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Las trampas de la OMC
JOAQUÍN RIVERY TUR
YJOSÉ A. DE LA OSA
Diez
meses después del fracaso de la Organización Mundial de Comercio
en Cancún (septiembre del 2003), en Ginebra, cuartel general de la
organización creada para tratar de acelerar las aperturas
comerciales que convienen a los desarrollados, sonaron de pronto
tambores de triunfo. Parecía que estados ricos y pobres habían
llegado a un consenso planetario en la estancada Ronda de Doha.
Toda vez que los
problemas causados por el neoliberalismo (la OMC es solo uno de sus
instrumentos) fueron profundamente analizados por el VII Encuentro
Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del
Desarrollo, vale la pena reflexionar un poco sobre ello.
Lo mejor es que lo haga
un economista bien conocedor como Jaime Estay, profesor de la
Benemérita Universidad de Puebla, en México.
El "logro" de Ginebra,
denominado Paquete de Julio por haberse alcanzado el último día de
ese mes el año pasado en Ginebra, no es nada favorable a los
países subdesarrollados.
Tomemos el inabordable
tema agrícola, concretamente los grandes subsidios que los países
industrializados conceden a sus productores.
En la reunión de julio
pasado, en Ginebra se declaró la "intención" de que las naciones
ricas disminuyan los subsidios, pero—subraya el economista— el
documento aprobado no habla de cuándo lo van a hacer. Evidentemente
una trampa para contentar oídos y tratar de destrabar las
negociaciones.
No hay agenda precisa ni
un cronograma para el "acuerdo", que se aplicaría a las
exportaciones, no a la producción interna. Eso, por cierto, podría
mantener cerrado el acceso a mercados que son capaces de
autoabastecerse, pero no de competir con la producción agropecuaria
del Tercer Mundo. Es una "solución trampa".
Hay un segundo
componente del Paquete de Julio que es un retroceso limpio: los
aranceles no agrícolas. Según Estay, puede ser francamente dañino
para muchos productores de los países atrasados, porque "se
establece un ritmo muy rápido de reducción de impuestos, lo cual
deja indefensa a una parte importante de la industria de los
subdesarrollados".
"Eso significa que en un
plazo muy corto, un porcentaje importante de la industria no
agrícola de los países atrasados va a quedar sujeta a la
competencia libre con la industria de los países desarrollados, lo
cual implica consecuencias que uno puede imaginar fácilmente en
términos de quiénes van a estar en mejores condiciones de competir
y ganar, pues las naciones del Tercer Mundo tienen muy malas
condiciones para resistir ese enfrentamiento", afirma el
especialista.
Para el profesor de la
Benemérita Universidad de Puebla, el otro problema es el
tratamiento al tema del desarrollo dentro de la OMC, lo que la
organización ha llamado "trato especial y diferenciado" que en los
papeles los países ricos deben otorgar a las naciones atrasadas.
En julio se acordó que
se iba a revisar esa fórmula que los industrializados no han
cumplido con los subdesarrollados.
Según documentos de la
OMC de hace unas pocas semanas, subraya Estay, "yo diría que lo que
hay en el futuro inmediato es la permanencia de la tendencia a
devaluar ese trato, sacarlo de las negociaciones, y acentuar el
criterio de que todos los países deben ser iguales. Se va a
acentuar lo que se podría llamar la reciprocidad en oposición a la
preferencialidad hacia los países atrasados", porque se sostiene
que el trato diferenciado "distorsiona"—según los poderosos— el
libre comercio que a ellos conviene.
Por tanto, el balance
global del llamado Paquete de Julio es francamente negativo, más
bien pareció una jugada propagandística para revertir el fracaso
de Cancún. Las propuestas son reales trampas.
La OMC no es nada
transparente ni democrática. En el referido documento de hace unas
semanas, la organización rechaza todas las críticas que se le
hacen. Además, aunque cada país tiene formalmente un voto, las
decisiones se toman por un grupo muy pequeño denominado Salón
Verde, que sesiona paralelamente a los grandes encuentros, cocina
todo y luego lo traslada al resto de los miembros.
"La posibilidad
verdadera de discutir y decidir en el plenario queda reducida
prácticamente a cero. Esa práctica ha sido muy criticada y se
repitió nuevamente en la reunión de julio. Participa, claro,
algún país atrasado, pero de todas formas ¿cómo es posible que
cinco naciones decidan en nombre de los 148 miembros?"
Esas son las argucias
con que la OMC pretende engañar al Tercer Mundo. Así funciona ese
instrumento neoliberal, y los desarrollados no tienen intenciones de
cambiar nada.
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