Ahmed, mensajes sin palabras

RAISA PAGÉS

Lo vi llegar al periódico con rostro de adolescente, con grandes ojos negros que miraban la vida de frente, con coraje y sensibilidad extrema para captar el momento de la noticia, del hecho trascendente.

Foto: JUVENAL BALÁNCon su esposa e hijo.

Del grupo de jóvenes que se insertaron para aprender el oficio de fotógrafo en el periódico Granma en la década de los años ochenta, Ahmed despuntó siempre. Él quería atrapar la vida, la naturaleza, la historia, dondequiera que fuese, aunque tuviera que viajar a los confines del mundo y su vida peligrara.

Siempre estaba presto a coger su mochila y sus equipos para buscar la aventura de un reportaje gráfico. Deseaba volver a África, ese continente que lo fascinó cuando estuvo reportando sobre los cooperantes cubanos. O viajar por esa América Latina nuestra, tan llena de exclusiones para denunciar con imágenes.

Lo vi madurar como hijo, como profesional, padre, esposo, buen colega. Cuando conversaba sobre su abuelo, Ahmed no hablaba solo del hombre que lo crió, sino de ese luchador contra el fascismo, que le develó las injusticias de este mundo. Nunca olvidaré el abrazo fuerte cuando lo despedía junto a su tumba, llorando como un niño por ese viejo que lo encaminó en la vida.

Pocos días antes de su muerte, conversábamos sobre su pequeño hijo Jazín, sobre sus cuidados para hacer del niño un hombre tan responsable como el mayor, a quien crió como propio, aunque no compartieran la misma sangre.

Ofrendas florales enviadas por el Comandante en Jefe Fidel Castro y el canciller cubano Felipe Pérez Roque fueron colocadas en el Panteón de la Prensa Cubana, en la necrópolis de Colón, donde fue despedido el duelo por Gabriel Molina, editor jefe de Granma Internacional, con la presencia de sus familiares, centenares de sus colegas de los diferentes medios, Alberto Alvariño, vicejefe del Departamento Ideológico del Comité Central del Partido; Tubal Páez, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba; directores de órganos de prensa y otros dirigentes del sector.

En las actividades de Granma Internacional, Ahmed no solo disfrutaba, sino que estaba presto a captar los detalles que luego harían estallar de risa a todos sus compañeros.

Aún me parece sostener la escalera donde se subió de forma arriesgada para tomar una mejor escena, o me parece verlo subiendo al borde de un precipicio para captar la imagen de La Habana junto al Cristo.

Con el olfato de los buenos fotorreporteros, Ahmed siempre hacía valiosas sugerencias para las primeras páginas de Granma Internacional, discutía sus ideas con vehemencia. Si no tenía fotos en su archivo personal sobre el suceso más importante de la semana, él la buscaba donde fuera, aunque tuviera que navegar largo rato por Internet para encontrar la mejor gráfica. Esas gráficas suyas que también aparecieron y seguirán ilustrando las páginas del diario.

Dos años seguidos ganador del Premio Juan Gualberto Gómez por la obra anual, Vanguardia Nacional del Sindicato de la Cultura en el año 2003, hablan de un joven que se consolidaba por su dedicación de orfebre. Su calidad fotográfica lo inscribe entre los mejores del lente en Cuba, en los últimos tiempos.

Ahmed ha pasado a otra dimensión de nuestras vidas, esa donde permanecen los elegidos, los que no caen en el olvido, porque han dejado una obra latente a la que siempre acudiremos con amor y respeto.

Un infarto nos arrebató a un joven de 39 años. Aún lo veo sugiriendo fotos, insatisfecho con la prisa, preocupado por la calidad, ofreciéndose para cubrir cualquier evento natural o social.

Siempre que llegaba a la redacción, saludaba con una sonrisa amplia y la misma expresión irónica: ¿Qué dicen las grandes plumas de este periódico?

A un artista del lente se le ha acabado la vida muy temprano, pero no lo suficiente para impedir dejarnos miles de fotos, miles de mensajes visuales sin palabras.

 

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