NACIONES UNIDAS, 1 de febrero (PL).—
La comisión internacional de la ONU sobre Sudán
echó por tierra hoy, en sus conclusiones, los argumentos estadounidenses
para colocar al gobierno de ese país en el banquillo de los
genocidas.
Desde el año pasado el entonces
secretario de Estado Colin Powell y miembros del congreso en
Washington, erigidos en jueces supremos del mundo entero,
proclamaron como cierta una acusación tan grave, en una perspectiva
intervencionista.
Ahora esa misma peligrosa tendencia
de juzgar a los demás se manifiesta en torno al disuelto programa
para Iraq, de petróleo por alimento con los dardos apuntando hacia
el secretario general de la ONU, Kofi Annan.
En noviembre pasado un grupo de
expertos designados por Annan, se desplazó a Sudán para determinar
en el terreno la certeza de un cargo recibido aquí desde el
principio con enormes reservas y sospechas.
La conclusión que acaba de
divulgarse es terminante: "el gobierno de Sudán no ha llevado
a cabo una política de genocidio".
Sin embargo la comisión afirma que
hubo violaciones de derechos humanos en la región occidental del
Darfur, escenario de un violento conflicto entre fuerzas
gubernamentales y movimientos opositores armados.
El reporte de 176 páginas entregado
al Consejo de Seguridad señala a las autoridades y al grupo
paramilitar Janjaweed, como responsables de ataques en los que
murieron civiles, desapariciones, destrucciones de aldeas, pillaje y
desplazamientos.
Pero también se encontraron
evidencias creíbles de que fuerzas rebeldes cometieron violaciones
parecidas.
Los investigadores proporcionaron una
lista de personas de ambos lados del conflicto que se cree son
responsables directos de acciones condenables como crímenes de
guerra, con la recomendación de conducirlos ante la justicia.
Para ello consideraron que la Corte
Penal Internacional sería el órgano más competente, algo a lo que
de antemano se ha opuesto Estados Unidos.
La semana pasada la representación
norteamericana propuso que el Tribunal especial para Rwanda, que
sesiona en Arusha, Tanzania, se ocupara de esos eventuales procesos,
pero varios miembros del Consejo se opusieron de inmediato.
Si bien quedó descartada la más
grave acusación contra Jartum, parece bastante probable que gane
terreno un proyecto de resolución para reforzar el embargo de armas
y la prohibición de vuelos militares sudaneses en Darfur.
De acuerdo con la ONU la crisis
política en esa región provocó la muerte de unas 70 mil personas
y el desplazamiento interno de un millón 600 mil mientras que otras
200 mil buscaron refugio en Chad.
La Unión Africana, que continúa
desplazando tropas pacificadoras, auspicia un lento y difícil
proceso de negociaciones entre el gobierno del Jartum y los
movimientos insurgentes de Liberación de Sudán y de Justicia y
Equidad, en busca de un arreglo del complejo contencioso.