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Cómo no iba a cantar Gilberto Gil
Pedro
de la Hoz
Gilberto
Gil no se hizo rogar. Embriagado con la carga emotiva transmitida por
el piano de Chucho Valdés —suprema recreación del tema de Leo
Brouwer, Un día de noviembre, con una bossa nova en el centro—,
el fundador del tropicalismo pidió una guitarra y fue desgranando
uno, dos, hasta siete temas, que remató con una frase nacida del
corazón: "Gracias, Cuba, por haberme hecho sentir como en mi propia
casa".
Desde Varadero 1984 no
estaba en la Isla. Bien tarde en la noche de la playa en festival
cantó aquella vez. "Me gustaría volver a hacerlo —comentó a este
redactor el sábado—; el público cubano es uno de los que mejor nos
comprende".
Gilberto fue pródigo y
agradecido en Casa de las Américas. Roberto Fernández Retamar,
presidente de la institución, le dio la bienvenida y calificó la
presencia del cantor como "un momento trascendente, pues Gilberto es
un gran artista y aquí vemos a Brasil como un Caribe enorme que
anuncia así su cercanía cultural con Cuba".
En la primera hora del
inusitado encuentro, al que la prensa accedió sin previa
información, la trova se adueñó del espacio. Gil siguió con mucha
atención las propuestas, sobre todo las de Santiago Feliú. Y se le
vio deslumbrado ante la imaginación versificadora de Alexis Díaz
Pimienta y, claro está, frente al torrente improvisatorio de Chucho.
Luego se animó a cantar.
Escuchándolo se entiende por qué, al igual que Chico Buarque y
Caetano Veloso, adquiere una dimensión mítica. Cada tema suyo se
distingue por abordar, de manera lúcida y esencial, los aires
ancestrales de su tierra, la savia mezclada de África y Europa en el
crisol brasileño.
En su repaso musical trajo
varios de los temas nuevos y revisitados en su más reciente
grabación, Eletracústico, de gran éxito desde noviembre
pasado en su país. Uno de ellos nos remontó a los inicios del
tropicalismo (la nueva canción brasileña) en los sesenta: Soy
loco por ti América. Otro, Los hijos de Gandhi, al que
sumó a la poetisa Eliza Lucinda en memorable scat, nos puso sobre la
pista de un talento siempre innovador.
A todas estas, Gilberto no
vino precisamente a cantar. Viajó a La Habana como ministro de
Cultura del gabinete de Lula, para asistir a la clausura de las
jornadas capitalinas de la XIV Feria Internacional del Libro Cuba 2005
que ha tenido a Brasil como país Invitado de Honor.
El propio sábado firmó
en el Museo Nacional de Bellas Artes con su homólogo cubano Abel
Prieto un convenio de intercambio cultural, cuya primera acción hará
posible la realización de una amplia jornada de arte cubano en
ciudades brasileñas.
"Estoy
satisfecho con la firma de este acuerdo y aspiramos a que sea exitosa
la presencia de nuestro mensaje cultural gracias a este convenio",
declaró Abel Prieto. Gil ponderó el compromiso asumido por el
estatal Banco de Brasil en el auspicio de la serie de exposiciones y,
sobre su visita a Cuba, dijo que "ha sido una magnífica oportunidad
vivir estos momentos, aunque breves muy interesantes y muy profundos".
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