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La integración de América Latina (I parte)
¿Podrán las ovejas aisladas oponer resistencia?
ROLANDO RODRÍGUEZ
En América Latina se
siente un temblor, un pálpito, de algo que está en vías de
alumbramiento. Quizás sea por fin el sueño anhelado de Bolívar,
de Martí, de Mella, de Fidel y, ahora, de Chávez: la creación de
la Unión de América Latina, como lo que siempre debió haber sido,
la Patria grande de todos nuestros pueblos al Sur del Río Grande.
Lograr su integración es, sin duda, la tarea medular y concreta de
los latinoamericanos del siglo XXI.
Sobre los horcones de una verdadera democracia mediante la justicia social se puede y debe erigir la integración de nuestro subcontinente.
En 1925, un joven
prócer cubano, Julio Antonio Mella, escribió en la cárcel y
publicó en Venezuela Libre: "Ha pasado ya del plano literario al
diplomático el ideal de la unidad de la América. Los hombres de
acción de la época presente, sienten la necesidad de concretar en
una fórmula precisa el ideal que, desde Bolívar hasta nuestros
días, se ha considerado como el ideal redentor del continente".
Mas, después de casi 175 años; esa unidad no ha podido
concretarse. A todo lo largo de ese decurso nuestras burguesías y
el imperialismo estadounidense se han encargado de dominarnos y
balcanizarnos.
Han sido esas lastimosas
burguesías, repletas de temores, ansiosas de migajas, lloronas e
indispuestas, la palanca. El imperialismo estadounidense se ha
conver-tido en succionador de nuestras riquezas. En esta hora, la
necesidad de la sobrevivencia de nuestra identidad, y tentado
estaría de decir que hasta de la física, nos impone la unión de
nuestros pueblos. Resulta trágico cómo en una operación
reduccionista, para anestesiar la posible rebeldía popular, y poder
usufructuar los beneficios marginales que el imperialismo le dejaba,
la burguesía se hizo cómplice de la fragmentación con vistas a
acallar nuestras memorias o, de manipularlas, para quitarle el filo
a la herencia que nos legaron nuestros padres: Bolívar se
convirtió en estatua, Martí se volvió un lírico iluso, y para
ocultar quedaron palabras, como aquellas del gran padre venezolano: "Yo
deseo más que otro alguno ver formar en América la más grande
nación del mundo menos por su extensión y riquezas que por su
libertad y gloria" o las de Martí: "¿Y han de poner sus negocios
los pueblos de América en manos de su único enemigo, o de ganarle
tiempo, y poblarse, y unirse, y merecer definitivamente el crédito
y respeto de naciones, antes de que ose demandarles la sumisión el
vecino a quien, por las lecciones de dentro o las de afuera, se le
puede moderar la voluntad, o educar la moral política, antes de que
se determine a incurrir en el riesgo y oprobio de echarse, por la
razón de estar en un mismo continente, sobre pueblos decorosos,
capaces, justos, y como él, prósperos y libres?".
Ahora sí parece llegada
la hora de que ese sea el derrotero de nuestros pueblos: unirse para
vencer. Este es un momento de buscar la unión entre los movimientos
sociales fuertes y los gobiernos que pretenden disentir de la
hegemonía de Estados Unidos. No hace mucho el presidente Chávez
dijo que este era un momento único que no podíamos dejar escapar y
señaló: "Estamos viendo cómo vamos unos países en ayuda de
otros, y eso es un paso muy grande en las condiciones del mundo.
Nosotros solo queremos ser un ejemplo de un modelo alternativo, que
se hizo con nuestras propias fuerzas, y lo vamos a lograr".
Goethe dijo que lo más
importante en este mundo no era saber donde se estaba, sino hacia
donde se iba. Como son los hombres los que hacen la historia,
estamos en el punto de partida de la implantación de modelos
alternativos a los vigentes y de integrar a nuestros países
americanos. Nuestra región con pocas excepciones fue víctima,
entre aleluyas y hosannas, del experimento catastrófico neoliberal
que en menos de dos decenios se demostró como la experiencia más
nociva vivida en dos siglos por nuestros pueblos. Al buscar otra
manera de organizar nuestra sociedad, debemos pensar que solo es
posible enfrentar el futuro si cada partícula de nuestra gran
patria forma parte, de cara al porvenir, de un bloque sólido y
natural que permita exponer sus aspiraciones con la vigorosa fuerza
del conjunto. A esas fuerzas aplastantes que se dibujan en el
futuro, sobre todo, América del Norte, Europa y Japón, ¿podrán
las ovejas aisladas oponer resistencia para no ser recolonizadas?
