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Los reyes de Caimoní
JORGE LUIS MERENCIO
FOTOS: LEONEL ESCALONA
GUANTÁNAMO.— Cuesta
arriba, hacia el Este, por un pedregoso y polvoriento terraplén que
denuncia la sequía reinante, se llega de Guaibanó a Caimoní.
El ABC de la Computación,
desde los primeros momentos
en la vida de estudiante.
El difícil trayecto
parece multiplicar los casi 10 kilómetros que separan al principal
asentamiento poblacional del Valle de Caujerí de la pequeña
comunidad serrana, en el municipio de San Antonio del Sur.
Pero vale la pena llegar
a Caimoní si se desea comprobar que los programas educacionales de
la Revolución se extienden hasta el más humilde, recóndito y
desconocido paraje.
Un niño y una niña en
edad escolar habitan este sitio campesino de ocho viviendas y 33
personas dedicadas básicamente al cultivo de una tierra que clama
por la lluvia. Solo para Michel Matos Guzmán y Daineris Rodríguez
Navarro el Estado ha dispuesto escuela, maestro y medios
audiovisuales como computadora, video, televisor en colores,
alimentados por un panel fotovoltaico, además de libros y software
educativos.
Michel, de seis años de
edad, hizo el preescolar en Guaibanó y ahora cursa el primer grado
en la Luis Augusto Turcios Lima, combatiente revolucionario
guatemalteco cuyo nombre lleva el centro estudiantil de Caimoní.
Para Daineris este es el
tercer curso en su querida escuela. En ella hice preescolar, primer
grado y ahora estoy en segundo, expresa y busca apoyo a sus palabras
en Idelio, su padre, recién llegado del vial Maya-Los Asientos,
donde labora como integrante de una brigada que repara caminos
serranos.
Sueño todos los días
con mi escuela, con crecer, estudiar bastante y hacerme doctora para
cuidar a los enfermos, afirma la pionerita.
"Yo
quiero ser como Enrique: maestro, para enseñar a los demás",
interviene Michel en un impulso de locuacidad, sin dejar de observar
al maestro, quien no oculta la satisfacción por la adelantada
vocación de su alumno.
Escuela de Caimoní.
Enrique Matos, el
maestro de Caimoní, está a punto de cumplir 35 años de
experiencia en la enseñanza primaria. En tantos cursos siempre
trabajé con varios grados y este no es la excepción, aunque solo
tengo dos alumnos, comenta el consagrado pedagogo.
No obstante lo
intrincado de la zona donde viven, son niños muy atraídos por la
escuela. En esa conducta es importante el apoyo de los padres al
proceso docente educativo y el impacto de los medios audiovisuales.
Tanto a Michel como a
Daineris les atraen la Computación y el video, afirma Enrique para
apuntar que sus dos alumnos tienen clases entre 8 y 25 de la
mañana, y 4 y 30 de la tarde.
Cirenio Ramírez,
director zonal de Educación, informa que en los momentos de mayor
matrícula la Turcios Lima llegó a seis alumnos, y que en el centro
se estudia hasta cuarto grado, pues quinto y sexto se cursan en el
concentrado de primaria de El Chote (unos 10 kilómetros rumbo al
Este), y la secundaria básica en Guaibanó.
San Antonio del Sur,
distante su cabecera 62 kilómetros al Sudeste de la ciudad de
Guantánamo, posee solo en primaria 74 centros, de ellos cuatro con
matrícula de uno o dos estudiantes, asevera Maribel Martínez,
subdirectora de esa enseñanza en el municipio.
Al triunfar la
Revolución sobraban los dedos de una mano para enumerar las
escuelas existentes allí, casi todas privadas e inaccesibles para
la inmensa mayoría de la población, desposeída de dinero para
pagar, incluso, los estudios iniciales. |