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El sabotaje al vapor La Coubre: 45 años de Patria o Muerte
JOSÉ LUIS MÉNDEZ
Libertad quiere
decir Patria, y la disyuntiva nuestra será ¡Patria o Muerte!
Fidel
Se cumplen 45 años de
este acto de terror, que segó la vida de más de un centenar de
cubanos, causó heridas a cientos de personas, daños materiales de
consideración y privó al país de medios para su defensa. Es un
hecho, cuyos detalles aún no están esclarecidos, se inserta en la
política agresiva de los Estados Unidos contra Cuba.
La decisión de defender a la Revolución
pese a los ataques del imperialismo se
hizo patente en el entierro de las víctimas.
La hostilidad del
Gobierno norteamericano hacia la Revolución data desde antes de su
triunfo el 1ro. de Enero de 1959. La Administración de turno hizo
denodados esfuerzos para que se frustrara el proceso revolucionario.
Aviones de la dictadura batistiana se abastecían de bombas y
municiones en la ilegal Base Naval de Guantánamo, en 1958, aunque
en apariencias y formalmente el Gobierno de ese país había
planteado el cese de los suministros bélicos ante la presión
generada por los crímenes y torturas del dictador, la
Administración de entonces mantuvo el equipamiento por medio de las
dictaduras de Leónidas Trujillo y Anastasio Somoza.
La Embajada
norteamericana en La Habana participó activamente en la maniobra de
golpe de Estado militar para sustituir a Batista, abortada por la
acción decidida de las tropas rebeldes y el respaldo popular
materializado en la huelga general.
Los Estados Unidos
dirigieron sus acciones para evitar que el Ejército Rebelde,
garante político, junto al pueblo de la Revolución, se armara y
defendiera y en este sentido presionó a países para que no
vendieran armas a Cuba, junto con otras medidas para organizar a la
contrarrevolución con el empleo de batistianos, desplazados del
poder y afectados por las leyes revolucionarias de profundo
contenido y beneficio popular.
La elaboración y
aprobación de la agresión generalizada contra Cuba estuvo
precedida por meses de preparación. En agosto de 1959, el jefe del
grupo paramilitar de la CIA asistió a una reunión para discutir la
creación de una capacidad paramilitar para ser utilizada en
situaciones de crisis en América Latina; en aquella época, ya Cuba
era uno de varios objetivos, todos los cuales parecían igualmente
explosivos.
El 13 de agosto de ese
mismo año llegó a su fin, con un rotundo fracaso, la llamada
conspiración trujillista fraguada en Miami y República Dominicana
para invadir a Cuba por su región central, en cuya ejecución
participaron oficiales de la CIA, el Gobierno de Trujillo, elementos
batistianos contrarrevolucionarios cubanos y mercenarios de otras
nacionalidades.
En septiembre un oficial
de la División del Hemisferio Occidental (WH) de la CIA asumió la
planificación de posibles acciones de la Agencia en distintos
puntos de América Latina. Se hizo énfasis en Cuba, donde según
ellos, el control comunista se estaba haciendo cada vez más
evidente.¹ A finales de febrero y principios de marzo de
1960 se elevó la propuesta al Presidente para la toma de la
decisión política, lo cual ocurrió el 17 de marzo.
El diario cubano de la
época Prensa Libre divulgó el viernes 18 de septiembre de 1959,
que Cuba y Gran Bretaña negociaban sobre la compra de aviones a
propulsión en sustitución de los del tipo Sea Fury vendidos a la
tiranía de Fulgencio Batista. En noviembre del propio año Estados
Unidos presionó a ese Gobierno con el objetivo de impedir la venta
a Cuba de quince aviones de combate. El 13 de ese mes el Gobierno
Revolucionario publicó una nota en la que acusó al Gobierno
norteamericano de maniobrar para impedir su comercio y la compra de
los aviones y otras armas para la defensa.² El fin era
claro: desarmar a Cuba para vencer a la Revolución.
Entre enero y febrero de
1960, el Director de la CIA informó sobre los planes al Grupo
Especial de Planificación de la Agencia y el 14 de marzo se dedicó
toda la reunión a la discusión del programa proyectado.
Una fábrica proveedora
de armas en Bélgica recibió presiones norteamericanas para evitar
que vendiera armas a Cuba; personalmente el cónsul norteamericano
en ese país y un agregado militar de esa Embajada presionaron ante
el Ministerio de Relaciones Exteriores para que no se honraran los
contratos firmados, ni se entregaran esas armas.
A mediados de febrero,
en el puerto belga de Amberes, el vapor La Coubre había cargado
decenas de cajas de explosivos, granadas y municiones despachadas
por vía férrea, debidamente custodiadas por la policía de Aduana,
la gendarmería y el inspector especial del gobierno, Van Hoomisen.
La carga había partido desde Bruselas por la firma Fielle,
especializada en explosivos. Con anterioridad había cargado en
Hamburgo, Bremen y Amberes 5 216 bultos de explosivos, entre estos
525 cajas de granadas y 938 cajas de municiones.
