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Hernán Rivera Letelier o la nostalgia del salitre
JULIO M. LLANES (*)
Cuando visité en el norte chileno la pampa salitrera del desierto de
Atacama, comprendí que había entrado en un mundo alucinante donde se
mezclaban historia y nostalgia.
Desde María Elena, la
última salitrera del país, me llevaron a una ciudad fantasma, donde
solo habitaba el polvo y una paloma de alas cansadas: se llamaba Pedro
de Valdivia. Al regreso, me dieron como recuerdo un video documental
que contaba la agonía de los últimos días de la ciudad y el llanto
de sus pobladores, entre ellos, el de un obrero del salitre devenido
en escritor, Hernán Rivera Letelier.
Otros narradores chilenos,
como Volodia Teitelboim y Andrés Sabella, ya habían abordado el gran
tema chileno del esplendor y decadencia del salitre, con el
surgimiento de las oficinas y pueblos, la explotación y violencia,
las masacres y luchas de los trabajadores de ese sector que
estremecieron el norte, sin embargo, Rivera Letelier le imprime una
nueva vitalidad. Logra sublimar un lenguaje y una atmósfera que
devuelve la nostalgia contenida en el mundo del salitre, vinculada
íntimamente a la psicología del nortino y a la historia de su país.
La maestría narrativa, el lirismo, le permiten desandar los caminos
de la memoria con el aliento del realismo mágico y la fuerza de lo
maravilloso legados por Carpentier, Rulfo y García Márquez.
Hernán Rivera Letelier
nació en Talca, Chile, en 1950. Abrió sus ojos infantiles a la
inmensidad de la pampa salitrera, desplazándose de una a otra oficina
hasta llegar a Pedro de Valdivia, si bien esta murió entre sus brazos
de escritor cuando el neoliberalismo voraz hizo cerrar sus puertas,
él se encargó de revivirlas todas en cada libro.
La poesía y el cuento
fueron los géneros que cultivó inicialmente en sus primeros libros Poemas
y pomadas (1988), Cuentos breves & Cuentos brevas
(1990), recogidos posteriormente en el volumen titulado Donde nacen
los valientes. Su primera novela La reina Isabel cantaba
rancheras (1994), obtuvo el premio del Consejo Nacional del Libro
y la Lectura y se convirtió en un best seller publicado en Argentina,
España, México y Colombia; fue traducido al francés, portugués,
italiano y alemán además de ser llevada al teatro.
Su segunda novela Himno
del ángel parado en una pata (1996), recibió también el premio
del Consejo del Libro y ha sido editada en España, Uruguay, México,
además de una traducción al francés. Con igual éxito ha publicado
otras novelas como Fatamorgana de amor con banda de música.
Junto con Isabel Allende y
Antonio Skármeta, Rivera Letelier conforma la avanzada pujante y más
reconocida de la actual narrativa chilena.
Hace algunos meses una
amiga de Antofagasta me trajo un libro donde el escritor reconstruye
la matanza de Santa María de Iquique. Venía con una dedicatoria
donde exclamaba: ¡Fuerza Cuba!, que me alegró tanto como el texto.
Ahora, su presencia como jurado en novela del premio latinoamericano
que Casa de las Américas entrega en Cuba, es acontecimiento y buena
noticia para las letras de esta región que Neruda proféticamente
llamó continente de la esperanza.
(*) Escritor,
Presidente de la UNEAC en la provincia de Sancti Spíritus.
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