Médicos cubanos en Sri Lanka

La hospitalidad que no logró arrasar el tsunami

ARNALDO MUSA y JUVENAL BALÁN (foto) 
Enviados especiales

KOGGALA, Provincia del Sur, Sri Lanka.— La brigada médica cubana que desde el pasado día 9 labora intensamente en esta muy dañada provincia, ya ha cumplido el importante objetivo de evitar el surgimiento de epidemias en el lugar asignado y ahora realiza una intensa labor de prevención, que le ha ganado el cariño de miles de habitantes de la zona.

Doctor Rigoberto Torres Peña.

Exponente de ello es el doctor Rigoberto Torres Peña, de Ciudad de La Habana, especialista de segundo grado en Epidemiología, con amplia experiencia internacional, quien explicó que el área de atención del grupo tiene unos 10 kilómetros cuadrados en una zona muy golpeada.

Los cuatro equipos médicos que iniciaron las labores en diferentes lugares vieron escenas realmente tristes, personas cuyas casas y seres queridos desaparecieron por completo.

Hay casos de familias de 10 personas, en las que quedaron solo una o dos. Algunos sobrevivieron encaramados en árboles o partes de la vivienda que fueron cubiertos por las aguas.

Desde su arribo, la brigada cubana ha desarrollado un trabajo asistencial, tratando de advertir a tiempo los riesgos y problemas de salud que pueden surgir después de un desastre de esta magnitud, como epidemias por transmisión vectorial o digestiva, que constituyen los mayores riesgos en estas situaciones en las que las aguas se contaminan por la invasión del mar y de lo que arrastra a su furioso paso.

A pesar de todo eso, afortunadamente no hay indicios de que pueda existir un brote epidémico entre la población, y la gran mayoría de los casos que se atienden son los de heridos durante el tsunami o relacionados con la morbilidad normal de la zona. Los casos de diarrea han sido muy pocos, no hay dengue ni paludismo.

Este país, reconoce Torres Peña, posee un sistema de Salud con cobertura, dan atención médica estatal gratuita, utilizan historias clínicas y otros documentos, la vacunación tiene buen alcance, y el proceso de recuperación en general es bastante rápido.

"Hemos atendido ya unos 5 000 casos, sin contar un número aun mayor de curaciones, y desarrollado actividades educativas, casa por casa, audiencias para explicar las medidas higiénico-sanitarias".

El doctor Torres Peña, cumplió misión internacionalista desde finales de 1987 hasta principios de 1990 en Etiopía, donde fue jefe del contingente médico. Estuvo en Timor L' Este, bajo la orientación de Naciones Unidas para empezar a organizar el sistema nacional de Salud, y antes de llegar a Sri Lanka, trabajó en Honduras, en un proyecto de prevención del SIDA.

"Aquí atiendo estadísticas e higiene y epidemiología, aspectos en los que ya se hizo lo fundamental, y estamos buscando desplazarnos hacia otras comunidades. Los médicos de otros países ya se han ido de esta zona", aseveró.

Por el contrario, la enfermera Elsy Riquenes tiene ahora su primera experiencia internacional, y dice a Granma que "está conmovida por la humanidad del pueblo srilanqués, que nos ha dado apoyo, la casa en que estamos viviendo ahora; todo el pueblo nos quiere, una familia transmite a la otra que los cubanos estamos prestándoles ayuda, y eso nos conmueve, porque vienen, nos felicitan, nos hablan de cómo fue el tsunami, los problemas que tuvieron, las necesidades que están pasando.

"Estoy tremendamente orgullosa, porque me dieron la oportunidad de estar aquí. En el primer momento el trabajo fue muy arduo, y se tuvo que trabajar desde las primeras horas de la mañana hasta altas horas de la noche. Seguían llegando casos, y algo que me emocionó es que todos demostraban que conocían mucho de Fidel y de la Revolución Cubana."

Aramís Martínez Arias, especialista de control de vectores de Labiofam, señala que desde la llegada se dieron a la tarea de aplicar dos toneladas de Biorrat para el control de roedores en el área, que estaba muy devastada.

Explica que con el apoyo de la brigada médica se trabajó a lo largo de la costa, en un área de 17 kilómetros cuadrados infestada en un 70%, donde predominan cuatro especies de roedores: Rattus rattus, Rattus norvengicus, Mus spp. y Bandicota índica o rata gigante, que es portadora de un virus que ataca a los seres humanos y provoca una enfermedad de tipo hemorrágica, con una muerte rápida, porque es difícil el tratamiento del paciente. "Además, añade, colindamos con el distrito de Matara, donde la leptospirosis es endémica y el control de roedores es de total importancia. La efectividad de nuestro trabajo ha sido de un 95% al 100%", aseveró.

Elogió la labor de promotores de salud locales, como la srilanquesa Harshani Liyanadee, quien les sirvió voluntariamente de guía, principalmente en la comunicación con la población del área rural, que no conoce el inglés, para convencerla de que el Biorrat solo mata ratones, "y ahora nos visitan y piden que vayamos a sus casas", acotó.

 

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