Los eslabones de un asesinato político

Piden asilo en la Embajada de El Salvador en Caracas los dos ex directores de la siniestra Policía Metropolitana

FÉLIX LÓPEZ

CARACAS.— Con el episodio de este último fin de semana, la solicitud de asilo político presentada en la Embajada de El Salvador por los ex directores de la siniestra Policía Metropolitana, Lázaro Forero y Henry Vivas, continúa incrementándose la presencia de connotados agentes de la contrarrevolución venezolana en el círculo de sospechosos relacionados con el asesinato del fiscal Danilo Anderson.

Este domingo el presidente de El Salvador, Elías Antonio Saca, afirmó que su Gobierno analizará con cuidado el caso, pero señaló que si estos tuvieran cuentas pendientes con la justicia venezolana, el asilo sería improcedente.

De cumplirse esta voluntad del Presidente salvadoreño, los dos cómplices del ex alcalde metropolitano de Caracas, Alfredo Peña, escondido hoy en Miami, no podrán salir de Venezuela. Ambos están relacionados en la lista de cerca de 400 personas que eran citadas por el fiscal Danilo Anderson, relacionadas con el golpe de Estado de abril del 2001, además de estar involucrados en la masacre de Puente Llaguno, donde efectivos de la PM dispararon a mansalva contra el pueblo. Ellos, a todas luces, dieron la orden de "fuego".

Mientras se dilucida el caso Vivas-Forero en la Embajada de El Salvador (recordemos que fue el ex presidente salvadoreño Francisco Flores, ahora candidato a la secretaría general de la OEA, uno de los primeros mandatarios en reconocer al golpista Pedro Carmona), el Ministerio Público venezolano continuó tomando medidas, ahora con la imputación a los hermanos Otoniel y Rolando Guevara, por la comisión de los presuntos delitos de homicidio calificado y agavillamiento, relacionados con el asesinato de Anderson.

La solicitud fue hecha ante el Tribunal 34 de Control del Circuito Judicial Penal del Área Metropolitana de Caracas, a cargo del juez Maikel Moreno, coordinador de los Tribunales de Control para los expedientes relacionados con el terrorismo. Una medida que ha destapado la campaña de algunos medios de comunicación, de los tradicionalmente manipulados por la extrema derecha, que comienzan a desacreditar la actuación de los cuerpos de seguridad en el esclarecimiento del criminal atentado.

Lo que no dice ninguno de esos medios, es que los hermanos Guevara estaban en libertad solo por obra y gracia de la "suerte", o lo que muchos califican como la "ineficiencia del sistema judicial, minado por los vicios de la IV República". Uno de ellos, Otoniel Guevara, según las propias declaraciones de Vladimiro Montesinos Torres, el ex hombre fuerte de Fujimori, recibió un millón de dólares por haberlo custodiado en Venezuela, durante su refugio clandestino en este país, dinero con el que compró la Galería Mágnum, donde el abogado Antonio López, implicado en el asesinato de Anderson, adquiría sus armas.

Montesinos está tras las rejas, pero los hermanos Guevara, implicados en el delito de proteger a un prófugo de la justicia peruana, continuaron sus actividades contrarrevolucionarias, hasta aparecer involucrados en los trágicos sucesos de la Plaza Altamira. Poco después, se vincularon al experto en armas Isaac Pérez Recao, el terrorista que financió con 2 millones de dólares la compra de explosivos (C-4, por cierto) colocados en las sedes diplomáticas de España y Colombia en febrero del 2003.

Los hermanos Guevara, esos que algunos medios tratan de santificar en estas horas, están vinculados hasta los tuétanos con los sectores más extremistas de la llamada oposición: Rolando, ex comisario jefe de la Delegación de la Policía Técnica Judicial en el estado de Zulia, se encargó, junto a Iván Simonovis (el ex jefe de seguridad de Alfredo Peña que intentó escapar a Miami la semana pasada), de la reestructuración policial de la región. Su hermano Otoniel, miren que joyita, se desempeñó como secretario general de la DISIP y fue jefe de seguridad de la campaña de Carlos Andrés Pérez, quien ahora desde su refugio llama desesperado al magnicidio del presidente Chávez.

 

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