Emociones y deberes quedarán siempre en el recuerdo

ARNALDO MUSA y JUVENAL BALÁN (foto)Enviados especiales

MATARA, Provincia del Sur, Sri Lanka.—Ninguno de los presentes, médicos y periodistas cubanos, amigos y vecinos srilanqueses, disimularon la emoción, cuando con lágrimas en los ojos, las tres niñas relataron la muerte de sus padres por el tsunami que devastó las costas de la pequeña isla del Índico.

Médicos cubanos brindan asistencia en el Orfanato Femenino Budista de Matara.

Nadyra, de apenas 5 años, y su abuela habían ido al templo y salvaron sus vidas por no encontrarse en el hogar, aunque esta última murió de un infarto al conocer la noticia. Las hermanas Dinuscha e Icharaan, de 17 y 15 años, pudieron huir, pero sus padres y un hermanito menor perecieron ahogados.

Nadyra dice que le gustaría ser médica, para hacer lo mismo que los integrantes de esta brigada cubana, que día tras día atiende a las más de 30 niñas del Orfanato Femenino Budista de Matara, creado el 11 de septiembre de 1995, y que en el 2002 fue proclamado el mejor de Sri Lanka.

Los vecinos, que ahora tienen problemas con su propia subsistencia, proporcionan los alimentos de las niñas y jovencitas, que en el desayuno, almuerzo y comida son precedidos de una ceremonia denominada dane, en la que las huérfanas memorizan 15 preceptos budistas, entre los que se incluyen no matar, ni decir mentiras y ser agradecido.

Los médicos cubanos examinan a cada una de las huérfanas, como parte de su tarea de prevenir enfermedades y que les ha ganado el respeto de los lugareños, muchos de los cuales conocían ya de Cuba.

Una casa de ancianos también es atendida por las familias del lugar. En sus paredes se ve la huella de la altura que alcanzaron las aguas del tsunami, sin que ninguno de los 20 huéspedes del hogar murieran.

Allí los médicos cubanos examinaron a los presentes y escucharon palabras de agradecimiento de Milina, 62 años, y Karunawatil, de 71, quienes evolucionan positivamente de sus dolencias.

Precisamente, una de las internadas, Phyaselin, de 63 años, esperó en una vivienda de un familiar a los médicos que la atendieron, Caridad Amita y Alberto Mesa, para obsequiarles unas pequeñas estatuas de Buda como recuerdo de su paso por estas tierras, cuyos pobladores les agradecerán siempre sus cuidados y desvelos.

Esto es solo una pequeña muestra del trabajo y de las simpatías despertadas por los integrantes de la brigada médica cubana en la necesaria labor social que realizan en una de las zonas más dañadas por el tsunami.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir