Jaque mate a Bruzón en su terruño

Pastor Batista Valdés

LAS TUNAS.— A pocas horas de su arribo a este, su terruño, el Gran Maestro cubano Lázaro Bruzón Batista acaba de ser víctima de una inesperada jugada que —en opinión de los especialistas del juego ciencia— lo hará estremecerse... quizás como nunca antes.

La partida promete ser, sin duda, el momento más emocionante en la agenda que para la sesión reserva la Asamblea Provincial del Poder Popular.

Dos razones no le hubieran permitido a Bruzón eludir el fraternal tope: primero, esa congénita sencillez que lo distingue desde que se paraba en la punta de pies para ver, por encima del borde de la mesa, el movimiento que hacían los adultos sobre el tablero, y segundo por ser en estos momentos uno de los delegados que integra ese órgano de dirección en la provincia.

Antes de iniciar la partida, Lilian González Rodríguez, vicepresidenta del Poder Popular, expresa unas palabras.

Pareciera que está más nerviosa que Lazarito, sobre todo mientras evoca a aquel niño que vistió de oro su participación en Juegos Nacionales Escolares, que subió a la cúspide en los nacionales juveniles, monarca del mundo también en esa categoría, ganador de torneos como el Capablanca, con relevante y decisiva actuación en el séptimo lugar ganado por Cuba durante la Olimpiada Mundial y con un honroso octavo puesto ahora en Holanda, ante la elite del ajedrez.

A pesar de cientos de miradas que se posan sobre él, Bruzón está sereno. Solo un leve sonrojo le sombrea el semblante cuando Lily destaca su excelente convivencia social y cómo deviene paradigma del deporte para la juventud cubana...

Con la seguridad del corcel, Pedro Jiménez Espinosa y Víctor Rodríguez Carballosa, primer secretario del Partido y presidente del Gobierno, respectivamente, desafían al joven monarca. Humilde como su nombre, Lazarito va al encuentro. Silencio casi absoluto. Peones, alfiles, torres... todos están a la expectativa.

No hay escape posible —parecen susurrarle a ras de memoria su mamá Emilia, sus hermanos Virgen y Yordanys, Yanet (el amor de todos sus segundos), su pequeño sobrino Miguel Ángel y hasta su inseparable entrenador Humberto Pecorelli...

Entonces, con la dignidad de un monarca digno, Bruzón se inclina, acepta la réplica (en pequeña escala) del machete con que combatió el Mayor General Vicente García González, abraza a "sus rivales" y lamenta no poder hacer lo mismo, uno por uno, con todos los presentes.

Horas antes, al llegar a Las Tunas, había dicho: "En cada movida tuve presente a mi familia, a mi pueblo y a mi Patria". Lejos estaba de suponer que, seres queridos, población y Patria se habían confabulado en este fulminante jaque mate, por medio de la más alta distinción que otorga el poder de ese mismo pueblo en la provincia.

 

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