A 45 años del sabotaje de La Coubre

Ahora y siempre la misma voluntad

REYNOLD RASSÍ

Marzo de 1960. Campesinos, trabajadores, el pueblo en general comenzaban a disfrutar de los beneficios del programa de liberación nacional que llevaba a cabo la Revolución naciente: promulgación de la Ley de Reforma Agraria, la rebaja de los alquileres y de las tarifas eléctricas y telefónicas, la confiscación de los bienes malversados..., y otras medidas de carácter social.

De otra parte, ante el aumento de las agresiones de que Cuba era objeto por la contrarrevolución interna y desde el exterior, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos que ya iniciaba sus acciones contra la Revolución, la dirección del país decide incrementar sus esfuerzos para adquirir armas en otras naciones con el fin de preparar al pueblo para la defensa de sus conquistas.

Eran las 3 y15 de la tarde del 4 de marzo, cuando una fuerte explosión sacudía parte de la capital y se escuchaba a decenas de kilómetros, en los barrios de su periferia. Instantes después una alta humareda se adueñó de los muelles de la rada habanera. Miembros del Cuerpo de Bomberos, de la Cruz Roja, el Ejército Rebelde, la Policía, milicianos, hombres y mujeres del pueblo se movilizaban rápidamente hacia esa zona.

Un espectáculo aterrador se mostraba ante los ojos de los que allí acudieron: el buque francés La Coubre había explotado cuando se descargaban granadas y municiones destinadas a la defensa de la Revolución y pueblo cubanos.

Treinta minutos más tarde, en los momentos en que cientos de personas ayudaban a rescatar los cadáveres y a los lecionados, una segunda explosión en el mismo barco, aún más devastadora, volvía a sacudir a los muelles y sus alrededores, provocando un mayor número de víctimas. Hierros retorcidos e incandescentes junto a piernas, brazos y otras partes de cuerpos caían a grandes distancias... Hubo más de 100 muertos, entre ellos seis marinos franceses, y más de 200 heridos, además de los daños materiales ocasionados en centros de trabajo y viviendas aledañas.

En La Coubre venían toneladas de granadas antitanques y de municiones para fusiles FAL, cargadas en Amberes y adquiridas en Bélgica, no obstante las presiones del Gobierno norteamericano a esa y otras naciones aliadas europeas para impedir la compra de armas por parte de Cuba.

FEROZ CRIMEN DE NUESTROS ENEMIGOS

El entierro de las víctimas el 5 de marzo, en horas de la tarde, constituía el sepelio más grande y multitudinario que se había visto en el país hasta ese momento. La Avenida 23, una por las que pasaría el cortejo fúnebre, hasta el cementerio de Colón, se encontraba llena de flores. Cientos de miles de personas copaban las aceras, balcones y techos a lo largo de todo el recorrido para rendirle homenaje a los caídos.

En la despedida del duelo, el Comandante en Jefe Fidel Castro dejaba claro que se habían hecho investigaciones que demostraban que la explosión no fue por causa de un accidente, sino obra de enemigos de la Revolución, de aquellos que no querían que nuestro pueblo se armara. Denunció las presiones del Gobierno norteamericano para que Bélgica no vendiera armas y municiones a nuestro país, y dijo que fue un criminal sabotaje preparado en el exterior, en uno de los lugares donde el barco La Coubre tocó puerto antes de venir para Cuba.

Al finalizar su intervención, Fidel subrayó la firme voluntad del pueblo de defender la Revolución, expresada en que "no solo que sabremos resistir cualquier agresión, sino que sabremos vencer a cualquier agresión y que nuevamente no tendríamos otra disyuntiva que aquella con que iniciamos la lucha revolucionaria, la de libertad o la muerte; solo que ahora libertad quiere decir algo más todavía, libertad quiere decir Patria, y la disyuntiva nuestra será: Patria o Muerte".

Y esta consigna pasó a formar parte de la historia de nuestro país, repetida a lo largo de estos 45 años de lucha y en los momentos más cruciales de la nación.

No ha sido solo una frase, sino el ejemplo digno y estoico de todo un pueblo que ha decidido firmemente que es preferible, en última instancia, morir defendiendo su Revolución antes de que la Patria vuelva al pasado capitalista que nos prometen los dementes de la Casa Blanca y sus acólitos neoanexionistas.

 

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