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¿Habrá un próximo?
ARNALDO MUSA
La tos y la fiebre son
algo comunes entre las más de 4 000 familias sin hogar de
Chabran-e-Babrak, en las inmediaciones de Kabul, la capital afgana.
"Mi
bebé, de tres días, murió la noche del viernes", relata Akakhel,
de 35 años, al corresponsal del diario indonesio en idioma inglés
Herald Tribune. Era su cuarto hijo, y ya ha perdido a dos.
Solo en esa semana
perecieron 67 personas, la mayoría niños, como consecuencia del
frío en varios campos de refugiados, abandonados a su suerte,
cuando miles y miles de millones de dólares llegan a la nación
para apuntalar a un régimen en una reconstrucción que esta
implícitamente a cargo del que más ha contribuido a la
destrucción del país centroasiático, Estados Unidos.
Después de ocho años
de sequía, las fuertes nevadas con su posterior deshielo
constituyen un verdadero infierno para los miles de refugiados y
otras decenas de miles de personas que vagan por la nación, aún
abandonada, dividida y ocupada por la bota extranjera.
Según cifras oficiales,
hay unas 10 000 familias de desplazados en Kabul divididas en dos
campos, además de que muchas personas, no contabilizadas como
refugiados, subsisten en edificios semidestruidos por los bombardeos
y en otras 25 localidades de la capital.
Mientras tanto, ya se
levantan algunas costosas residencias alrededor de Kabul, todas
propiedades de oficiales y funcionarios gubernamentales, como
muestra de la inequidad existente y de los frutos de un poder dado
por los agresores imperialistas y ahora santificado con comicios sin
credibilidad.
Al efecto, un
corresponsal del diario The New York Times señaló que el Ministro
de Desarrollo Urbano, quien tiene responsabilidad por la
construcción de viviendas, se negó a responder sobre los problemas
al respecto en una ciudad que ya tiene 3 400 000 habitantes, 700 000
más que dos años atrás.
La denominada Agencia
norteamericana para el Desarrollo Internacional prometió asistir a
2 000 familias sin hogar, pero todo ello se circunscribe a la
capital, y no a los que viven en campamentos de refugiados, muchos
de los cuales no pueden retornar a las tierras que ocupaban en
áreas rurales, debido a la falta de asistencia primaria,
inestabilidad de la situación y las constantes luchas entre
terratenientes o "señores de la guerra", y tropas norteamericanas y
el ejército local con grupos de opositores a la presencia militar
de Estados Unidos y sus aliados.
No hace mucho, el
presidente Hamid Karzai dijo a los refugiados: "Regresen y los
ayudaremos". Algunos lo hicieron, no porque confiaron en él, sino
porque el Gobierno paquistaní cerró varios de los campamentos que
patrocinaba y los organismos de Naciones Unidas suspendieron sus
magras raciones. Pero ahora, como expresó Janda Kul a The Times, "si
sobrevivimos este invierno, no lo haremos el próximo".
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