Rehabilitación no es leer el ensalmo

Un pequeño grupo de especialistas y técnicos en el policlínico Norte, de Sancti Spíritus, prueba a diario la efectividad del ejercicio físico en función de la salud humana

JUAN ANTONIO BORREGO
FOTOS: VICENTE BRITO

SANCTI SPÍRITUS.— Aunque la pequeña Amanda Melisa permanece esta mañana con los ojos bien abiertos, sus apenas 20 días de vida le impiden comprender lo que realmente está ocurriendo. Por el momento se mantiene tan tranquila sobre el colchón que ni siquiera advierte los mimos con que tanta gente trata de calmarla mientras alguien frota con precisión una de sus manos.

Más de un centenar de pacientes
 visitan diariamente la sala.

Amanda padece de parálisis braquial, patología que aparece con frecuencia en recién nacidos, y desde hace días se convirtió sin saberlo en uno de los más de 100 pacientes que diariamente concurren a la sala de rehabilitación del policlínico Norte, de la ciudad de Sancti Spíritus, en busca de ejercicios físicos para remediar su salud.

Pudiera parecer demasiado temprano para el tratamiento, pero su madre, que está al tanto de todo lo de la pequeña, enseguida advierte lo contrario: "Los médicos del hospital materno lo diagnosticaron a las pocas horas del parto, cuando yo todavía estaba en recuperación, y según me explicaron mientras más rápido se actúe, resultará mejor".

SIN LISTA DE ESPERA

Aunque la sala de rehabilitación está ubicada en el área Norte de la capital provincial, es frecuente ver en ella a pacientes de otras zonas de la ciudad, e incluso de pueblos y comunidades cercanas como Zaza del Medio, Tuinucú y La Aurora. "Aquí no se vira para atrás a nadie ni hay lista de espera", dice Belisario Izquierdo, jefe técnico de la unidad asistencial.

Juana Margarita Martínez fue una de las que llegó un día sobre silla de ruedas tras sufrir un infarto cerebral que la dejó hemipléjica y ya hoy habla con orgullo de sus caminatas desde los edificios de la calle Garaita, donde vive, hasta el propio policlínico.

En la sala de la casa, Ismael
 junto a Bibí, su esposa e hija.

De su evolución también da cuenta José Luna, un habitual del área de mecanoterapia que cierto día se sintió impedido de mover las extremidades izquierdas y al cabo del tiempo se sorprendió a sí mismo paseándose de un lado a otro dentro del local.

Para conseguir tales "milagros" —acota su director— la sala cuenta en su nómina con un especialista en fisiatría, ocho técnicos rehabilitadores, una moderna tecnología que incluye 14 equipos con diferentes usos, recientemente adquiridos, más otros que con casi dos décadas de explotación aquí los conservan como nuevos y, por supuesto, con una valiosa experiencia en tales menesteres.

"Es bueno aclarar —explica Belisario— que esta sala si bien fue beneficiada ahora con la reparación total del policlínico y reequipada como otras muchas en la provincia y en el país, está rehabilitando personas desde 1986, en aquellos tiempos no teníamos fisiatras, pero estábamos adelantados en los gimnasios".

REHABILITACIÓN A DOMICILIO

Teresa Bibí asegura que aunque lleva 22 años de rehabilitadora, nunca antes había estado tan motivada como ahora que anda de casa en casa atendiendo a pacientes encamados, sin posibilidades de llegar hasta la instalación.

"La experiencia la iniciamos hace unos pocos meses, son casos muy críticos, que todavía no pueden enfrentarse a un gimnasio, yo comienzo a movilizarlos en un pasillo, dentro de la propia casa o donde se pueda para después incorporarlos a nuestra sala, no importa si al principio la familia duda, hay que verle la cara a la gente cuando logramos levantarlos de la cama", explica Bibí.

Y no hay que andar mucho para encontrar la casa de Ismael Ramos, hombre activo "que con 75 años no paraba", como dice su esposa, y un día inolvidable para todos perdió totalmente la movilidad en la mitad derecha del cuerpo.

Fue entonces cuando Bibí "cayó del cielo" y comenzó su trabajo: ejercicios de movilidad en las articulaciones, masajes, tratamiento postural... Nada de ensalmo. "Las horas parecían años para la familia", cuenta Elsa, la hija de Ismael, pero poco a poco fue imponiéndose la ciencia.

La primera señal positiva fue su respuesta a una de las tantas órdenes de la rehabilitadora, después la persistencia siguió entregando frutos: paso a paso, más seguridad en las piernas, marcha continua...

Ahora, sentado en la sala de su casa, Ismael acepta ponerse de pie y posar para el fotógrafo. "Burro" en mano comienza a devorar la distancia que más veces ha recorrido en su vida, levanta la frente y la mirada se le escapa por la puerta entreabierta hacia la escalera que desciende, como si de momento calculara el tiempo que le falta para deslizarse sobre cada peldaño y más temprano que tarde volver a coger calle.

 

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