nam y compartir con ellos el triunfo. El júbilo que presencié entonces fue como el nuestro en 1959, no menos que mi pueblo, con la particularidad de que el sacrificio y las pérdidas de esta guerra habían sido enormes. En ellos, como en mí, estuvo muy presente el recuerdo del presidente Ho Chi Minh, quien ya no existía, pero todos sabíamos que en aquella victoria estaba este hombre grande.

PLMelba y la alegría de un
 encuentro con el tío Ho.

"Recuerdo y agradezco profundamente las cosas que conversé con él durante mis visitas. Me habló sobre el deber de atender la voz de Fidel, sentirlo siempre como nuestro Jefe y guía. Sé que ambos lamentaron mucho no poder conocerse. Pero pienso en Ho Chi Minh como nuestro padre, el padre de Fidel. Y Fidel era el hijo de Ho Chi Minh."

Con 83 años, Melba valora la presencia de Fidel como lo que más disfruta actualmente de la vida. "Yo no lo olvido, cuento con él, y tengo mucha confianza en el futuro de Cuba. Al amanecer, cuando me levanto, miro al cielo y digo: Esta es mi Patria, estos son los cubanos". Por último, confiesa su gran nostalgia: "A mí me falta algo diariamente, siento una necesidad interior, profunda, que es Viet Nam, no andar por aquellas calles, no ver esos lagos, aquel puebloÁ Sí, siento mucha nostalgia, y será siempre igual".

 

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