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Sucu sucu en tierra de vikingos
Texto
y foto: Diego Rodríguez Molina
NUEVA
GERONA.— Muy impresionados de cómo gusta y se baila el sucu sucu
en el mismo centro de la fría tierra de los vikingos, llegaron de
Noruega los integrantes del joven septeto Clásicos Pineros, que por
primera vez incursiona por esa región del Norte de Europa.
Al compás de ese tradicional ritmo,
una suerte de son primario cultivado con celo en la segunda ínsula
cubana, danzaron o se movieron alegres los habitantes de Stavanger,
capital de Rogaland, y otras ciudades de esa provincia, durante las
diez presentaciones de la agrupación que, además de interpretar
los otros géneros de la música cubana, desde guaracha y chachachá
hasta el son montuno, se ha empeñado en dar otras sonoridades a la
rítmica campesina, y modernizarla.
Allá también grabamos con la firma
disquera Aaron Records, bajo la producción de Gunnar Tonnesen,
comenta Camilo Amador Soto, intérprete, arreglista y actual
director de este grupo, creado hace dos años y cuyo formato es
único de su tipo en la cuna del sucu sucu. Lleva trompeta y dos
tumbadoras y ha cambiado la marímbula (caja resonante) por el bajo,
lo cual incorpora originales timbres que enriquecen la tradición.
De las 12 canciones en el referido
disco, diez pertenecen a la autoría de Camilo y seis son sucu
sucus, seleccionados entre los que tuvieron mayor aceptación
durante la gira de 20 días, que devino en nuevos compromisos para
conciertos y discos.
Alina Rives y el decimista José
Amador, también oriundos de la campiña pinera, son las voces
principales de un septeto que ha echado a volar la imaginación,
afianzado en raíces autóctonas. Múltiples presentaciones
continúan ofreciendo sus músicos, por otro lado, a compatriotas en
la Isla de la Juventud y a turistas extranjeros en Cayo Largo del
Sur.
Los integrantes de Clásicos Pineros —cada
vez con mayor reconocimiento internacional también en plazas como
España— son parte de esos nuevos creadores, de ellos no pocos
jóvenes, que prosiguen sumándose a esta expresión lírica local,
cuyo principal cultivador aquí es Ramón (Mongo) Rives, y que tiene
al tres o al laúd como base instrumental, acompañando a la
crónica cantada, muchas veces improvisada, sobre infinidad de
costumbres y dichos.
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