Archipiélago envenenado

ARNALDO MUSA

LAS ISLAS MARSHALL vuelven a ser noticia por estos días, luego del fracaso de la prueba para el futuro escudo antimisiles —que lleva a cabo EE.UU.— en el atolón de Kwajalein, algo que está siendo usual, según señalan medios de prensa.

El porqué de los continuados fiascos no ha sido establecido, pero el dinero no ha faltado ni faltará, tras el aumento a 465 000 millones de dólares del siempre astronómico presupuesto de "defensa" (sería mejor decir "de agresión") norteamericano, además de la incorporación de Japón a este programa bélico del Pentágono.

Kwajalein ha sido históricamente un escenario "privilegiado" para las pruebas nucleares de Estados Unidos, que ha hecho con las Islas Marshall —de donde forma parte el atolón— lo que le ha venido en gana.

Entre 1946 y 1958 Kwajalein junto a Bikini fueron escenarios de por lo menos 67 pruebas nucleares, amén de la detonación de la primera bomba de hidrógeno, lo cual convirtió a las Marshall en la zona de mayor contaminación radiactiva conocida, motivo del éxodo de muchos de sus pobladores.

La denominada República de las Islas Marshall, un estado ligado a Estados Unidos mediante el Acuerdo de libre asociación, ha seguido viendo disminuida su población, debido principalmente a la persistente contaminación.

Este archipiélago del Pacífico, de 181,3 kilómetros cuadrados, llegó a estar muy poblado, pero de los 70 822 habitantes censados en julio del 2001, ya el pasado año quedaban solo 56 429, según cifras oficiales norteamericanas, que son las únicas válidas en uno de los territorios más dependientes de los que controla Estados Unidos en el Pacífico.

Las islas fueron tomadas por EE.UU. a Japón en 1944 y, luego de finalizada la Segunda Guerra Mundial, las utilizaron para sus pruebas atómicas y basurero de desechos radiactivos, mientras minaban sus intentos independentistas.

Un reportero de The Washington Post, Bob Woodward —quien investigó el escándalo Watergate—, reveló que la vigilancia electrónica fue utilizada por Estados Unidos para controlar y manejar destellos independentistas en las Marianas, Carolinas y Marshall.

El objetivo del espionaje era obvio: reducir la posición negociadora de los representantes de esas islas que deseaban la independencia y fomentar la desunión entre los distintos grupos que componen el territorio.

Bajo el pretexto de que las ínsulas pudieran ser controladas por "un país inamistoso", la potencia imperial buscó enmascarar su control real, aparentando ceder en lo formal. Entonces empezó a hablar de "Gobierno asociado".

Washington desmembró el territorio y elaboró diferentes convenios, atando a las Marshall con el ya mencionado Acuerdo de Libre Asociación desde 1986, que obliga a esa "república" a seguir a la Casa Blanca en política exterior, mientras la defensa es abiertamente prerrogativa norteamericana, que le proporciona la asistencia económica.

El mando yanki es tan visible que se burló de las protestas de los defensores del medio ambiente, para verter allí 25 millones de toneladas de las reservas de gas enervante que estaban instaladas en Europa.

La actual administración, que encabeza Kessai Hesa Note, es calificada de débil, como la anterior de Imata Kabua, y no es de extrañar que haya cedido ante las presiones del Ejecutivo estadounidense para que haya votado durante tres años consecutivos contra la resolución cubana de condena al bloqueo yanki.

Ahora se enfrenta a problemas causados por una inadecuada infraestructura y la prolongada sequía. La dependencia de la metrópoli y promesas de una ayuda que nunca llega hace cada vez más difícil la vida en el envenenado archipiélago.

 

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