¿Tendrán la menor capacidad de negociar con independencia y
probabilidad de sobrevivir?
Mella abogó por
"concretar en una fórmula precisa el ideal que, desde Bolívar hasta nuestros días, se ha considerado como el ideal redentor del continente".
Basta mirar la realidad
actual para percatarse de que no sería posible: el 48% de las
mayores compañías y bancos del mundo son de Estados Unidos, un 30%
de la Unión Europea y 10% de Japón. Es decir, casi el 90% de las
más grandes corporaciones del mundo son estadounidenses, europeos o
japoneses. Esto explica cómo Walmart pudo poner un supermercado en
pleno Teotihuacán, a pesar de la oposición de los mexicanos.
Al pensar en la
construcción de una alternativa válida de sociedad, no hablo de
seguir ningún modelo particular sino de contradecir el neoliberal.
Es imposible que la construcción de esa alternativa que permita la
unión pueda erigirse sobre la base de la más infame distribución
de ingresos, en que los países parecen partirse entre miserables y
supermillonarios. Podemos apuntar que el FMI y el BID recomendaron
reducir el gasto social. Como resultado de la operación neoliberal,
en 1980 había en América Latina 120 millones de pobres y en el
2001 esa cifra estaba en 240 millones, o sea el 43% de la
población. De esos, 93 millones están en la indigencia. Atilio
Borón señalaba en un artículo que nadie tiene una brecha mayor
que los países de nuestra región latinoamericana: la proporción
de ingresos en 1995, del 1% más rico contra el 1% más pobre, era
de 417 a 1 (66 363 a 159). ¿Bajo esas condiciones sería posible
unir los pueblos?
Sin duda, todo el poder
hegemónico del imperialismo se traducirá en una lucha por impedir
que los subyugados indóciles se unan, y cómo se lograría sostener
la lucha frente a este poder si no se cuenta con el respaldo del
pueblo mayoritario y empobrecido. Los humildes de Cuba, junto a
capas medias patrióticas, han sostenido la Revolución contra el
asedio imperialista con las armas en la mano, porque se implantó
una de las sociedades más igualitarias y justas que ha conocido
posiblemente el mundo. Venezuela triunfa, porque de los cerros baja
el respaldo de la revolución de Chávez. No se trata de propugnar
ni uno ni otro modelo, pero sí el del logro de una verdadera
democracia, mediante la justicia social, la mayor igualdad, el
bienestar social, la libertad, así como la soberanía. Sobre esos
horcones se puede y se debe erigir la integración de nuestro
subcontinente.
Se nos propone el ALCA
como el gran modelo neoliberal a seguir. La globalización
posiblemente sea indetenible, pero no necesariamente la capitalista,
que presupone incluso el hegemonismo de EE.UU. con sus oligopolios
que quedarían por encima de la ley. Debemos mirar hacia lo que
sucede en México con el campo y los campesinos, y multiplicarlo. En
Doha, la reunión de la OMC acordó las reglas de la competencia en
un mercado abierto y desregulado, y Samir Amín ha calculado que 20
millones de agricultores modernos sustituirían a 3 000 millones de
campesinos, que hoy después de asegurar su subsistencia traen sus
cosechas al mercado. Amir valora que aun suponiendo un improbable
crecimiento industrial del 7% anual, solo se absorbería un tercio
de estos. Nos preguntamos, ¿sobrarán estos 2 980 millones de
personas? ¿Cuántos de estos serán de nuestro continente, inundado
de los productos agrarios subsidiados de los grandes monopolios de
Estados Unidos?
Si Estados Unidos está
tan interesado en la promoción del ALCA es solo por la situación
de su propia economía deficitaria. Solo apoderándose de los
mercados americanos y conquistando los sectores financieros y
comerciales de los países dependientes, puede bajar su déficit
comercial. América, la América nuestra, es la presa codiciada.
Incluso, el proyecto va más allá al plantearse la integración
(léase dominación de las fuerzas armadas de la región). Es decir,
la anexión a Estados Unidos.
Intervención en la
Mesa Dos, en defensa de la integración de los pueblos, del
Encuentro Mundial de Intelectuales y Artistas en Defensa de la
Humanidad, Caracas, 2 al 5 de diciembre del 2004.
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