Las cruces que nunca marcó

Recuerda mujer habanera las elecciones antes de 1959

MARÍA JULIA MAYORAL

"La gente me decía. Pero Caridad, ¿tú eres boba? Con la situación que tienes con los muchachos..."

Foto: JORGE LUIS GONZÁLEZCaridad Ramos Encinosa: testigo de las farsas electorales escenificadas en Cuba antes del triunfo de la Revolución.

A cada rato en la Junta Electoral de Marianao le hacían la misma sugerencia, y ella repetía su invariable respuesta: "No voy a perder mi matrimonio con Andrés por unos cuantos pesos; ya entré contra su voluntad".

Caridad Ramos Encinosa tiene ahora 77 años, pelo cano y un cuerpo menudo con las huellas del tiempo. Su compañero de la vida falleció hace seis años, pero sus recuerdos son nítidos.

Al esposo lo habían despedido. El dueño de la fábrica, dedicada a la producción de barquillos para helados, exigió a todos los empleados la entrega de su cédula electoral y la de sus familiares a cambio de mantener el puesto. "Andrés rompió su papel y el mío delante de la cara del administrador".

La petición de aquel hombre no era nada extraña en aquella época del capitalismo. "Una de mis primas estuvo muy mala con apendicitis y para poder operarla en el Hospital de Emergencias mi tío entregó las tres cédulas de la familia, la suya, la de su señora y la de mi prima".

Andrés no estaba acostumbrado a las faenas rudas, en la fábrica se dedicaba a preparar las pastas de harina para los barquillos, pero al quedarse sin empleo tuvo que irse para la construcción como peón. "El primer día llegó a la casa con las manos desbaratadas; el sueldo era mucho peor, y teníamos cuatro hijos chiquitos. Entonces una amiga mía, empleada en la Junta Electoral de Marianao, me dice que podía interceder para que me admitieran allí; pagaban 120 pesos, una fortuna cuando aquello, y yo tenía buen nivel cultural.

"Me parece estar oyendo la reprimenda de Andrés, como si eso no hubiera ocurrido hace más de 50 años: Vas contra mi voluntad; y que yo no me entere que le has aceptado dinero a ningún candidato, ni que le hayas puesto cruces de más a esa gente."

A la Junta Electoral, relata Caridad, iban con frecuencia candidatos a concejales y a representantes para ver cómo marchaban los cómputos de los votos. Era usual que les dieran "por debajo del telón" algún dinero a trabajadores de la Junta para que estos marcaran varias cruces a su favor.

"Algunas personas no veían eso como algo malo. Decían: yo no le estoy robando nada a nadie, y de todas maneras ningún pobre va a hacer carrera de político. Pero en la Junta también estábamos los que pensábamos: nos morimos pobres, pero honrados. Lali, una amiga mía que trabajaba allí, tampoco aceptó nunca sobornos ni adulteró las votaciones.

"Entre los aspirantes a Representante estaba el dueño del Club Náutico en la capital. Un día, estando allí con los muchachos se acercó y me preguntó cómo había entrado. Le respondí que pagando la entrada como todo el mundo. Entonces me comentó: le voy a dar una tarjeta para que usted y su familia puedan entrar sin pagar absolutamente nada. Lo acepté, en la conversación no se había hablado sobre las elecciones, y de todas formas no le pondría ni a él ni a ningún otro aspirante cruces a su favor, ni le iba a conseguir cédulas."

Caridad estuvo poco tiempo en la Junta Electoral de Marianao. "Andrés me dijo: Ya está bueno, te vas de ahí. Después una maestra, vecina de nuestro barrio en Marianao, me pidió que le lavara y planchara la ropa. Por 60 centavos lavaba, almidonaba y planchaba cada camisa de guarandol de hilo. Con eso nunca llegaba a los 120 pesos de la Junta, pero en mi casa había tranquilidad".

Mas información en: Cuba Elecciones Democracia

 

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