Doble juego y El abrazo partido

ROLANDO PÉREZ BETANCOURT

ATRACTIVA DOBLE JUEGO, del peruano Chicho Durant. Uno de esos filmes que hacen que uno la pase bien entre sus aciertos de composición y algún que otro trazo grueso. Se trata de una comedia en la que la estafa es el punto céntrico y la sustancia social el terreno propicio para que los protagonistas dancen su baile de ilusiones a partir de una premisa común: cada uno de los siete inocentes implicados en el timo están viviendo en un mundo de pequeños embustes y abrumados por las penurias económicas pretenden, a su vez, sacar beneficios de los otros.

Tiene ritmo e imaginación (en sus inicios) esta comedia de Durant ambientada en el Perú de tiempos de Fujimori y con la corrupción nacional doblando en cada esquina del país. El timador es un hombre simpático que aparenta ir derramando billetes mientras camina y ante sus encantos sucumben una corredora de inmuebles, una decoradora con escaso trabajo —que sale a flote mientras tanto apoyada en sus encantos—, un joven director de cine, un contador devenido taxista, una recepcionista, una empleada y un guardia de seguridad.

El desarrollo de la historia es prometedor, pero ya se sabe que estas promesas hay que cumplirlas con un desenlace que, además de verosímil, debe tener el cálculo del milímetro (recordar la excelente Nueve reinas, exhibida hace tres días en la televisión). Y a la hora de dar respuestas a las urdimbres aventureras que el estafador ha ido armando, estas, o bien carecen del redondeo necesario, o se tornan bastante pueriles (¿Cómo va a regresar el estafador al mismo hotel donde ha contactado a dos de sus víctimas principales?). Si el espectador pasa por alto brochazos de esta índole, pues muy bien que la pasará... justo hasta el desenredo de los hechos, por supuesto.

El tono dramático de su composición, el tema de las cosas comunes como sustancia de la vida y el equilibrio entre la comedia agridulce y la recreación del mundo interior de un joven que está a punto de reencontrarse con un padre que lo ha abandonado, se combinan en El abrazo partido, sin duda el mejor filme de Daniel Burman (Esperando al Mesías y Todas las azafatas van al cielo).

A lo anterior habría que agregar un guión intimista que con mucho tino impulsa el actor Daniel Hendler, como el joven judío atrapado en una incertidumbre relacionada con su vida, sus padres y sus costumbres. Un filme acerca de la identidad desarrollado en un tiempo histórico argentino marcado por la crisis económica y social que empuja al éxodo. El corazón narrativo se ubica en un centro comercial que parece haberse paralizado en el tiempo y en el que si bien predominan los judíos —aquellos "polacos" comerciantes que muchos conocimos también en nuestra tierra— igualmente encontramos representantes típicos de otras nacionalidades.

Melancolías, estados risibles, introspecciones, todo ello en un quehacer asociativo que mezcla y seduce mediante un cuidado ritmo en el contar que busca no parecerse a otros filmes argentinos con tópicos parecidos. Lástima alguna que otra escena sexual del joven y su amante, concebidas con un tono bufo que no le va a esta película sensible, indagadora de complejidades humanas y también, muy divertida.

 

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