De lo mejor
ROLANDO PÉREZ BETANCOURT
Dos
excelentes filmes se exhibieron dentro del Panorama Contemporáneo
Internacional del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano. A los que
se sorprendieron gratamente en el Chaplin con la senegalesa Moolaadé
y la aplaudieron con deseos, sepan que la película obtuvo este año
el premio de la Quincena de los realizadores en Cannes y cosecha otros
importantes galardones.
El ya octogenario Ousmane Sembene,
director de Moolaadé, es una de las figuras más destacadas,
no solo del cine africano, sino también de su literatura. Veterano de
la Segunda Guerra Mundial y graduado de cine en los años sesenta en
los Estudios Gorki, de Moscú, Sembene ha llevado a su obra escrita y
fílmica asuntos relacionados con el colonialismo, la corrupción de
las elites y las transformaciones sociales que han tenido lugar en su
expoliado continente.
Moolaadé es la historia de un
grupo de mujeres que, encabezado por una de ellas, se enfrenta a la
ancestral costumbre de someter a las niñas a la ablación, como
manera de "purificarlas" para el matrimonio. Un lance de cirugía
grotesca realizada por una suerte de sacerdotisas y en el cual no
pocas criaturas dejan sus vidas.
Costumbres religiosas, sociedad
machista y cerrada a los aires de progreso, de todo ello conjuga el
director en su trama ubicada en una aldea de Senegal. Se recurre a
actores que no lo son, pero convencen, y se destaca un certero pulso
para desarrollar este argumento, de fuerte contenido documental e
interesado en demostrar los conflictos tal cual son y sin
rebuscamientos ni matices de calado intelectual. Una de esas
películas de clásica composición, con mucho para decir y que va
cobrando fuerza a medida que desarrolla su argumento.
El Regreso, ópera prima del
ruso Andrey Zvyagintsev, se alzó con el León de Oro en Venecia 2003
y es sencillamente desconcertante lo que logra este joven director con
una historia que habla del regreso de un padre al hogar, tras doce
años de una ausencia de la cual no se llegará a saber nunca el
motivo.
Un padre y dos hijos entre la niñez y
la adolescencia envueltos es una atmósfera agresiva que va preparando
al espectador para lo peor. Pudiera hablarse de thriller psicológico
dentro de las coordenadas introspectivas tan afines al cine ruso. Pero
el filme es más que eso porque en su historia, tan emotiva como
tenebrosa, no hay uno solo de esos trucos ya gastados a que nos tiene
acostumbrado Hollywood.
Hacía rato que las localizaciones
naturales no se ponían con tanta fuerza en función de un conflicto
psicológico tejido en un tiempo narrativo que parece armado por la
mano del mejor maestro, y con tres actuaciones en estado de gracia,
principalmente la del menor de los hijos. Si esta es la primera cinta
de Zvyagintsev, habrá que prepararse para lo que vendrá.
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