¿Se pone lo que gusta o gusta lo que se pone? 

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA

De nuevo la pregunta está lanzada: ¿Se pone lo que gusta o gusta lo que se pone?. El tema es apasionante y ocupa a creadores musicales y promotores radiofónicos.

Asunto recurrente en importantes foros, el concepto cualitativo volvió a primar en una reunión no hace mucho en la sede del ICRT. No se trata de asumir posiciones prohibitivas o excluyentes en torno, por ejemplo, a producciones foráneas, ya que el balance de esa presencia respecto a la nacional se comporta de manera adecuada. Lo prohibitivo y excluyente debe ser lo de mala calidad. Según encuestas disponibles que lo prueban, dentro de los 1 051 programas musicales, (el 40%, en relación con el total de espacios) que se transmiten en las emisoras del país, el 78% de la música es cubana y el 22 es extranjera.

Pero, conforme se ha constatado, faltan métodos para garantizar la presencia de una mayor cantidad de autores, intérpretes y géneros de diferentes épocas, y a veces se realizan programas con demasiada proporción de la última o más "fresca'' música llegada a la emisora.

Debiera de trabajarse más con los materiales de calidad que están localizados —se sabe— en las ricas fonotecas de que disponen las emisoras —sujetas a riesgos de deterioro como la edad, el tipo de soporte y las condiciones de almacenamiento— sobre las cuales, por cierto, se trabaja ya para preservarlas mediante nuevos y modernos recursos, comprendidos los digitales, como ya se está haciendo en CMBF.

Se trata, por otro lado, de abordar integralmente la diversidad de la música cubana, pero también de jerarquizar las calidades. Sin embargo, quienes han expresado últimamente su preocupación por el asunto en encuentros de este tipo —entre ellos figuras de la música de concierto como Harold Gramatges, Jesús Ortega y Guido López Gavilán, o de la popular, como Elito Revé y el propio Jorge Gómez— no se quedan en los límites formales de la radio (y la televisión), sabedores de que el entorno musical cubano va más allá y son de mayor amplitud de onda los orígenes de sus dificultades y de los errores que pudieran afectar, incluso, la formación cultural, musical o ética de algunos niños, que escuchan la música "que les ponen" determinados adultos.

La materia sonora empleada por la Radio cubana se recibe por tres vías fundamentales: la Dirección Nacional de Música, las disqueras y, de forma personal y directa, los autores e intérpretes. Pero estas expresiones artísticas no son patrimonio exclusivo del ICRT, ya que en su difusión y promoción participan, también, otras instituciones.

Entre estas últimas figuran el denominado "Canal 4" (CMZA, para centros turísticos y de recreación), los disc jockey de las discotecas, todos de relativa (y en algunos casos dudosa) fiabilidad (al menos en el sentido de proporción de obras locales, y en torno a algunos aspectos de calidad)...junto a otros "operadores" que, como manipulan los equipos en escuelas, actividades infantiles, centros de trabajo, empresas y hasta en campamentos, tienen la "facultad" de "decidir" sobre política musical.

Tema complejo, la relación entre promoción musical y formación estética exige, por lo visto, un tratamiento múltiple y profundo tanto a nivel institucional como en la misma base social. No olvidemos que también el gusto comienza por el entorno familiar, por los prácticas culturales en el seno de cada comunidad.

 

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