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Desde Venezuela
El "niño" salió respondón
VENTURA
DE JESÚS y JORGE L. BAÑOS (foto)
Enviados especiales
En el rostro de Diliana
Tovar se reflejó una mirada que sugería aflicción. Ella quería
un médico de verdad, hecho y derecho.
Tan pronto los vecinos comprobaron el buen hacer de Frank, terminó el escepticismo.
Antes de salir de la
reunión le confesó a alguien que prefería morirse antes de
ponerse en manos de aquel joven lampiño y con cara de adolescente. "Si
es un niño", dijo desilusionada.
La presidenta de vecinos
del sector La Quinta, en el municipio de Las Mercedes del Llano,
había ido aquel día a un encuentro en el que darían a conocer la
distribución de los médicos cubanos que colaborarían en la
región. Confiesa que rezó para sus adentros. "Ay, que no nos toque
el 'chamo' aquel...".
Pero al parecer sus
súplicas no fueron atendidas.
Apenas unos días
después se alegró de haberse equivocado. "El niño salió
respondón, mejor ni soñarlo", expresa ahora evidentemente
orgullosa. "Pasé por la vergüenza de haber pensado mal, pero es un
arrepentimiento que disfruto".
La imagen juvenil de
Frank Martínez Lorenzo deformó la percepción de Diliana y de
quién sabe cuántos vecinos más. Pero fue algo que se modificó
bien pronto con su conducta profesional y cualidades como médico
que lo hicieron trascender. "No es simple simpatía. Se ha ganado el
respeto y la admiración de todo el barrio. Hasta un viaje de
estímulo a Cuba mereció a finales de año por su buen trabajo",
comenta la presidenta de los vecinos.
Frank Martínez tiene 27
años de edad y es natural de Ciego de Ávila. El carismático joven
no olvida a sus pacientes en la comunidad de Santo Tomás, allá en
Ceballos, donde atiende a algo más de 1000 avileños. Esas ansias
de estar entre los suyos, y en particular la hija ya por nacer, le
revuelven la añoranza a menudo.
Aquí, en este rincón
llanero de Venezuela, es otra la realidad. "Primero hay que desafiar
el hecho de estar lejos de tu gente más cercana y de tu Patria, y
luego adaptarse a vivir en un país distinto al tuyo, combatir
enfermedades que ya no son comunes en Cuba. Nos recompensa, eso sí,
el fruto de nuestra labor y de sentirnos útiles", admite Frank.
En los habitantes de la
zona no hay la menor sombra de duda. Escuchamos el agradecimiento
del padre de un niño a quien había picado una serpiente y según
él se salvó gracias a la prisa con que actuó el personal médico
cubano.
"Aquí
la atención es rápida y de calidad. Es la medicina en la mano",
manifestó Eduardo López, un vecino que asegura que el galeno
cubano ha logrado cambios favorables en toda la comunidad. "La otra
noche estuvo en mi casa largo rato hasta que logró estabilizar la
presión arterial de mi esposa. Ese muchacho es una maravilla. Nunca
dice que no, es noble y humanitario".
El propio Eduardo
comenta que la Revolución bolivariana es lo mejor que le ha
ocurrido a su país. "Vemos las mejoras y que los excluidos por
primera vez son tomados en cuenta. Los pobres siempre estuvimos
destinados a ser más pobres. La cosa ahora es diferente".
Reunidos en el breve
espacio que sirve de salita de estar en el consultorio, varios
pacientes hacen lo posible por dejar bien claro su conformidad con
la nueva vida y especialmente su gratitud hacia el trabajo de Frank.
Ya al final, poco antes
de despedirnos, Diliana quiso hacer justicia y expresó de un modo
muy cálido sin apartar la vista del joven doctor. "En mala hora me
dejé llevar por las apariencias. Nunca me alegré tanto de haber
metido la pata. Lo más que deseo es que la hija que le está por
nacer allá en Cuba sea tan buena y respondona como él".
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