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Seré fotógrafo
Raúl Corrales, Doctor Honoris Causa del ISA y protagonista de la excelente muestra Pasos por la historia, abierta en el Museo Nacional
ANDRÉS D. ABREU
En
1938 Raúl Corrales trabajaba de botones en el Carmelo de Calzada,
abriendo las puertas de los carros y saludando con un "buenas,
doctor" o un "buenas, señorita" a los clientes de la exclusiva
cafetería. Entre puerta y puerta, hojeaba a menudo alguna que otra
publicación norteamericana o europea, hasta que en una revista Life
encontró un reportaje de Dorothea Lange sobre la recesión en
Estados Unidos.
La
penuria, el hambre, la evacuación y el abandono de la tierra
reflejados en aquellas fotos tan bellas eran tan similares a lo
vivido por él en las sabanas de Ciego de Ávila, que Corrales tomó
una decisión: "Si tengo que trabajar para vivir, voy a hacer lo que
me gusta. Seré fotógrafo".
Cuenta que con lo
ahorrado de las propinas se compró una Kodak Baby Brownie, una
cámara barata y frágil que le permitió iniciar su camino por la
fotografía, y que "los ahorros alcanzaban también para comprar
rollos, pero no para revelarlos e imprimirlos. Entonces utilizaba
una lupa grande para hacer crecer el negativo y disfrutar de
parques, monumentos y cosas que ocurrían en las calles cubanas a
finales de los treinta".
Tanto fue el entusiasmo
por aquel entretenimiento, que Corrales lo convirtió en oficio
cuando trabajó para la Cuba Sonofilm, empresa que brindaba
servicios de fotografía y audio a sindicatos y partidos políticos.
Reconoce el fotógrafo que "toda mi obra ha estado marcada por un
sentido social, económico y político de ver la vida".
Tras el cierre y saqueo
ordenado por Batista a los archivos del periódico Hoy, diario donde
trabajó como fotorreportero junto a Oscar Pino Santos, ambos
decidieron abrirse espacios en revistas como Bohemia y Carteles. A
partir de esta etapa su archivo personal comienza a atesorar
imágenes que muestran no solo a un profesional de la cámara, sino
la existencia de una mirada profunda que lograba procesar los hechos
y sus mensajes desde las exigencias del arte.
De aquellos años datan
también conocidas fotos sobre el mar y los pescadores de Cojímar,
poblado donde reside desde 1953. "Yo me había criado rodeado de
sabanas. Podrás imaginar la sensación que me provocó la
inmensidad del mar", expresa mientras explica el sentido majestuoso
de esas instantáneas. El mar le deparó también un acercamiento
breve de su cámara a Hemingway, hecho que considera como "la única
pifia en mi vida profesional, porque solo le tiré un rollo de 12
vistas".
Luego vino la
Revolución cubana. "Un momento de eclosión para todo", recuerda
Corrales. "Lo que se hacía por la mañana ya no era noticia por la
tarde. La transformación era vertiginosa y había que hacer muchas
fotos para atrapar aquel proceso extremadamente dinámico. Lo hecho
y logrado por la Revolución años después es importante, pero
hacer despegar aquel barco cargado de problemas y llevarlo a navegar
por el mar en que lo encauzaron es un cuento aparte."
De esta etapa tan
efervescente del artista hay tres momentos distinguibles: las calles
y su transformación bajo la multitudinaria acción popular; Girón,
como campo de batalla, y las escuelas al campo como espacio de
experimentación.
En la década del
setenta, Corrales desapareció del trabajo público para cumplir con
la tarea de resguardar fotográficamente documentos importantes del
proceso revolucionario. Pero en los años noventa, jubilado
laboralmente, volvió a tomar la cámara ante la conmoción de los
sucesos asociados a la emigración ilegal. "Salí a la calle porque
yo siempre fui un fotorreportero", sentencia Raúl.
Al cumplir 80 años de
vida, piensa que no volverá a disparar el obturador a no ser que
algo grande suceda o una mujer bonita inspire su sugerente erotismo,
y sin llegar nunca al desnudo. Pero ya está en el Museo Nacional de
Bellas Artes, celebrando con los amigos de sus fotos y de su vida,
contando, desde el documental Yo miro y veo, otros secretos
sobre la historia de su nombre y su casa, su primera foto, su
relación con Rosita Fornés y el porqué algunas fotos de Girón
llevan manchas de agua. Y con el Doctorado Honoris Causa del ISA por
su magisterio. Feliz día, maestro, y que su historia le depare
otros pasos como el buen fotógrafo que quiso y supo ser.
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