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XXX Aniversario de la victoria en la guerra antiyanki
La condena del genocida Agente Naranja
RAÚL VALDÉS VIVÓ
La humanidad entera
comienza a exigir que la Corte Federal de Brooklyn condene a las 37
grandes compañías norteamericanas fabricantes de productos
químicos tóxicos, en el juicio recién iniciado por una justa
querella de algunas víctimas vietnamitas del monstruoso asesino en
serie.
La población infantil ha sido víctima del horror yanki.
El juez Jack B.
Weinstein no dictó sentencia final alegando que la Corte necesita
algún tiempo adicional para estudiar las pruebas legales
presentadas en las primeras audiencias.
Lo más importante es
que al reclamo de las víctimas vietnamitas, más de cien, pudiendo
haber sido decenas de miles, se han sumado antiguos soldados de
Estados Unidos que, actuando como propagadores del Agente Naranja,
la perversa dioxina, resultaron seriamente lesionados.
Una cifra contundente
muestra las dimensiones del crimen: más de cuatro millones 800
mil vietnamitas sufrieron enfermedades, muchas de ellas incurables o
muy serias, transmitidas a su descendencia.
Los abogados de la
defensa de las compañías que hicieron fortunas inmensas traficando
con la muerte de incontables seres indefensos de las aldeas
vietnamitas y destruyendo para siempre cientos de miles de
hectáreas de tierra fértil y un número similar de búfalos,
vacas, gallinas, cerdos, para acentuar el hambre de todo un pueblo,
alegan toda suerte de subterfugios legalistas en rechazo de toda
indemnización.
El pleito puede y debe
ser decidido por la opinión pública mundial. Tiene que levantarse
como un juez supremo, lo mismo que durante la injusta y brutal
agresión de Estados Unidos contra Viet Nam y demás pueblos de
Indochina.
El legendario general Vo
Nguyen Giap, en un mensaje a la Conferencia Internacional sobre las
Consecuencias del Agente Naranja, efectuada en París, ha explicado
los daños irreparables a la salud del pueblo vietnamita y al medio
ambiente y que aunque los amigos internacionales han hecho grandes
esfuerzos por ayudar a las víctimas, esta asistencia NO ha
respondido aún a las demandas.
La voz de Giap será
escuchada.
Durante los años
1961-1971 las fuerzas armadas norteamericanas esparcieron en el Sur
de Viet Nam alrededor de 80 millones de litros de productos
tóxicos, en su mayor parte el Agente Naranja, en apoyo de las
operaciones punitivas que llevaban a cabo con la complicidad del
tiránico régimen títere saigonés. ¡Todo a nombre de la
democracia y los derechos humanos!
Entre las víctimas que
demandan justicia hay personas que no tuvieron infancia, que han
sobrevivido gracias al cuidado maravilloso de la República
Socialista de Viet Nam. Niños que nacieron sin cristalino y están
ciegos, sin haber visto nunca los colores de las flores ni
imaginarse el del mar. Niñas que no pudieron cargar sus muñecas
por nacer sin brazos. Otros que despiertan a su paso la indignación
al saberse que sus padres eran robustos y ellos vinieron al mundo
padeciendo enanismo. Tran Quang Hung, hijo de un ex combatiente, no
puede caminar ni hablar a pesar de haber cumplido seis años de
edad, su mirada es de permanente horror.
La guerra en Viet Nam
terminó hace tres décadas. Los pueblos del mundo, entre ellos el
cubano, que sintió la causa de Viet Nam heroico como un problema
nacional, se disponen a conmemorar la liberación de Saigón el 30
de abril de 1975, pero la guerra no ha terminado para los que sufren
las secuelas de un supuesto herbicida, cínicamente bautizado Agente
Naranja. Y son incontables los vietnamitas fallecidos por leucemia y
otras formas del cáncer.
En el banquillo faltan
los principales culpables: los gobernantes y jefes militares de
Estados Unidos que idearon, organizaron y lanzaron de manera
sistemática este elemento de la guerra química, bajo la consigna
de: matar a todos, destruir todo, arrasarlo todo.
Los principios del
Derecho Internacional fueron violados gravemente y si escapan los
que perpetraron ese crimen de lesa humanidad, se sentirán más
impunes sus herederos políticos para multiplicar sus horrendos
genocidios en Iraq y otros muchos lugares.
Los que entonces estaban
en la Casa Blanca, con el mismo odio a la humanidad de los actuales
inquilinos, dijeron que castigarían al pueblo de Ho Chi Minh a
regresar a la edad de piedra por su negativa a aceptar el yugo yanki
después de haber pulverizado el yugo francés, y conquistar la
independencia nacional, reunificar la Patria y marchar hacia el
socialismo.
Fracasaron.
Nada ni nadie pudo
evitar la más esplendorosa de las victorias.
Con su Renovación
Socialista el pueblo vietnamita restañó las heridas de guerra y
construye un país diez veces más hermoso.
Ahora demanda que se
haga al menos una mínima justicia, condenando a los 37 monopolios
de la muerte, indemnizando a sus víctimas, dando una señal de que
no será posible llevar al mundo hacia el pasado.
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