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El hombre de las banderas
En la vida de un
cederista hasta lo más insignificante en apariencia puede ser útil
a la comunidad
Ortelio
González Martínez
CHAMBAS, Ciego de
Ávila.— Existe un personaje singular en el poblado avileño de
Camilo Cienfuegos. Como los rapsodas, va marcando la cadencia de sus
pasos. Solo que Martín Pérez Rodríguez no es como aquellos
recitadores errantes que en la Antigua Grecia cantaban poemas
homéricos. A él se le conoce en la comarca como el hombre de las
banderas.
Martín, siempre adornando la comunidad.
Flaco y desgarbado. Me
hace pensar en que al ser humano no se le puede juzgar por
apariencias o por el estuche de su cuerpo, sino, más bien, por el
material que lleva dentro.
Lo increíble para
algunos, es creíble para otros, sobre todo, los que ven a Martín
en cada fiesta cederista. No hay una en que no salga con sus sacos
llenos de banderas a adornar las calles de tierra del poblado.
—
Apártense, que ahí voy, dice. Y las coloca, una a una, por toda la
comarca.
Comienza por una punta
del camino y termina por la otra. No imagino cuántas banderas caben
en sus sacos, pero de lo que sí estoy seguro es que mucho de buen
cederista le brota desde muy adentro.
Es su forma de ayudar. Y
es que tiene los mismos bríos de cuando era presidente del CDR
Adalberto Sifonte, o coordinador de la Zona 40 del poblado.
Son pocos los que lo han
visto triste alguna vez, "porque esa palabra la enterré junto a las
tantas amarguras que sufrí en el pasado".
A los 69 años siente su
utilidad cuando realiza acciones en favor de la comunidad.
"Me
satisface poder colaborar con los demás y no me preocupo por hacer
ni más ni menos que los que me rodean. Siento un gran estímulo en
poder caminar por el barrio en cualquier horario del día o de la
noche, y ver el fruto del esfuerzo; saber que no se cometió ningún
delito en la comunidad. Aquí se hace la guardia cederista, de eso
no tenga dudas", dice.
Este hombre participó
como miliciano en la limpia del Escambray, en la zona de Manaca
Iznaga, en la actual provincia de Sancti Spíritus.
Conoció de sueños
frustrados antes de 1959. Martín tiene la memoria lúcida para
recordar aquellos días en que para ganarse tres pesos al mes debía
pasarse horas y horas espantando las gallinas de un malangal.
Lo dice: "ahí comencé
a forjarme", y después que Fidel trajo la esperanza, el Primero de
Enero de 1959, "estudié algo, pasé un curso de operador de
combinada y otro de mecánico. Ahora estoy jubilado, pero los CDR y
la Revolución pueden contar conmigo, no solo para poner las
banderas al lado del camino". |