Las trampas de la OMC

JOAQUÍN RIVERY TUR YJOSÉ A. DE LA OSA

Foto: RICARDO LÓPEZ HEVIADiez meses después del fracaso de la Organización Mundial de Comercio en Cancún (septiembre del 2003), en Ginebra, cuartel general de la organización creada para tratar de acelerar las aperturas comerciales que convienen a los desarrollados, sonaron de pronto tambores de triunfo. Parecía que estados ricos y pobres habían llegado a un consenso planetario en la estancada Ronda de Doha.

Toda vez que los problemas causados por el neoliberalismo (la OMC es solo uno de sus instrumentos) fueron profundamente analizados por el VII Encuentro Internacional de Economistas sobre Globalización y Problemas del Desarrollo, vale la pena reflexionar un poco sobre ello.

Lo mejor es que lo haga un economista bien conocedor como Jaime Estay, profesor de la Benemérita Universidad de Puebla, en México.

El "logro" de Ginebra, denominado Paquete de Julio por haberse alcanzado el último día de ese mes el año pasado en Ginebra, no es nada favorable a los países subdesarrollados.

Tomemos el inabordable tema agrícola, concretamente los grandes subsidios que los países industrializados conceden a sus productores.

En la reunión de julio pasado, en Ginebra se declaró la "intención" de que las naciones ricas disminuyan los subsidios, pero—subraya el economista— el documento aprobado no habla de cuándo lo van a hacer. Evidentemente una trampa para contentar oídos y tratar de destrabar las negociaciones.

No hay agenda precisa ni un cronograma para el "acuerdo", que se aplicaría a las exportaciones, no a la producción interna. Eso, por cierto, podría mantener cerrado el acceso a mercados que son capaces de autoabastecerse, pero no de competir con la producción agropecuaria del Tercer Mundo. Es una "solución trampa".

Hay un segundo componente del Paquete de Julio que es un retroceso limpio: los aranceles no agrícolas. Según Estay, puede ser francamente dañino para muchos productores de los países atrasados, porque "se establece un ritmo muy rápido de reducción de impuestos, lo cual deja indefensa a una parte importante de la industria de los subdesarrollados".

"Eso significa que en un plazo muy corto, un porcentaje importante de la industria no agrícola de los países atrasados va a quedar sujeta a la competencia libre con la industria de los países desarrollados, lo cual implica consecuencias que uno puede imaginar fácilmente en términos de quiénes van a estar en mejores condiciones de competir y ganar, pues las naciones del Tercer Mundo tienen muy malas condiciones para resistir ese enfrentamiento", afirma el especialista.

Para el profesor de la Benemérita Universidad de Puebla, el otro problema es el tratamiento al tema del desarrollo dentro de la OMC, lo que la organización ha llamado "trato especial y diferenciado" que en los papeles los países ricos deben otorgar a las naciones atrasadas.

En julio se acordó que se iba a revisar esa fórmula que los industrializados no han cumplido con los subdesarrollados.

Según documentos de la OMC de hace unas pocas semanas, subraya Estay, "yo diría que lo que hay en el futuro inmediato es la permanencia de la tendencia a devaluar ese trato, sacarlo de las negociaciones, y acentuar el criterio de que todos los países deben ser iguales. Se va a acentuar lo que se podría llamar la reciprocidad en oposición a la preferencialidad hacia los países atrasados", porque se sostiene que el trato diferenciado "distorsiona"—según los poderosos— el libre comercio que a ellos conviene.

Por tanto, el balance global del llamado Paquete de Julio es francamente negativo, más bien pareció una jugada propagandística para revertir el fracaso de Cancún. Las propuestas son reales trampas.

La OMC no es nada transparente ni democrática. En el referido documento de hace unas semanas, la organización rechaza todas las críticas que se le hacen. Además, aunque cada país tiene formalmente un voto, las decisiones se toman por un grupo muy pequeño denominado Salón Verde, que sesiona paralelamente a los grandes encuentros, cocina todo y luego lo traslada al resto de los miembros.

"La posibilidad verdadera de discutir y decidir en el plenario queda reducida prácticamente a cero. Esa práctica ha sido muy criticada y se repitió nuevamente en la reunión de julio. Participa, claro, algún país atrasado, pero de todas formas ¿cómo es posible que cinco naciones decidan en nombre de los 148 miembros?"

Esas son las argucias con que la OMC pretende engañar al Tercer Mundo. Así funciona ese instrumento neoliberal, y los desarrollados no tienen intenciones de cambiar nada.

 

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