Otra gran deuda de América Latina y el mundo

Reflexiones de Sonia Eljach, representante de la UNICEF en Cuba acerca de la responsabilidad de los gobiernos para con sus niños

LOURDES PÉREZ NAVARRO

En tiempos en que el mundo apuesta por una vida longeva y en Cuba proliferan los clubes de los 120 años, aún está por definir dónde realmente termina la niñez y empieza la adolescencia, y si esta sobrepasa o no los 18 años. Lo que sí es seguro es que tanto las niñas y los niños como los adolescentes, tienen derechos que el resto de la humanidad y los estados están obligados a respetar y proteger.

Estos fueron recogidos en la Convención sobre los Derechos del Niño, documento jurídico adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas el 20 de noviembre de 1989, y rápidamente aceptado por la comunidad internacional. Solo Estados Unidos y Somalia no lo han ratificado.

Se trata del primer texto internacional que recoge todos los derechos, tanto civiles y políticos como los económicos, sociales y culturales, reafirmando su universalidad, interdependencia e indivisibilidad. Su aceptación por parte de los estados subraya el reconocimiento de la dignidad de infantes y adolescentes, y la importancia de garantizarles superviviencia, protección, desarrollo y participación.

Pese a que los pequeños son seres humanos, reflexiona Sonia Eljach, representante en Cuba del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), durante siglos se han desconocido sus capacidades. La discriminación era tan fuerte, la problemática que los afecta tan alta y la falta de prioridad en las políticas gubernamentales tan evidente, que se imponía la creación de un documento que subrayara que los niños, niñas y adolescentes tienen derechos.

Cuando se aprobó la Convención, comenta, ya existían países que reconocían, respetaban y garantizaban los derechos de los menores. Por ejemplo, en Cuba desde antes estaban asegurados el acceso a la Salud y a la Educación como principios básicos. La supervivencia de los niños, que no mueran por enfermedades prevenibles, y el acceso a una enseñanza de calidad, eran —y son— metas priorizadas por el Gobierno cubano.

Sin embargo, estas son aún grandes deudas de América Latina y de los países en vías de desarrollo en general con sus niños, niñas y adolescentes, asegura la representante, a la vez que cuestiona: ¿Cómo es posible que en el mundo haya 11 millones de infantes menores de cinco años que mueren anualmente por causas prevenibles, y otros 200 millones, en vez de estudiar, trabajan para buscar su sustento y el de sus familias? Para evitar esto tiene que existir la voluntad política de priorizar esfuerzos y recursos a favor de los pequeños y adolescentes.

Tampoco pueden ampararse en la pobreza y la deuda, agrega la funcionaria de UNICEF, la participación de menores de 18 años en conflictos armados, niños que trabajan, sin escuela ni techo, que mendigan o son objeto de maltrato y comercio sexual. Esto no tiene justificación.

"En el tema la responsabilidad de los gobiernos va de la mano con los compromisos de los ciudadanos, pues igualmente se incumplen los derechos en el ámbito familiar, de lo cual no escapan los países desarrollados.

"Que cambien las formas de relacionarse adultos y niños es asunto de conciencia, se tiende a repetir los castigos corporales y la violencia psicológica contra los menores. Penosamente hay países donde las legislaciones aún los admiten.

"Promover los derechos de infantes y adolescentes no significa que se les permita todo. La clave está en el diálogo, respetar los diferentes puntos de vista, y más que escuchar, prestar atención a lo que dicen, pasar del golpe y el maltrato físico o de palabra, a la conversación."

Cuba, asegura Sonia Eljach, a pesar de las limitaciones económicas impuestas por el bloqueo, en su labor con niños y niñas resulta un ejemplo digno de seguir. Las condiciones para asegurar la educación, la salud y el desarrollo armónico de la personalidad, desde que comienza a gestarse la vida hasta que se logra la plena madurez, están garantizados en los programas del Gobierno que le han permitido obtener indicadores reconocidos en todo el mundo.

Además, desde hace tres años la UNICEF en coordinación con el Ministerio de Justicia lleva adelante un proyecto de promoción y divulgación de los derechos de la infancia y la adolescencia, que cuenta con centros de referencia en todas las provincias.

Mientras, agrega, la manera de relacionarse con la adolescencia es más difícil, es un desafío global. En esta etapa se dan saltos en niveles físicos, psicológicos y emocionales muy fuertes que requieren del apoyo de las familias e instituciones, y en este sentido tenemos aún mucho trabajo por hacer.

Por eso, concluye, el llamado más importante en esta fecha es a redoblar los esfuerzos, tanto de los ciudadanos como de los estados del mundo.

3, 6 ó 1.— Es una obligación moral cumplir la letra de la Convención, afirma Sonia Eljach.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Deportes | Cultura |
| Cartas | Comentarios | Ciencia y Tecnología | Lapizcopio| Especiales |

SubirSubir