Andy recuerda a sus amigos

ALFONSO NACIANCENO

Los sueños de Andy Pereira volaban de rama en rama. Ser pelotero, futbolista... no se sabe cuántos deportes más cruzaron por su mente en una infancia a la que no le faltaron los regaños cuando se pasaba de la raya.

¿Eras un niño travieso?

Foto: RICARDO LÓPEZInquieto. Empinaba papalotes, jugaba a las bolas y más de una vez me regañaron por tirar piedras junto a los amigos del barrio.

Con ese brazo, ¿hubieras sido un buen lanzador?

Quizás, pero no pude descubrirlo. A los seis años de edad, cuando cursaba el segundo grado, empecé a practicar el tenis de mesa en la escuela Jesús Menéndez, de Marianao. Después vinieron varios torneos, entré a la EIDE José Martí, de Cojímar, y ya en los Juegos Escolares del 2001 gané oro individual y bronce en dobles.

¿No te parece todo muy rápido?

Pudiera pensarse que voy apurado. En el 2003, en el Latinoamericano para menores de 15 años me llevé el oro individual y por equipos, plata en el mixto y bronce en dobles. Esa actuación tal vez abrió el camino hacia la beca de la Federación Internacional de Tenis de Mesa (ITTF).

¿Cómo accediste a la beca?

Gleen Tepper, jefe de la comisión de desarrollo de la ITTF, me consideró un prospecto y contempló mi participación en distintos eventos. En el Latinoamericano de Argentina'04 obtuve oro individual entre jugadores de 14 naciones, éxito repetido en Los 16 Mejores, de Brasil. Después terminé onceno en el Campeonato Mundial para menores de 15, en Portugal.

¿Entrenas en Cuba?

La mayor parte de la preparación la cumplo en Cuba, bajo las instrucciones de Rodolfo Valdés. He realizado bases de entrenamiento en otros países que contribuyeron a elevar los resultados frente a jugadores europeos y asiáticos de calidad.

¿Los estudios también van veloces?

Sin problemas. Quiero graduarme de profesor de Educación Física, aunque confieso que sí me agrada el atletismo como asignatura, no sucede lo mismo con las Matemáticas.

En su natal barrio de Pogolotti, el hijo de Maité, la trabajadora farmacéutica, dejó las travesuras y juegos infantiles para ser un quinceañero muy serio en el equipo Cuba...aunque una sonrisa lo deja desarmado cuando evoca sus inolvidables andanzas con los amigos.

 

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