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Construir sobre el dolor
ARNALDO
MUSA y JUVENAL BALÁN (fotos)
Enviados especiales
BANDA ACEH, provincia de
Aceh, Indonesia.— Casi al mismo tiempo que los trabajadores de
rescate, los periodistas llegamos hasta el pequeño cuerpo sepultado
en la arena y el agua, con los pies al descubierto. A más de un mes
del terremoto y tsunamis del 26 de diciembre pasado, siguen
apareciendo los cadáveres en toda esta zona, destruida por el
fenómeno de la naturaleza.
Áreas dañadas más de un mes
después del tsunami.
Ni los relatos más
precisos, ni quizás las vistas de esta calamidad y sus
consecuencias para el ser humano pueden reflejar la tristeza de lo
que se siente cuando se recuperan cuerpos que, al final, como
pudimos observar, tienen que ser enterrados en una fosa común, la
mayoría sin identificar.
Hasta 12 kilómetros
penetró el agua con una violencia que destruyó todo lo que hallaba
a su paso, e incluso hizo viajar por tres kilómetros al ferry PL TD
Apung 1, de la isla de Bataan, cargado con combustible. Un chofer,
Mukhlis, aseguró que a los tripulantes del barco no les pasó nada
y, luego de ser depositado en tierra, logró desviar aguas del
tsunami y salvar vidas.
Desde el lugar por donde
entró la gran ola se puede observar la tierra completamente
arrasada, y solo permanece en pie, aunque muy dañada, una mezquita
de mediana envergadura.
Barco plantado por el
mar lejos de la costa.
Al Oeste, sin exhibir
daños muy visibles, se encuentra la Gran Mezquita de Baidurrahman,
una belleza arquitectónica, con ocho gigantescos minaretes. Solo
una torre de 35 metros, cerca de la puerta principal, presenta
algunas rajaduras, a causa del terremoto de 8,9 grados que provocó
los tsunamis.
Rizal, el chofer que nos
acompaña, dice que fue construida en 1612, durante el reino del
sultán Iskandar Muda, pero que su origen se remonta realmente a
1292 por el sultán Alaidin Mahmudsyah.
No hay que olvidar que
Aceh fue el último de los territorios de la actual Indonesia
conquistado por los colonialistas holandeses.
Más hacia la playa se
encuentra lo que fue el edificio del único diario local, Serambi
Indonesia, completamente arrancado de sus cimientos. Muchos de sus
empleados desaparecieron. Este periódico tiraba diariamente unos
100 000 ejemplares y 16 páginas, y hace unos pocos días volvió a
aparecer, con 10 000 y seis.
Una mezquita, lo único
que quedó en pie en la zona.
Cerca del aeropuerto se
encuentra ubicado un campamento que alberga a unos mil huérfanos,
uno de los 26 dispersos cerca de la capital, con
127 000 refugiados en total.
Miles y miles de
personas llegadas desde Jakarta, principalmente, ayudan a los
sobrevivientes locales, de la parte no afectada, a limpiar de
escombros el lugar. Para quienes estuvieron antes, los trabajos han
marchado rápidamente, y ello da una idea del espíritu de borrar
las secuelas, por lo menos materiales, de la catástrofe.
Hay un proyecto
comunitario de construir gratuitamente viviendas para todos los
damnificados, en cinco años, pero alejadas por lo menos cuatro
kilómetros de la playa. Es decir, no hay intenciones de volver a
edificar en esa zona arrasada, donde será sembrado un árbol por
cada uno de los muertos o desaparecidos, calculados oficialmente en
146 000.
Esos árboles, afirman,
servirán de contención a cualquier próximo tsunami.
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