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El más joven de Los Malagones
RONAL
SUÁREZ
JUANITO PAZ tenía solo
20 años de edad cuando Leandro Rodríguez Malagón le propuso
formar parte de los 11 hombres que Fidel le había orientado
seleccionara para junto a él integrar la primera milicia cubana.
Yaremís, nieta de Juanito, hizo de
tres tres en una naranja.
¿Por qué el
prestigioso campesino, que ya había cumplido las seis décadas,
decidió incluir en su pequeña tropa a alguien tan joven, además
hijo del terrateniente con un patrimonio de 300 caballerías de
tierra hasta la llegada de la Reforma Agraria?
Para entenderlo hay que
remontarse primero a las características de Juan Paz padre, un
hombre que podía haber sido muy rico, pero quienes le conocieron
coinciden en afirmar que no tenía alma de explotador.
"Si llegaba un campesino
a pedirle prestada una vaca, mandaba al potrero a enlazarla, y a
veces cuando venía a devolvérsela le decía que se quedara con
ella. En una ocasión la administración de la mina de Matahambre le
ofreció 60 000 pesos por un lote de pinos para talarlos, y le
respondió que prefería verlos crecer", recuerda el más joven de
los Malagones.
Con modestia muestra las medallas que le ha merecido su reconocida puntería.
"Núñez Jiménez
visitaba la casa desde principios de la década del 50, cuando
venía a explorar la Gran Caverna de Santo Tomás, y Leandro le
servía de guía. Antes de promulgarse la Ley de Reforma Agraria, mi
padre le dijo que quería entregar su finca gratuitamente y quedarse
solo con un pedazo de tierra para mantener una vaca lechera y
sembrar viandas.
EL
PRIMERO QUE ME HABLÓ DEL COMUNISMO
"Él fue el primero que
me habló del comunismo. Cuando le comuniqué mi decisión de formar
parte del grupo que se estaba organizando, me explicó las
características del sistema. Le dije que me gustaba y de inmediato
me dio su aprobación y apoyo."
La zona de Santo Tomás
era entonces un lugar intrincado, de donde había que bajar a los
enfermos y a los muertos en parihuelas hasta Viñales.
Juanito interrumpió los
estudios y comenzó a trabajar en el pequeño aserrío que poseía
la familia. Allí fue a buscarlo Leandro el 26 de agosto de 1959
para preguntarle si estaba de acuerdo en unirse al grupo que
tendría como misión ubicar y capturar a la banda del sanguinario
Lara.
Después vendría el
entrenamiento en Managua, las visitas del Comandante en Jefe, quien
personalmente les hizo el examen de práctica de tiro, la entrega de
los uniformes y los fusiles.
"Cuando comenzamos a
operar, el primero de octubre, no sabíamos por dónde empezar y
teníamos la presión de que Fidel nos había dado tres meses de
plazo; hacíamos emboscadas, seguíamos rastros, pero no era fácil
ubicar a un grupo pequeño que se movía constantemente y evadía el
combate.
"Lara había llegado a
tener más de 20 hombres, pero poco a poco fueron desertando todos
los que no tenían crímenes pendientes; uno de ellos era asmático
y oyó una conversación donde decían que era mejor deshacerse de
él, pues constituía un estorbo. Temiendo por su vida escondió el
fusil y le pidió a un campesino que lo sacara a la carretera, pero
este lo llevó a donde estábamos acampados."
En esos momentos Los
Malagones se habían dividido en dos grupos para cubrir mayor radio
de acción. Al que pertenecía Juanito, integrado por cinco
milicianos y el soldado Isidro Ramos —quien se incorporó tras
conocer la información brindada por el desertor—, le
correspondió librar el combate que culminó con el apresamiento de
la banda.
"Estaban ocultos en una
casa de madera y guano, a unos 800 metros de la herrería de Pons.
Según el plan que habíamos trazado, Juventino y Alberto ocuparían
el flanco izquierdo; El Negro y yo, el derecho, e Isidro y el Niño
atacarían por el frente. Estos últimos se adelantaron y fueron
recibidos por una ráfaga de balas.
"El tiroteo fue intenso,
las paredes de la casa quedaron hechas un colador. Lara salió
escudándose tras una niña después de gritar que se rendían, y
junto a él capturamos a otros tres. Los dos restantes lograron
escapar por el fondo, pero cayeron en manos del Ejército Rebelde
poco después.
"Por nuestra parte, solo
Isidro resultó gravemente herido. Lara pidió tres deseos: que no
lo golpeáramos, que no dejáramos acercársele a ningún familiar
de las personas asesinadas por él, y que le permitiéramos ver a su
madre.
"Por supuesto que
nosotros éramos incapaces de maltratar a un prisionero, pero él
era conocido por los abusos y asesinatos que cometió cuando era
cabo del ejército de Batista, y pensaba que todos éramos iguales.
Se le concedieron todos los deseos y lo entregamos al comandante
Escalona.
"Al otro día fuimos
para Ciudad Libertad. En el encuentro con Fidel, nos preguntó qué
íbamos a hacer en lo adelante, y al informarle la decisión de
volver a nuestros quehaceres dijo que nos regalaba aquellos fusiles
para defender la Revolución, que si íbamos a trabajar la tierra
los lleváramos con nosotros."
Pero la historia de Los
Malagones no terminó con aquella acción que marcó el inicio de
las milicias. Juanito fue nombrado jefe de operaciones de la unidad
de Lucha Contra Bandidos 2258, que cubría parte de Viñales y el
municipio de Minas de Matahambre.
Participó en
operaciones que culminaron con el aniquilamiento de peligrosas
bandas contrarrevolucionarias en las montañas de San Cristóbal y
Bahía Honda.
"En cinco años y cuatro
meses que permanecí activo, muy pocas veces dormí en camas y bajo
techo. A veces pasábamos 15 y 20 días en un cerco, siempre en
guardia, pues no sabíamos en qué momento los alzados iban a tratar
de romperlo."
DONDE
PONE EL OJO PONE LA BALA
Juanito reside en una de
las casas de la comunidad El Moncada —entre las primeras
construidas por la Revolución—, precisamente en las tierras que
eran de su padre. Un montón de medallas distinguen la sala de su
vivienda.
Son preseas de oro
ganadas en diversas competencias. Según testigos presenciales, con
un fusil calibre 22 es capaz de partir un limón en el aire, o de
romper un pomito de penicilina a 30 metros de distancia, de
espaldas, valiéndose de un espejo colocado en la culata del arma.
¿Si retrocediéramos
al momento en que te propusieron formar parte de Los Malagones, qué
harías?.
"Dar de nuevo el paso al
frente. Mi familia no pasó necesidades económicas, pero nunca me
gustó la explotación." |