Memoria para no olvidar

Una misión linda y epopéyica, asegura una doctora cubana cooperante de la salud en la República Bolivariana de Venezuela

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

Foto: OSVALDO GUTIÉRREZCIEGO DE ÁVILA.—Con todo el cariño de esta mami venezolana que te quiere mucho y te desea lo más bello de este mundo, escribió Ligia, una de las pacientes.

Sonia (Morales Paz) es nuestra hija mayor. Cuando se marche definitivamente la vamos a extrañar y nos va a hacer mucha falta, dejaron plasmado Xiomara y Adolfo, pobladores de Villa de Cura, en una carta que le enviaron a la mamá cubana.

Son solo dos ejemplos del cariño y el respeto que le profesan a esta joven doctora que cumple misión internacionalista en la región de Zamora, en la hermana República Bolivariana de Venezuela.

"Cargada de sentimientos lindos", como ella misma los define, llegó al barrio Roberto Rivas Fraga, al Sur de la ciudad de Ciego de Ávila, luego de permanecer 14 meses con los pobres agradecidos de aquella tierra.

Rememora, porque no olvida la reacción de aquel anciano de la comunidad de Toquito Viejo cuando ella fue hasta el hogar y le dijo: "Vengo a buscarte, que vas a operarte a Cuba".

"¿Verdad, hija?", contestó incrédulo el hombre. "En la vida me han prometido tantas cosas que ya perdí la fe, pero si usted lo dice, yo le hago caso, porque los doctores cubanos no dicen mentira", y comenzó a preparar el viaje, sin hacer caso a lo que pregonaban individuos mal informados o interesados en frustrar su esperanza.

"Tu país y su gente son muy lindos, así como eres tú. Ahora puedo mirarte bien, hija. Fuimos la vieja y yo, ella también vino nuevecita, hasta con la boca arreglada."

A Sonia, que casi siempre custodia la vida con una sonrisa, se le aguaron los ojos. "Abuelo, dijo, tráigame un caramelo de chocolate." Y no tardó mucho en que aquella alma generosa volviera con el pedido.

"Sucedió así, como también es cierto que en un principio no todos los habitantes nos recibieron con alegría, asevera. Algunos, manipulados y confundidos decían que éramos militares disfrazados de médicos.

"Las primeras consultas las dábamos en cualquier lugar, hasta debajo de los árboles. No tardó mucho en que bajaron los índices de mortalidad infantil, de enfermedades transmisibles; le pusimos tratamiento urgente a muchos pacientes con insuficiencia cardíaca, al igual que a las embarazadas.

"Junto a los especialistas de deportes, creamos los Círculos de Abuelo. Dábamos charlas educativas y audiencias sanitariasÁ Es evidente que hoy ellos no son los mismos, ni nosotros tampoco. Hemos crecido como seres humanos. Nuestra Patria les tendió la mano a los hermanos venezolanos. Por eso seguiremos con pasos de gigante en esta epopéyica y linda misión."

 

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