En el saber no hay herida incurable

Ventura de Jesús y Jorge Luis Baños (Foto)
Enviados especiales

CARACAS.— La posibilidad de contribuir a que Venezuela sea un país sin analfabetos, es para Rosa Elena Leal como un regalo y no precisamente del cielo. "Saber escribir y leer, solo eso, es capaz de enriquecer el alma de cualquier persona", dice convencida.

De corazón noble, de las llamadas buena gente, Rosa Elena se brindó para ofrecer su ayuda en cuanto anunciaron el programa. Asumió como facilitadora de la Misión Robinson en el colegio Domingo Faustino Sarmiento en el municipio Libertador, y esa, admite, es una de sus mejores experiencias en su ya larga vida. "La mayor satisfacción para mí es que la gente se dé cuenta que de esa forma puede abrirse un camino nuevo, y en el caso de las personas mayores, la oportunidad de darles un ejemplo de valentía a sus hijos y nietos."

LA DEUDA CON TERESITA

Su acento no deja lugar a dudas: es chilena. Después supimos que reside en Venezuela desde hace buen tiempo. Una situación imprevista la adelantó un poco a la propia Misión Robinson. "En una de las marchas en apoyo al Gobierno bolivariano conocí a una señora que se llama Teresa, del barrio de Santa Rosa. Entonces ella y otras vecinas me invitaron a que visitara su comunidad para que les hablara sobre el proceso ocurrido en mi país durante el breve mandato de Salvador Allende".

"Hice mucha amistad allí y la gente comenzó a abrirse. Un día Teresita me preguntó que si podía enseñarle a leer y escribir. Ya hacíamos los planes para empezar cuando se dio la noticia del inicio del programa nacional de alfabetización y que debían presentarse todos los que pudieran apoyar. Entonces le dije: Amiga, nos vamos a montar en ese trencito.

"Al presentarme me comunicaron que debía disponer de 10 personas que no supieran ni escribir ni leer. Debíamos acercarnos al pueblo y conseguir que confiara en nosotros, que entendiera el verdadero propósito de lo que se quería. Fue así como emprendí mi labor como facilitadora en el Robinson Uno, y ya estoy en la segunda fase.

"Lo más difícil es arrancar. El analfabeto no desea que los demás sepan de su ignorancia y entonces se cierra. Con el tiempo descubre el gran beneficio y las cosas cambian. Las relaciones van derivando hacia un roce familiar."

MI LUCHA NO HA SIDO EN VANO

Mujer atildada, de gran sapiencia, Rosa Elena dispuso de toda la calma del mundo para demostrar la eficacia del programa.

"Comenzamos con el plan y nos sorprendió el dominio de los números que tenían personas iletradas. Al principio decían que era un poquito rápido, pero los convencí de que si íbamos más lento, las clases serían aburridas. Es increíble cómo aligeraron las manos. Ya saben leer y escribir, multiplicar, dividir, sumar... El resultado ha sido magnífico y el plan se ha organizado muy bien con el auxilio de profesionales cubanos."

Lamenta que alrededor de dos millones de venezolanos hayan vivido durante tanto tiempo sin la posibilidad de alfabetizarse. La alivia saber, confiesa, que una nación como Cuba, con su definida vocación solidaria, pueda hacer cosas nobles por otros países hermanos de un modo tan austero y con modestia.

En el saber no hay herida incurable —afirma convencida—; soy luchadora. Mi padre me metió en la cabeza la idea de batallar por la igualdad. Ahora estoy en paz con mi conciencia. Me doy cuenta de que mi lucha no ha sido en vano. Con esto que se hace hoy en Venezuela por gente históricamente excluida se van a conseguir grandes cosas."

¿Algún recuerdo especialmente grato durante la Misión?

"Un papelito suelto que me dejaron en el bolso con una nota: `Gracias amiga Rosa'. Me temo que fue Teresita."

 

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