Centenario de Guido García Inclán

La palabra de la gente

Periodista esencial del siglo XX cubano, fue una de las personalidades más fieles a su época

ANETT RÍOS JÁUREGUI

Temprano en la mañana se sentaba frente a la máquina de escribir y tecleaba con los dedos índices. Nunca aprendió a pulsar las teclas de otra forma. Su oficina era como una gran pecera, un despacho de cristal con este rótulo en la puerta: No toque, pase. Afuera transcurría la vorágine cotidiana de la emisora radial. Concentrado en la cuartilla, Guido García Inclán (1905-1983) componía diariamente su editorial, el comentario que durante años muchos cubanos esperaron con la misma urgencia con que se sigue una radionovela.

Guido García Inclán fue
 un apasionado martiano.

Avanzada la década del sesenta del siglo pasado, todavía redactaba sus trabajos vestido de cuello y corbata. El editorial se transmitía después de las 12 del día por Radio C.O.C.O., y la comunicación con la gente era inmediata. Podía hablar de las nacionalizaciones, los símbolos patrios, lanzar una campaña contra los fumadores en ómnibus públicos o criticar la calidad del queso de las pizzerías.

"Si esto lo supiera nuestro Fidel", era una de sus frases favoritas, recuerdan algunos colegas. Su sensibilidad para atender los problemas de la Revolución y su lealtad a Fidel, comentan, resultaban ejemplares. Veía el ejercicio responsable de la opinión como una de las mejores maneras de defender la obra revolucionaria. Durante los años cincuenta fue llamado "el más cívico de los periodistas cubanos", por su intensa obra de servicio público en el combate a la corrupción, el crimen organizado, la tiranía batistiana. En 1959 ya era un profesional emblemático, y durante los años siguientes fue reconocido como maestro de periodistas.

Aunque colaboró con la prensa escrita (una de sus famosas secciones fue "Arriba Corazones", en Bohemia) y la televisión, era un hombre de radio que creía fervorosamente en su poder movilizativo. En 1948 adquirió la C.O.C.O., una emisora inaugurada en 1933, y le dio su nombre actual: El Periódico del Aire, onda deportiva e informativa. A mediados de los cincuenta se vio obligado a ceder su propiedad después de continuos episodios de censura y clausura, pero en 1959 el Comandante en Jefe Fidel Castro le encargó nuevamente la dirección de la C.O.C.O. Cuando la emisora era mía, era de Fidel, y ahora que es de Fidel, es mía, le gustaba decir.

Su vida en la C.O.C.O. fue el centro de una maravillosa historia para narrar, con versiones y misterios, como la historia de cualquier hombre. "Uno se pregunta cómo no lo mataron durante la dictadura", apunta Wilfredo Gil, director actual de la emisora. "Lo único que cabe pensar es que tenía tanta fuerza en la mente, que los criminales resultaban impotentes ante un hombre que siempre decía la verdad".

DÍAS DE RADIO

Según explica Gil, cuando en 1948 fue clausurada definitivamente la estación radial del Partido Socialista Popular, García Inclán invitó a todo su colectivo a utilizar sus micrófonos. Su espacio sirvió de tribuna a la campaña moralizadora de Eduardo Chibás y luego a Fidel. En 1957, Pastorita Núñez propuso a Fidel Castro como Presidente en Armas del Partido Ortodoxo, después del asesinato de su líder Pelayo Cuervo. Los periódicos casi no se atrevieron a difundir la propuesta —ha contado Pastorita, quien fue su amiga personal—; sin embargo, Guido lo dijo todo en su noticiero.

Fue líder de sucesivas campañas cívicas. Durante años influyó en la opinión pública y solicitó ayuda para alzar una tumba digna en el cementerio de Santa Ifigenia a José Martí. Su dedicación a esta obra nunca fue reconocida por el gobierno de entonces. María Luisa Mac-Beath, colega y amiga personal de García Inclán, cuenta que él encargó a un escultor la confección de pequeñas estatuillas del Apóstol para vender. Lo recaudado se enviaba a la Sierra.

Sergio Amarante, periodista de la C.O.C.O., opina que fue un hombre clave para el movimiento revolucionario cubano. "El periodista no puede estar ajeno a su tiempo. Y él nunca lo estuvo. Corrió todos los riesgos necesarios". Apoyó de múltiples formas a la lucha clandestina. Visitaba las estaciones de policía para interesarse por los detenidos. Apasionado por Martí, insistió toda su vida en el desarrollo de una cultura martiana.

Era intrépido. También un gran creador. Wilfredo Gil señala que no existía en la radio cubana una concepción orgánica de noticiero hasta la aparición de El Periódico del Aire. El primer móvil que tuvo una emisora en el país, agrega, lo tuvo la C.O.C.O. gracias a él.

LA HUMILDAD

García Inclán sostuvo estrechos vínculos con Fidel, Chibás, Juan Manuel Márquez, Celia Sánchez, los padres de Camilo Cienfuegos, entre otros, indica Amarante; pero no se envanecía, era el más modesto y sencillo de los hombres. Su humanidad fue extraordinaria. Conocía los problemas de los trabajadores, almorzaba junto a ellos. "Un director debe saber lo que pasa en su órgano de prensa, desde su oficina de cristal, él estaba al tanto de todo".

Tenía toda la paciencia del mundo para enseñar a los jóvenes, recuerda María Luisa; enseñaba a su colectivo la historia de la Revolución y su pasión martiana. Abría el micrófono a las nuevas generaciones, confiaba en ellas y les daba esa responsabilidad.

La ética, el respeto a las fuentes informativas, el entusiasmo por el periodismo de investigación y su enorme aptitud de servicio, lo distinguieron profesionalmente. La filosofía de Fidel de que hay que atender al pueblo era para Guido lo más importante, precisan sus colegas.

 

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