|
Todo empieza por la moral
ARMANDO HART DÁVALOS
La lucha contra la
corrupción fue, como se sabe, el centro de los combates políticos
desde los finales de la década de 1940 y principios de los 50.
A partir del golpe
reaccionario perpetrado por Fulgencio Batista con el apoyo del
imperialismo —precisamente hoy 10 de marzo se cumplen 53 años del
cuartelazo— se enlazó la defensa de la legalidad ultrajada con la
tradición ética exaltada políticamente en los años precedentes a
aquella fecha.
La legalidad ultrajada
por aquel golpe de Estado, expresión máxima de la inmoralidad y el
cinismo político, hizo renacer como reacción, a partir del 26 de
julio de 1953, la mejor tradición revolucionaria cubana sustentada
en dos banderas esenciales: de un lado el combate a la corrupción y
la inmoralidad, y del otro la defensa de los principios de derecho.
Ambos aspectos presentes en la memoria histórica de la nación
cubana explican el camino recorrido por nuestro pueblo hasta llegar
a la Revolución socialista.
Marx decía que en el
sistema capitalista era imposible que prevaleciera un principio
ético porque lo impedía el robo del fruto del trabajo por unos
pocos a la inmensa mayoría de la población. Y agregaba que si el
Estado se ponía del lado de los estafadores o de los estafados ya
era importante. Eso fue lo que hicieron, desde Enero de 1959, la
Revolución y el Estado cubanos: ponerse al servicio y en
representación de los estafados. Todo el pueblo se sumó a aquel
combate enaltecedor, y por este camino arribamos, en 1961, a la
proclamación del carácter socialista de nuestra Revolución
expresado de una forma radical y consecuente porque nos inspiramos
en las ideas más puras de Marx, Engels y Lenin.
Hoy, 53 años después,
es importante subrayar el significado de esta memoria histórica,
porque sin legalidad y eticidad no es posible la victoria definitiva
del ideal socialista.
Para la eficacia de
nuestra acción debemos apoyarnos en el conocimiento de la
naturaleza actual de la decadente oligarquía norteamericana y el
estudio de cómo se comporta en el mundo de hoy. Asimismo, es
necesario exaltar la ética sobre la base del principio martiano "Patria
es humanidad" e "Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero
el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas"¹ . Con la
definición de José de la Luz y Caballero de que la justicia es el
sol del mundo moral, estamos emprendiendo una cruzada a favor de la
ética y la lucha contra todas las formas de degradación moral, y
para ello tenemos que fundamentarnos en la historia, hermosa memoria
de la nación cubana.
Por demás, las modernas
condiciones del desarrollo capitalista vienen mostrando que la
degradación ética es el síntoma inequívoco de la descomposición
del sistema social imperialista. Cuba forma parte del mundo y los
cubanos no podemos estar exentos de las realidades internacionales
actuales, pero por nuestra tradición e irrevocable decisión de
vencer al imperialismo tenemos las mejores condiciones para abordar
a fondo el problema crucial de la humanidad, es decir, la necesidad
de una ética superior, tal como la definió Antonio Maceo, que no
era un profesor de ética, pero su vida y enseñanzas constituyen
una profunda lección moral. Dijo el Titán de Bronce:
"(...)
jamás vacilaré porque mis actos son el resultado, el hecho vivo de
mi pensamiento, y yo tengo el valor de lo que pienso, si lo que
pienso forma parte de la doctrina moral de mi vida". Y en otra parte
de la misma carta agrega: "La conformidad de la obra con el
pensamiento: he ahí la base de mi conducta, la norma de mi
pensamiento, el cumplimiento de mi deber. De este modo cabe que yo
sea el primer juez de mis acciones, sirviéndome de criterio
racional histórico para apreciarlas, la conciencia de que nada
puede disculpar el sacrificio de lo general humano a lo particular".
Más adelante señala: "Vislumbro en el horizonte la realización de
ese mi ideal, casi parecido al ideal de la humanidad, humanizado con
los grandes bienes que tiene que realizar en el porvenir". "(...) no
hallaré motivos para verme desligado para con la Humanidad. No es,
pues, una política de odios la mía, es una política de amor; no
es una política exclusiva, es una política fundada en la moral
humana (...) no odio a nadie ni a nada, pero amo sobre todo la
rectitud de los principios racionales de la vida."²
Nuestro deber es buscar
las fórmulas a escala social para hacer prevalecer los principios
morales de la Revolución. Hay que estudiar la experiencia
histórica de diversas revoluciones. Las que alcanzaron la victoria
muchas veces fueron destruidas por la corrupción interna y por el
deterioro moral. El ejemplo más sobresaliente estuvo presente en el
triste proceso de décadas que llevó al desenlace trágico de la
Unión Soviética y los países de Europa del Este.
Para enfrentar estos
temas es necesaria una alta sensibilidad en relación con la cultura
general integral a que nos ha llamado Fidel. Hay que hallar sus
esencias, en ellas la ética, el derecho desempeñan un papel
decisivo. Cultura, ética, derecho y política solidaria son las
categorías principales de cualquier pensamiento político o
filosófico que aspire a prevalecer en el mundo del siglo XXI.
El derecho tiene normas
severas contra violaciones éticas que la sociedad no puede
permitir. Sin el derecho no hay socialmente ética. Es en el
equilibrio o la articulación de las categorías mencionadas donde
está la clave para enfrentar el desafío.
Nuestra Revolución, que
nació denunciando el crimen, la ilegalidad de Batista, la
inmoralidad y corrupción que dominaban a la sociedad cubana en los
años anteriores, tiene experiencia suficiente para que por diversas
vías políticas, educativas y de cualquier otra índole hacer
prevalecer la moral social como tema político fundamental. No hay
tarea más importante hoy que exaltar estos valores. Como decíamos,
tenemos tradición para ello.
Las violaciones
flagrantes a determinados principios éticos que la sociedad no
puede permitir se alteren es la esencia del derecho penal. Se trata
de saber aplicarlo con inteligencia y amor.
Hay temas que no son
sancionables por la ley, pero sí por la advertencia, el
señalamiento oportuno y la lección necesaria. La ley penal existe
no solo para combatir a los que violan, sino para que prevalezcan un
orden y un equilibrio social. El papel de la educación y la cultura
está obviamente en el fondo, ejerce una influencia determinante.
Pero sin el derecho y las sanciones penales es imposible mantener
las conquistas de la Revolución.
En fin, la articulación
de las categorías señaladas: cultura, ética, derecho y política
solidaria se hallan en el centro del debate de ideas en este 10 de
marzo del 2005 en que recordamos a todos aquellos que se enfrentaron
al cuartelazo y abrieron camino a la primera Revolución socialista
de América.
Fidel señalaba en el
cincuentenario del Moncada que había que plantearse cómo sería
Cuba en el 2053. Pienso que para continuar consolidando, la Patria
martiana y socialista a que aspiramos como objetivo permanente, es
indispensable levantar como consigna la lucha contra el imperialismo
y la lucha por la ética y la moral.
Esto lo escribo el 10 de
marzo del 2005 como recuerdo a las luchas que iniciamos en defensa
de los principios jurídicos de la nación cubana sobre el
fundamento de la mejor tradición ética de nuestro pueblo. Por eso,
he dicho —hablando de cómo me hice socialista— que para mí
todo comenzó como una cuestión ética. Hoy también puedo decir:
todo empieza por la moral.
¹ J. Martí, o.c. Nuestra
América t.6 p.18
² Torres-Cuevas, Eduardo. Antonio Mace. Las ideas que sostienen
el alma.
|