WASHINGTON, 16 de diciembre (PL).—
Ex abogados militares de alto rango criticaron la designación de
Alberto González como secretario de Justicia de Estados Unidos por
defender la tortura contra prisioneros, informó hoy el diario The
New York Times.
Antes de ser nombrado Fiscal General,
González fungió como asesor legal de la Casa Blanca, y en ese
cargo aprobó varios memorandos que admiten los maltratos contra los
detenidos en Afganistán y en la base naval de Guantánamo, ocupada
ilegalmente en el
este de Cuba.
Los documentos también excluyeron a
esos prisioneros de la Convención de Ginebra o de cualquier ley
norteamericana o internacional.
Según el contralmirante John D.
Hutson, abogado de la Armada entre 1997 y 2000, el papel de ese
funcionario "en un terreno en el cual yo soy experto, fue
tremendamente miope".
González no pensó en el impacto de
su conducta sobre las tropas estadounidenses en esta guerra,
señaló Hutson, quien en la actualidad es decano del Centro Legal
Franklin Pierce, en Concord, Nueva Hampshire.
Por su parte, el brigadier James
Cullen opinó que cuando se elabora esa clase de política,
eventualmente podrá usarse contra los propios soldados.
Asimismo, acusó a González de
ignorar los consejos de respetados abogados porque, dijo, estaba
decidido a buscar una justificación legal a una conducta ilegal.
Los demócratas adelantaron que
cuestionarán la labor de González durante su comparecencia ante el
Senado para su confirmación.
Al respecto, el senador opositor
Patrick J. Leahy, miembro del Comité Judicial, anunció que pedirá
al funcionario describir su papel en la interpretación de las
leyes, que propiciaron las torturas contra reclusos.
Usted deberá explicar ante el Senado
su rol en el desarrollo de políticas relacionadas con el
tratamiento e interrogatorios de prisioneros extranjeros, señala
una carta del legislador enviada a González.
El escándalo de las torturas
estalló a principios de este año, cuando la televisora CBS
divulgó fotos de los maltratos cometidos por soldados
norteamericanos en la cárcel iraquí de Abu Ghraib.
Desde entonces las denuncias sobre
las prácticas inhumanas empleadas por las tropas del Pentágono han
ido en aumento, pese a los intentos de la Casa Blanca por
acallarlas.