Su arribo a la capital
de Cuba estaba previsto para el 2 de marzo y el regreso a Europa el
7 de abril con 340 toneladas de azúcar que serían embarcadas en el
propio puerto. Ese mismo día 2 el periódico Revolución en su
primera página denunció la agresión económica contra Cuba que
preparaba entonces el Gobierno de turno en los Estados Unidos a la
cual calificó como de segunda Enmienda Platt.³ El día
siguiente el mismo diario publicó en español e inglés el texto
íntegro del proyecto de ley del Congreso norteamericano que
legalizaba el primer paquete de medidas económicas contra Cuba.(4)
Meses más tarde, a fines de octubre, quedaban prohibidas todas las
exportaciones de los Estados Unidos a Cuba, excepto medicamentos y
algunos alimentos, y lo más insólito: ese país acusó a la Isla
de agresión económica y comercial.
En ese contexto a las 3
y 15 del viernes 4 de marzo, una explosión estremeció la capital
cubana en el lado Oeste de la bahía de La Habana: había sido el
vapor francés La Coubre, cargado de municiones y explosivos. Una
segunda explosión provocó más víctimas.
El día 5 de marzo al
despedir el duelo de las víctimas de la explosión del barco, el
Comandante en Jefe, entonces Primer Ministro del Gobierno
Revolucionario, dejó bien esclarecido y demostrado que todas las
pruebas realizadas para determinar las causas del siniestro
indicaron sin lugar a dudas que había sido producto de un sabotaje,
preparado fuera del país. Se descartó toda posibilidad de
accidente, para poder determinar lo único explicable: que había
sido un hecho intencional en el exterior y la firme convicción de
que se había urdido en los Estados Unidos, país interesado en
privar a Cuba de medios de defensa.
Este convencimiento
está sustentado por sólidas razones que permiten aseverar que las
autoridades norteamericanas tienen información que esclarecería
este acto de terror y por determinados motivos no se ha
desclasificado, ni revelado documentos que posibiliten conocer la
verdad.
Entre los argumentos
históricos hay algunos que apuntan directamente a una conexión
norteamericana. Uno de los dos solitarios pasajeros en La Coubre,
que era un barco de carga, era un periodista estadounidense llamado
Donald Lee Chapman, quien para viajar a su natal Nebraska tomó,
desechando otras posibilidades, un barco cargado de explosivos que
lo dejaría solamente en Miami, una ciudad muy distante de su
destino final. Además parte de la carga iba destinada a la Florida,
donde incluso subiría a bordo una familia norteamericana en los
puertos floridanos de Port Everglades y Miami.
En Cuba, varios
estadounidenses fueron detenidos cuando tomaban fotos en el lugar
del siniestro poco después de las explosiones, la Embajada de los
Estados Unidos en La Habana fue informada e intercedió para su
necesaria identificación y buzos norteamericanos, contratados por
la naviera del vapor, trabajaron en el reflote de este en la rada
habanera.
El 9 de marzo, solo
cinco días después del acto de terror, se realizó la reunión
constitutiva del grupo WH 4 dirigida por el coronel de la CIA, J.C.
King, donde se estructuró la ejecución del Plan de Operaciones
Encubiertas que sería firmado por el presidente Eisenhower el 17 de
marzo. Todo el plan estaba en marcha cuando estalló La Coubre.
El mencionado King
estaba en contacto en Miami con el cabecilla contrarrevolucionario
Rolando Masferrer Rojas, quien conoció por un norteamericano
ingeniero en minas la llegada de otros barcos a Cuba con armas y los
puertos por donde desembarcarían. Esta entrevista se produjo entre
el 28 de febrero y el 10 de marzo de 1960.
Todos estos hechos y
situaciones en esos días demandaban un lógico y amplio intercambio
de mensajes y correspondencia entre el Gobierno de los Estados
Unidos y su Embajada en Cuba, sin embargo llama la atención que no
se hayan desclasificado documentos sobre este hecho en el libro del
Departamento de Estado, que compiló las comunicaciones entre la
Embajada de los Estados Unidos en La Habana, en ese período. Hay
vacío en el tráfico entre el 18 de febrero y el 12 de marzo de
1960. No se han desclasificado documentos, aunque se ha solicitado,
en ninguna de las agencias de los Estados Unidos, por simples que
pudieran ser los comentarios.
Por estos y otros
sólidos argumentos se sostiene que las autoridades norteamericanas
por más de cuatro décadas han ocultado el conocimiento que tienen
de este hecho, lo cual reafirma la hipótesis de su participación.
¿Cómo explicar a las autoridades de Francia y Bélgica que los
Estados Unidos, en medio de su política hostil contra la
Revolución, llegaron a concebir volar un barco cargado de
explosivos donde murieron ciudadanos franceses y fueron dañados
intereses belgas? ¿Cómo explicar a la opinión pública
internacional, que un ciudadano norteamericano fue expuesto al
peligro al enrolarlo en un barco cargado de explosivos, a su destino
y que por azares de la vida escapó de la muerte minutos antes de
estallar?
La demanda del pueblo
cubano por conocer la realidad de este horrendo crimen se renueva
cada día con la consigna de Patria o Muerte, que nació en el
sepelio de las víctimas, para quedar para siempre en la voluntad de
una nación amante y defensora de la paz, que rechaza la guerra,
como rechaza el terrorismo y que aspira a construir un mundo mejor
con todos y para el bien de todos.
1 Informe del
Inspector de la CIA, Lyman Kirkpatrick, CIHSE, MININT, La Habana,
Cuba, p. 2 tomado de El Nuevo Herald de 2.3.98
2 Idem Ob. Cit. p. 165
3 Revolución, miércoles 2.3.60, No. 381, Año III, p. 1, La
Habana, Cuba
4 Revolución, jueves 3.3.60, No. 382, Año III. p. 1, La Habana,
Cuba
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