| Confidencias de un guerrero
VENTURA DE JESÚS
UN DÍA NOS encontramos con un
campamento de gitanos, muy común entonces en España, y me dice un
amigo: Mira, hay una gitana que lee el porvenir en la mano. Yo no
creo en eso, le comenté. Pero él insistió y finalmente accedí.
Ella me observó, miró los grados,
tomó mi mano, y aseguró: Teniente, usted va a tener una larga
vida.
El Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque congratula a Lípiz durante la Conferencia Nacional de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana, octubre de 1998.
Luego advirtió que afrontaría
muchos problemas cuando me ascendieran a capitán. Por eso nunca
quise alcanzar otro grado militar. Y no es que sea
supersticioso...pero bueno, yo apenas rebasaba los 17 años de edad
y ya voy por 86.
LA EPOPEYA DE MI VIDA
Yo debí morir hace mucho tiempo. En
mis sueños todavía escucho el ruido de los aviones, que vi pasar
muy bajos y la caída de las bombas. El recuerdo de los campos de
concentración y el olor de los fermentos humanos continúan
asediándome.
De mi infancia no olvido el día en
que Julio Antonio Mella, quien nos visitaba a menudo en Matanzas, me
llevó cargado como un jinete sobre sus hombros, desde la casa hasta
el Teatro Sauto.
En mi familia casi todos fueron
combatientes. Raúl Roa dijo que Lípiz no era un apellido sino una
institución revolucionaria. Mis padres vinieron a Cuba por motivos
políticos, y algunos años después toda la familia fue expulsada
por el tirano Machado acusada de anarquista y comunista.
Llegamos a Barcelona (España)
perseguidos por un expediente macabro: terroristas, anarquistas,
comunistas, ¡el demonio! Pronto me vinculé a las actividades
revolucionarias. En 1936 me entregaron el carné de militante de las
Juventudes Libertarias. Se da la orden de movilización popular y a
¡combatir!
Se calcula que a España llegaron
unos 40 000 combatientes internacionalistas. El pueblo cubano estuvo
representado casi con 1 000 combatientes.
La resistencia de los revolucionarios
a los brutales asaltos fascistas fue increíble. Los republicanos,
los brigadistas internacionales, la población civil, todos nos
defendimos hasta con las uñas.
LA PEOR DESGRACIA
Creo que la ayuda militar de los
fascistas alemanes e italianos a Franco fue un factor muy importante
de nuestra derrota, además del bloqueo a que nos sometieron las
potencias occidentales. Hubo también disidencia y mella de la
autoridad en el Gobierno Republicano. Me esperaba lo peor de todo.
Otros dos que se hacían pasar por
cubanos y yo cruzamos la frontera a través de los Pirineos para
buscar protección en Francia. Sin embargo, allí nos golpearon y
enviaron al primer campo de concentración, Argelés-sur-Mer, en la
costa del Mediterráneo.
Luego nos llevaron a Le Barcarés,
después a Bernet de Ariege, y más tarde a Gurs. Nos trataban como
a animales. Era tremendo el hacinamiento. Con el propósito de
humillarnos tiraban papas hervidas para vernos correr tras ellas.
Para entonces ya había comenzado la
expansión hitleriana. Logramos fugarnos y nos ofrecimos a los
ingleses para combatir como voluntarios en aquellos Batallones de
Marcha. Allí estuvimos hasta 1941.
Caímos en manos de la Gestapo y nos
enviaron en vagones de ganado para el campo de concentración de
Saint Cyprien, y de allí a Dachau. En aquel horrible lugar
estuvimos hasta comienzos de 1942, casi un año. Era un campo de
exterminio, el más siniestro de los nazis, una factoría para matar
gente.
De allí también escapamos y tuvimos
después que atravesar media Alemania para llegar a Francia, en
plena guerra y bajo los rigores del invierno.
Caminábamos de noche y dormíamos de
día. Así pasamos tres o cuatro semanas huyendo, atravesando casi
todo el Sur de Alemania. Luego de muchas peripecias logramos llegar
a España y gracias a la gestión de mi madre nos concedieron la
repatriación. Era casi 1943.
EL MUNDO FUTURO SERÁ DE LOS QUE
LUCHAN
De regreso a Cuba fui luchador
clandestino contra la dictadura de Batista, y al triunfo de la
Revolución participé en sucesos trascendentales de aquellos
primeros años. Combatí en Girón y estuve en la Limpia del
Escambray.
Aunque algo lejos ya de mi juventud,
continúo aportando mi granito de arena a lo que me es posible.
Soy de los que piensan que el futuro
del mundo favorecerá a los revolucionarios, a los que luchan. Esa
es mi fe, pues de lo contrario negaría todo por lo que peleé.
Por eso cuento esto, para advertir
del peligro a que nos someteríamos si en el mundo se logra
entronizar un régimen fascista.
En cuanto a mí, nada me quita los
deseos de vivir, ni siquiera el recuerdo del pasado. Estoy resuelto
a estar en este mundo todo el tiempo que me pronosticó aquella
bendita gitana.
Fuente consultada: Fuego en la
sangre, de Arcadio Ríos. Matanzas, Ediciones Matanzas, 2004. |